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Alicia estaba sentada en la rama de un árbol
jugueteando con su mascota, un simpático
gatito blanco. Debajo de la rama, su hermana
mayor leía en voz alta cómo Cristóbal Colón
había abierto los ojos de Europa a la
realidad de un nuevo continente.
La voz de la hermana sonaba monótona,
autoritaria y aburrida, lo que alejaba a
Alicia de la lección de historia, hasta tal
punto que ya no prestaba atención y estaba
centrada en los juegos con su gato. A la
primera risa, la reprimenda no se hizo
esperar.
-....la Niña, la Pinta y la Santamaría, y
después de una navegación de más de dos
meses por mares desconocidos, en la gloriosa
mañana del 12 de octubre, descubrió en nuevo
mundo, Cristóbal Colón. Ese acontecimiento
conmovió profundamente a Europa, dando a
Colón la gloria....... ¡Alicia!
-¿Sí? Estoy oyendo
-Bien pues prosigamos... dando a Colón la
gloria de su inmortal hazaña que fue
premiada por la corona de España. Los Reyes
Católicos.........
Mientras, Alicia, que jugaba con su gato en
la rama del árbol, comenzó a reírse.
-Alicia, ¿quieres prestar atención a tu
clase de historia?
-Ay, qué aburrido. ¿Cómo voy a poner
atención si ese libro no tiene dibujos?
-¿Dibujos?, pero qué ocurrencia. Los mejores
libros que hay en este mundo no tienen
dibujos.
-En este mundo puede ser, pero en el mío sí.
En mi mundo los libros estarían llenos de
dibujos.
-¿Tú mundo? ¡Qué tontería! Sigamos.
-¿Tontería? Si yo hiciera mi mundo todo
sería un disparate porque todo sería lo que
no es y, entonces, al revés, lo que es, no
sería.
Así comienza el genial Walt Disney la
recreación cinematográfica del relato de
Lewis Carrol, Alicia en el país de las
maravillas.
He querido traer hasta aquí este entrañable
diálogo para poner encima de la mesa cómo
las visiones del mundo que cada uno tenga,
conforman su modo de comunicar e influyen en
la relación con los demás, con el entorno y
consigo mismo.
La hermana podría representar la disciplina,
el deber, y Alicia la fantasía, la
disposición para el juego propia de la edad.
¿No hay manera de reconciliar y poner en
común ambos mundos? Claro que sí. El hecho
de que las dos posturas sean distintas nos
quiere decir que no puedan ser coincidentes
en un punto.
¿Cuál es el objetivo? Que Alicia aprenda
historia, ¿no? Pues entonces, ¿por qué no
adecuarnos a ella y a su sistema de
necesidades, intereses y expectativas?
Alicia necesita tener sus ratos de
esparcimiento, ve la realidad con los ojos
de una niña de corta edad y únicamente le
interesan su gato y los juegos, y espera
pasarlo bien, es decir, no aburrirse. ¿Por
qué no explicar, entonces, la lección con
barquitos de juguete y recrear el
descubrimiento de América con juegos y
escenificaciones? ¿Hay algún impedimento
para acercarse a su modo de concebir el
universo?
Permítame un consejo: no crea que por el
hecho de compartir espacio físico, todas las
personas que le rodean piensan igual que
usted. Si tiene a su cargo colaboradores
moléstese en saber cómo piensan, qué
necesitan, qué esperan. Lo que usted
percibe, es precisamente eso, lo que usted
percibe. ¿Dónde quedan las visiones de los
demás? Haga el esfuerzo de encontrar un
territorio común y no se atrinchere en su
propia postura, que suele dar lugar a
dualidades simplistas que reducen el
terreno, remarcan las diferencias, alejan y
arruinan el entendimiento.
Esté alerta, no olvide que las percepciones
están ligadas al uso y a la interpretación
del lenguaje, de lo que se deduce que
debemos prestar una especial atención a la
comunicación porque de su éxito dependerá el
tono de nuestras relaciones con los demás.
Helena López-Casares Pertusa
Editora de la colección Acción Empresarial
de LID
Formadora
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