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Por:
Lic. Cristina de la Vega.
La interacción con otras personas permite prestar atención, a una
problemática conceptualizada de diversas maneras: mal carácter,
irritabilidad permanente, inhabilidad social, etc. Y trae consigo: bajo
rendimiento laboral, vulnerabilidad al conflicto; afectando a los
equipos de trabajo, y fundamentalmente la salud de quien posee estas
características y por ende su entorno familiar, que en definitiva,
genera para la organización un problema que va más allá de la
productividad de la persona o el rendimiento del equipo, ya que modifica
sustancialmente el clima laboral en relación a la posición que esta
ocupe.
En la actualidad, una gran parte de las empresas y PYMES han comprendido
que el éxito en la gestión, está directamente relacionado con la
resolución efectiva de los problemas humanos, no solamente porque reduce
de modo notable los costes por juicios laborales, y de salud; sino
porque al disminuir los conflictos entre personas, las relaciones se
tornan dinámicas, eficientes y mucho más exitosas a nivel de trabajo en
equipo y de concreción de objetivos.
El mayor desafío que enfrenta una empresa de tipo familiar, es abordar
los problemas inherentes a la actividad de modo eficiente, sin dañar la
relación que no es sólo laboral sino también familiar. Gestionar,
delegar, liderar es tal vez el punto crítico en una empresa familiar.
Como se resuelven las situaciones enojosas?, como hacer para no llevar
al terreno de lo familiar los problemas laborales? Cuando el enojo se
reprime o se manifiesta de modo inadecuado, la solución al problema que
dio origen, suele estar más lejos de ser alcanzada y si este enojo no
puede ser expresado se traslada hacia quienes están próximos a la
persona (clientes, otros colaboradores, etc.)
Compartir la mayor parte de nuestro tiempo activo con una persona
irascible, o con dificultades para expresar adecuadamente su enojo,
influye de modo notable, en el incremento del estrés de la persona y
también de quienes perviven el mal carácter de jefe o colaborador.
Provoca una reacción en cadena: quebrando el ciclo de la motivación,
genera irritabilidad, descontento, decae el interés y se pierde el
compromiso con la empresa. En lo interno la persona sufre un aumento
considerable en adicciones (cigarrillo, café, bebidas alcohólicas),
trayendo consigo mas consultas al médico.;
Las emociones no son ni buenas ni malas, podemos caracterizar como
emociones productivas o emociones improductivas, en realidad, su función
es remitirnos al problema. Cuando las emociones son problemáticas, como
la ira o el enojo, con frecuencia generan daño hacia la persona misma y
hacia los demás (clientes, colaboradores, familia, entre otros), pero no
siempre la ira deviene en un acto de violencia, el objetivo de esa
emoción, entendido como un proceso, es quitar el obstáculo que nos
provoca frustración y que, en ese deseo se halla implícitamente y sin
esperarlo, una respuesta inadecuada de esa emoción.
La expresión del enojo o de ira se manifiesta: como una explosión (hacia
fuera de la persona) o como una implosión (hacia dentro, el típico caso
de la persona que no reacciona ante situaciones externas, comúnmente
decimos: “se traga la bronca”), ambas son igualmente peligrosas ya que
estas emociones se retroalimentan.
¿En que momento una persona comienza a experimentar emociones
improductivas? En la mayoría de los casos, no siempre se suele recordar
cuando comenzó a levantarse con malhumor, o cuando empezó a sentir
fastidio recurrente. La aparición de las emociones improductivas, suele
estar directamente relacionado, entre otras cosas, con la dificultad de
adaptación al medio, al abordaje de nuevas responsabilidades, de
posiciones de alta competitividad, por la inseguridad o el miedo a la
pérdida laboral; en otros casos está directamente relacionado con la
sensación de frustración por objetivos que no pueden ser alcanzados, por
otra parte, los altos niveles de endeudamiento es uno de los factores
principales de frustración y enojo.
El menor tiempo que dure un estado emocional improductivo, nos permitirá
una mejor calidad de vida, una forma eficiente de relacionarnos con
nuestro entorno y disminuiremos considerablemente nuestra predisposición
a las enfermedades. Las emociones destructivas forman parte de nuestra
respuesta a los desafíos del medio, el entrenamiento para disminuir sus
efectos será la diferencia el éxito y el fracaso en nuestra vida
familiar y laboral.
* Lic. Cristina de la Vega – Coach en Gestión del
Enojo, Directora de los cursos sobre: Desarrollo de las Habilidades
Emocionales, Actitud positiva frente al conflicto relacional –
Alfabetización emocional para Acuarell Capacitación y Formación
Profesional – curso@acyf.com.ar www.acyf.com.ar -
www.onlinecursos.com.ar
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