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Como un animal mitológico, el chisme crece
añadiendo partes a su monstruosa y grotesca
anatomía, capaz de destruir reputaciones
personales, la buena imagen de instituciones
y credibilidad de empresas. Esta reprochable
actividad se ve con mayor intensidad
alrededor de campañas electorales, bien sea
para elegir a un candidato o votar sobre un
referéndum. Y aunque no lo crean, existen
“chismosos” profesionales que su única
función es la creación y propagación de
dimes y diretes con el propósito de
secuestrar nuestras conversaciones
cotidianas; y así se pondrá en duda la
integridad de políticos o los proponentes de
tal o cual nueva ley.
En nuestros días, a menos de dos semanas de
las elecciones presidenciales en Estados
Unidos, esta actividad se ha intensificado,
sobre todo desde el lado republicano que ha
cada oportunidad le sacan “los trapos
sucios” al candidato demócrata Barack Obama.
Pero hay que tener mucho cuidado con lanzar
esta clase de ataques, porque en vez de ser
una lanza penetrante, en realidad son un
bumeran que tiene la capacidad de devolverse
tres veces más poderoso al lanzador.
Precisamente esto sucede en la campaña
electoral norteamericana. Los ataques contra
Obama rebotan en el electorado quienes están
más preocupados acerca de la pésima
situación económica del país, algo que
perciben en piel propia y que de paso acusan
a los republicanos por esta debacle.
Aunque sea increíble para muchos, es cierto
que existen "chismosos profesionales" que
reciben un oneroso sueldo para que inventen
chismes o chismes camuf1ajeados de chistes
políticos que cuestionan la vida personal,
integridad moral o tendencia sexual del
candidato, cuya meta es manipular nuestras
convicciones y creencias que al final
produzcan el resultado pronosticado: la
emisión de votos deseada.
Y es que el chisme, aunque se considere un
fenómeno exclusivo de conversaciones
intrascendentes entre personas sin oficio,
es en realidad un elemento importantísimo
dentro del proceso comunicacional, estudiado
hasta la saciedad en las escuelas de
periodismo y otras ciencias sociales en la
cátedra de Sociología de la Comunicación.
Muy pocos en este mundo pueden proclamar que
nunca han caído ante la tentación de repetir
un "buen chisme", principalmente hoy cuando
ciertos medios de comunicación
irresponsables que no cumplen con la máxima
periodística de corroborar las
informaciones, se prestan como conducto para
hacerse eco del mismo.
La Universidad de Hamburgo, Alemania,
realizó un amplio estudio sobre este
fenómeno y define al chisme como "noticia o
información verdadera o falsa, relativo a un
tercero, que se da para desacreditarlo o
enemistarlo con otro".
El hecho de chismear -agrega el estudio-
casi no requiere ningún contexto especial:
chisme hay y hubo en cualquier tiempo,
lugar, clase social, tanto entre hombres
como mujeres. Chisme es el diálogo de dos o
más personas sobre una tercera conocida de
ambos (o todos) que no puede intervenir en
el discurso.
Es aquí que negamos al factor más importante
del teorema chismológico: la ausencia de la
víctima que le permita defenderse y la
libertad que encuentran los interlocutores
para "despellejar" a la persona ausente.
En la medida que se siga repitiendo la
noticia, la misma adquiere ribetes de
fábula.
Como en un rompecabezas, cada quien le
agrega elementos propios, ya que la
imaginación suple las piezas perdidas, y la
repetición, el boca a boca, convierte esas
invenciones en hechos inapelables.
Tal como afirmaba el nefasto Ministro de
Propaganda Nazi, ]oseph Goebbels: "una
mentira adecuadamente repetida por mil voces
se convierte en una verdad".
Pero la pregunta es: ¿dónde radica la
atracción del chisme, que en algún momento
nos tienta a romper el octavo mandamiento de
las tablas de la Ley: No darás falso
testimonio contra tu prójimo?
La respuesta es simple: el factor espejo,
que permite comparar nuestras virtudes con
el personaje motivo de la conversación, y
que apela a las emociones y no al
raciocinio. Hablar sobre los "pecadillos" de
una persona ausente confiere un sentido de
superioridad al locutor, ya que existe un
mensaje subliminal de "yo soy mejor que
él/ella porque soy incapaz de hacer eso".
En el plano psíquico, el chisme apela a un
factor emocional muy parecido al proceso del
miedo, ya que nuestros sentidos se agudizan;
la adrenalina se dispara, el corazón se
acelera, aumenta la circulación sanguínea y
llega más oxígeno a nuestro cerebro.
Mientras que el proceso de alerta que
produce el miedo es necesario a fin de
defendernos o huir ante el peligro; el
chisme produce una necesidad imperiosa de
compartir o transmitir esa información tan
espectacular.
Los psicólogos dicen que los chismes son
parte de nuestra búsqueda innata de un
significado. “Son hipótesis descontroladas”,
explica Ralph Rosnow, ex profesor de la
psicología en la Universidad Temple en
Estados Unidos. Es por ello nuestra urgencia
“descontrolada” de decirle a otro: “te voy a
contar algo en secreto que no debes
repetir”. Aunque muchos pongan en duda lo
dicho al principio -que existen empresas
dedicadas a la creación y propagación de
chismes-, las mismas surgieron como agencias
especializadas una vez finalizada la Segunda
Guerra Mundial, cuando se pudo cuantificar
concretamente el poder del rumor entre las
tropas, minando su moral y disposición al
combate.
El método de una de estas agencias de
Publicidad y Relaciones Públicas, con sede
en Estados Unidos, consistía en enviar al
tren subterráneo docenas de empleados por
parejas, los cuales se ponían a charlar de
manera que los demás pasajeros pudieran
enterarse de todo. Así se transmitían los
mensajes políticos o comerciales que
interesaban en ese momento. Es la técnica
denominada “filtración organizada” que
consiste en anunciar un acontecimiento que
contenga dos de los elementos esenciales en
la creación de un rumor: la importancia y la
ambigüedad. (valga decir que esta práctica
es censurada por el Código de Ética de la
mayoría de asociaciones de relacionistas
públicos del mundo).
De esta manera llegan hasta nosotros
informaciones desvirtuadas sobre una persona
o entidad empresarial, como fue el caso de
Procter & Gamble y la supuesta
representación diabólica del número "666" en
su logo corporativo.
Así como existen métodos para la propagación
de chismes, hay también la contraparte para
detenerlos al momento e impedir que sigan
como un tornado en su trayectoria
destructiva de personalidad o imagen
corporativa. La regla principal es simple:
responder adecuadamente a la mayor brevedad
posible,
Recientemente un médico me increpó que
"ustedes los periodistas son unos chismosos,
buscando siempre lastimar instituciones
serias".
El malestar del galeno se debía a que un
periódico de amplia circulación informó
sobre un incidente en el que una señora se
vio forzada a realizar sus necesidades
fisiológicas en el suelo del baño de damas
de un reconocido hospital del área
metropolitana, ya que los sanitarios estaban
tapados supuestamente por "falta de
mantenimiento".
El médico explicó luego que la
administración del hospital gastaba una gran
cantidad de dinero en este baño en
particular, ya que la gente tiraba al
inodoro cuanto objeto imaginable, tapando el
desagüe.
Al preguntarle si el departamento de
Relaciones Públicas del hospital contactó al
periódico para corroborar la información, el
médico me respondió “no tenemos departamento
de Relaciones Públicas”.
Posteriormente me enteré que el diario
intentó contactar a la administración del
hospital para corroborar la información,
pero decidieron no emitir declaración
alguna.
Allan J. Kimmel, profesor de marketing en la
Escuela de Negocios ESCP en París, Francia,
autor de varios libros sobre control de
rumores, responsabiliza a las instituciones
que no hacen nada para contrarrestar los
chismes.
"Para detener los rumores y los chismes, los
altos directivos de una empresa tienen que
hablar y ser honestos", dice Kimmel. "Si no
cumplen sus promesas o se comunican de la de
forma inefectiva la culpa es de ellos
mismos".
Quizás la reflexión final sobre el chisme
pudiera centrarse en la actitud de quienes
escuchamos esas habladurías. Actitud que se
muestra pasiva, falta de criterio, como si
la sociedad en su conjunto estuviera cegada
por la luminosidad de la información que nos
llega desde todos los rincones. Dejamos a un
lado el análisis necesario para llegar a la
verdadera cuestión, quizás más aburrida,
anodina como la vida cotidiana en la que nos
desenvolvemos.
Hector Hereter.
hhereter@yahoo.com.
Amplia experiencia en el campo de las
Relaciones Públicas, particularmente en la
coordinación de eventos especiales,
relaciones con la comunidad, contacto con
los medios de comunicación, creación de
proyectos de promoción para prensa, radio y
televisión; manejo de crisis institucionales
y capacitación en medios (Media Training).
Entre los proyectos realizados se distinguen
la creación de estrategias comunicacionales
a nivel internacional. Dictó cursos para
empresas como American Airlines, Anheuser-Busch
(cerveza Budweisser), American Express, MCI
y personalidades políticas como el senador
republicano del Congreso Norteamericano
Lincoln Díaz Baralt y el actual alcalde del
Condado de Dade, Alex Penelas. Condujo Media
Trainings para empresas petroleras con
operaciones en América Latina tales como
Triton (Colombia, Ecuador y Guatemala) y
Mobil (Perú y Venezuela).
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