Introducción
Dos conceptos fundamentales como el de
imagen de empresa y el de experiencia se
presentan relevantes para los expertos de
marketing en estos tiempos.
Estos dos
conceptos se trabajan por separado. Sin
embargo no pueden considerarse como
terminales de red, sino que entre ambos
establecen vinculaciones donde se producen
múltiples sentidos. La imagen que proyecta
la empresa y la experiencia que busca el
cliente se entrelazan produciendo nuevos
sentidos.
Propongo a
través de esta ponencia analizar las
vinculaciones simbólicas que se dan entre
ambos y que ayudarán a disminuir los riesgos
percibidos por el cliente a la hora de
contratar un servicio.
Una de las
principales causas de pérdidas en las ventas
de los servicios se dan por la desconfianza
que tienen los clientes respecto de la
promesa por la que abonan anticipadamente.
La empresa, por lo general, ofrece un
servicio con determinado nivel de calidad,
pero qué sucede con el cliente que termina
comprando su boleto o se abona a la
competencia cuando ambos ofrecimientos son
similares o iguales.
¿Cuál fue la
experiencia que traía el cliente antes de la
consulta y en qué se transformó después de
la información que le brindaron en la
empresa?.
Un cruce entre
la imagen de empresa y la experiencia que
buscaba realizar el cliente se construyen en
el intercambio de información entre
prestador y usuario. Ese instante único y
lamentablemente irrepetible entre la oferta
y la demanda muchas veces se asoció a las
técnicas de venta y en particular al cierre
de la negociación.
Imagen y
experiencia
La imagen de la empresa es al decir de Joan
Costa la representación mental, en el
imaginario colectivo, de un conjunto de
atributos y valores que funcionan como un
estereotipo y determinan la conducta y
opiniones de esta colectividad.
Esta imagen
que los públicos se forman de la empresa es
una construcción que surge de acciones que
se emprenden desde el interior de la
organización y que la comunidad percibe más
allá de las intencionalidades manifiestas
que la originaron.
Cuando digo
las acciones me refiero a las imágenes y
mensajes que la empresa deliberadamente
proyecta a sus públicos con el afán de
construir el eikon (la imagen visual).
Sin embargo
los públicos, a la par perciben otras
señales, algunas planificadas, otras
espontáneas, refinadas, vulgares, sinceras y
ficticias que muestran el hacer cotidiano y
ponen al desnudo a la organización. Estas
señales conforman el imago, la
representación mental, la imagen que
proyecta la empresa misma sobre sus
públicos.
Es
importante hacer la salvedad que las
empresas se exponen a públicos en general, a
la comunidad de su influencia sin que esto
signifique que quienes la observan adquieran
o deseen sus servicios, tal vez lo
desconozcan, tal vez no afloró la necesidad,
o usan otras marcas, o otros servicios
sustitutos.
Estas
imágenes de empresa no son únicas, ni
nuevas, no caen en una mente vacía ni en
públicos repantigados y ansiosos por
recibirlas. Recaen sobre personas propias de
estas sociedades: complejas, dispersas,
fractales, críticas, confusas,
comprometidas, agotadas, (pueden seguir
ustedes definiendo al hombre de estos
tiempos).
Es decir, la
imagen de empresa no depende sólo de aquello
que la organización quiere mostrar sino
también de "lo otro" que el público quiere
captar, apropiarse, interpretar,
transformar. Sobre estas interpretaciones
influyen razones ideológicas, raciales,
culturales, históricas, etc.
La
planificación minuciosa de las actividades
estratégicas y funcionales de la empresa
(relacionadas al marketing tradicional)
sumadas a la comunicación interna (el
marketing interactivo o relacional) hacen
que el cliente se apropie de una sumatoria
de atributos que constituyen la imagen de
empresa, esa representación mental de la que
habla Costa.
En marketing se habla hoy de la búsqueda de
experiencias por parte del consumidor. Las
experiencias son las sensaciones integrales
que se esperan como satisfactores de las
necesidades. El deseo entendido como la
manifestación concreta de la necesidad se
presenta ahora más sinérgico, alejado de la
simple solución del problema, y plagado de
sentidos, más complejo y profundo, propio de
la adrenalina con que vivimos y de la
velocidad con que devoramos la vida. La
satisfacción se encuentra en probar,
ensayar, explorar, vivir, experimentar. De
ahí la necesidad de encontrar
representaciones, reminiscencias, imágenes
táctiles capaces de satisfacer integralmente
las carencias.
El cliente
tiene una esbozo mental de la experiencia
deseada, una idea inconclusa que precisa
definir con información. La película mental
que prueba como un talle de la necesidad que
tiene que satisfacer.
Para
graficarlo debemos pensar que en la
representación previa a la búsqueda de
información hay elementos que no deben
faltar, otros que quisiéramos encontrar,
otros que no importan demasiado y otros que
podemos negociar: el cliente dice Brasil
pero imagina el color del arena, la
temperatura de la brisa, el agua ideal, las
frutas en su punto justo de maduración o la
noche sin límites, la aventura, el
bronceado, el comentario de los amigos...
Entre ese
mundo simbólico (de lujuria, pasión, calma,
prestigio, reconocimiento, etc) que se forma
en las personas y el mundo funcional de la
información sobre el nombre del hotel, las
comidas y lo incluido en la tarifa hay una
distancia muy grande.
Ustedes
podrán decir que no todos los públicos son
iguales, es cierto, pero cada "target", en
la medida de sus posibilidades construye su
imagen de empresa y su idea de experiencia:
más ricas, más pobres, más exigentes, menos
tolerantes, más laxas, pero vínculo al fin
entre la empresa y los públicos.
El puente
entre la imagen y la experiencia es el que
debemos aprender a trazar. Si en la empresa
se planifican estratégicamente e
interactivamente estos vínculos simbólicos
logramos que disminuyan el riesgo percibido
sobre el servicio, la disonancia
cognoscitiva, o la distancia innegociable
entre oferta y demanda, principal fuente de
pérdidas de ventas para el sector servicios.
Las
ganancias provienen de la percepción del
cliente
Todo cliente que ingresa a una empresa sabe
que tiene el poder en su mirada. Es un
estratega perfecto que escuchará silencioso
y en muchos casos no opondrá elementos a la
oferta que se le haga. Parece cautivado por
la información, seducido por la propuesta,
embelesado por la pulcritud de su
interlocutor, pero tal vez se retire sin
firmar el contrato. Simplemente dudó: no le
gustó la respuesta telefónica que le daban a
un cliente que se quejaba por... no pudo
escuchar bien, pero fue suficiente.
La mirada
devastadora del cliente recorrerá los
cuadros, los afiches, el orden, la limpieza,
los gestos, los movimientos, las personas
que entran y salen de la oficina de
personal, las demoras, las respuestas
imprecisas, los cuchicheos internos, las
charlas telefónicas entre la recepcionista y
su amiga, el trato que reciben otros
clientes, la falta de paciencia con aquellos
que ya preguntaron varias veces lo mismo,
los comentarios de la vendedora a la cajera
sobre la discusión matinal con el jefe, los
reclamos que se filtraron por casualidad de
un proveedor respecto de un cheque para...,
las intimidaciones del chofer que no abrirá
la puerta del colectivo si no le reconocen
los gastos del día adicional del viaje a...
Pequeños
detalles no considerados pueden ser
percibidos por el cliente e incidir en la
decisión final y hacer fracasar el negocio.
La cultura
organizacional pone en evidencia el accionar
cotidiano, manifiestan el modo de hacer de
una empresa. En las rutinas de trabajo se
filtra la confianza y se muestran los
desgastes de las relaciones, el trabajo
atrasado, la presión por lograr ventas y la
falta de planificación de las actividades y
estos son puntos neurálgicos que pueden
ahuyentar a los poderosos y desconfiados
clientes.
Las
dimensiones del cliente
Las expectativas del cliente (valor medido
desde la perspectiva del cliente)
Cómo saber
qué espera el cliente. Cómo interpretar y
conquistar ese deseo tantas veces informe
que plantean los clientes. Qué ideas trae,
cuál es el nivel de satisfacción que espera,
cómo relaciona precio y calidad, calidad y
servicio, servicio y promesa.
Cómo queda
armado ese paquete satisfactor que se lleva
en la mente. Una buena atención, cantidad de
información, precio, financiación,
estrellas, marcas, estilos... Se está
llevando lo que buscaba. ¿cómo saberlo?
Un
equilibrio difícil de lograr, un hilo muy
débil que se corta en un instante... La
habilidad de descubrir los sentidos ocultos
en el discurso breve del cliente es una
competencia que vale la pena desarrollar en
el personal de contacto, porque las empresas
de servicios obtienen sus ganancias sobre la
demanda efectiva.
Reconocer
las características de los clientes, los
gustos, el conocimiento que traen, la
cantidad de información que buscan (el nivel
de saturación informativa), la sensibilidad
que tienen permite saber cuáles son sus
expectativas.
El personal
de contacto que sabe reconocer y trabajar
sobre estas cualidades simbólicas debe
construirse en la empresa, cuidarse,
añejarse, no dejarlo reposar. Un buen
relacionista, un vendedor, un coordinador,
deben capacitarse en la empresa, son la cara
visible de la organización y la organización
misma para el cliente. Los recursos humanos
son el principal capital de los servicios
La
construcción de la experiencia (incluye un
plus que justifique su inversión)
Pocas veces
el cliente construye una imagen acabada de
la experiencia que espera. Siempre deja
espacio para sorprenderse, y encontrar que
puede satisfacer su necesidad por encima de
sus exigencias. Este es el sentido de la
gratificación.
Quiere más
de lo esperado, un plus. Espera sentir que
la empresa pensó en él, que su pago es
altamente recompensado.
El cliente
modela su idea de experiencia con la
información que le brinda la empresa. Y la
compara con lo que pudo vivenciar después de
recibido el servicio.
¿Qué
significa esto? Que si la información que le
dieron sobre el servicio está
sobredimensionada para captar al cliente, la
experiencia será negativa. Si en cambio la
información se acerca al nivel simbólico que
pretende el cliente, cualquier plus en ese
sentido será valorado.
Debemos
recordar que el cliente le da al servicio un
sentido de utilidad como satisfactor de la
necesidad y que de acuerdo con sus
características personales, culturales,
económicas y sociales habrá aspectos a los
que les atribuya mayor o menor valor.
Los aspectos
no valorados por el cliente son puntos en
contra sobre la oferta y no serán evaluados
en la decisión de compra. Un turista
dispuesto a pagar por una experiencia
gastronómica o recreativa -por ejemplo-,
probablemente no valore los aspectos
culturales del encuentro (visitas a museos,
monumentos históricos, guías especializados,
etc.). En tal sentido valorará -de acuerdo a
sus experiencias anteriores y su capacidad
interpretativa- la calidad de lo recibido y
vivenciado sobre la experiencia que buscaba.
El papel
de la comunicación interna
Las empresas están emplazadas en una
estructura vertical -en la mayoría de los
casos- y horizontal en otros. A través de
directivas o por consenso la organización
toma decisiones para su funcionamiento de.
En estos lineamientos de acción se ubica la
comunicación interna (integrada a la
planificación general), es la estructura
general sobre la que se dinamiza el accionar
de la empresa. Tiene un sentido constructivo
y proyectivo hacia el exterior (los
clientes).
La
comunicación interna tiene como objetivo
conferir a las decisiones: significación,
información, valores, difusión y destino
preciso. Toda decisión debe conllevar una
comunicación rectora que le de fuerza de
acción, que la adapte a su destinatario, que
convoque y organice los soportes técnicos
necesarios como también la acción que
genera. Por si misma, una acción, un
emprendimiento, una decisión o un cambio no
puede difundirse, auto explicarse, darse a
conocer.
Articular
la comunicación en los tres niveles
empresarios
Las comunicaciones integradas -internas y
externas- a la planificación general de las
empresas no actúan de manera independiente,
desde afuera de la organización sino que
conviven en ella en un sentido constructivo
y proyectivo. Parten de una estructura
estratégica que es la planificación general
y se extienden en red alcanzando a todos los
miembros de la organización.
Las decisiones de orden estratégico que se
toman en la alta gerencia dan el marco
general de actuación a la organización a
mediano y largo plazo, son los objetivos y
las estrategias. Es decir, la alternativa
seleccionada para alcanzar las metas.
De estas
decisiones se nutre la gerencia intermedia
que tiene una función bisagra, ya que su
cometido se centra en traducir los mandatos
estratégicos en instrucciones concretas para
el nivel operativo. Esta línea media de la
empresa debe dosificar las tareas operativas
a punto tal que no generen incertidumbre en
el personal. Estos dos niveles que definen
los objetivos de la organización están
atravesados por la comunicación. En el modo
de comunicar las decisiones y de definir las
funciones operativas hay instancias
comunicativas. En estos modos de comunicar
surgen los compromisos, las
responsabilidades, los conflictos, los
malentendidos; en estos niveles de
interacción es donde se resuelven las
funciones, los puestos, las tareas y todo lo
relacionado con el hacer concreto por lo
tanto en virtud de cómo se resuelvan estas
situaciones dependerán cuáles serán los
resultados.
En las
empresas de servicios, cuando la
departamentalización es inexistente, las
funciones tienen límites difusos, las
responsabilidades no están asumidas, los
empleados no tienen la capacitación adecuada
al puesto resultan bajos los niveles de
rendimiento y esto repercute sobre los
logros alcanzados.
Este alcance
de la comunicación es el sentido más
profundo que debemos comprender porque tanto
los individuos como los espacios adquieren
su sentido. Por decirlo de un modo gráfico
constituyen su personalidad y explican su
accionar y su destino.
Al
integrarse estratégicamente a la
planificación de la organización construyen
y proyectan las acciones de un modo
manifiesto y con un objetivo preciso.
La
planificación de la comunicación, la clara
transmisión de los sentidos que tienen las
acciones, las tareas, los informes, los
objetivos, los tiempos y las relaciones
vinculares prevén un modo, determinan lo
posible y fijan los límites de cada puesto,
de cada departamento, de cada espacio
interno y externo, en una palabra es una
comunicación que expresa manifiestamente a
la organización.
No por ello
es verticalista y funcional. Sino que sus
nodos de red se multiplican desde cada
individuo, en cada espacio y en cada
intersticio desde donde se nutre y
fortifica. Estamos designando un sentido
articulador, dinamizador de las prácticas
productivas de la organización, que permite
a los recursos humanos hacer desde la
individualidad pero aportando a un todo que
tiene una visión estratégica de la acción.
Este modo de
entender a la comunicación integrada a la
planificación de la acción antepone los
intereses organizacionales a los
individuales con una clara intencionalidad
dinamizadora del hacer. Cuando en esta puja
de intereses se dan los encontronazos deben
analizarse los desvíos volviendo a
interpretar la planificación que le dio
origen y buscar las soluciones en función de
los caminos que se traza la organización.
El objetivo
es permitir el buen funcionamiento de la
organización a través del desarrollo de
estrategias que se integran a la
planificación y logran el deslizamiento
horizontal y vertical de los sentidos
implícitos en la toma de decisiones, en la
asignación y delimitación de funciones, en
los tiempos y modos de producción, en la
capacitación y gestión de los recursos
humanos. Esto se traduce en una estructura
que sostiene la imagen y la cultura
corporativas. Y con esta base construida es
cómo la organización se proyecta hacia el
exterior.
¿Cómo
montar la comunicación sobre la
planificación general?
El plan estratégico de la empresa, con
objetivos a largo plazo, se traduce en
planes funcionales de nivel ejecutivo de
mediano plazo y estos a su vez generan
planes operativos de bajo nivel de
incertidumbre y destinado a definir las
acciones correspondientes al corto plazo. La
comunicación está integrada a todos los
niveles aunque su parte visible se limite al
trabajo de marketing, destinado a organizar
los procesos en contacto directo con el
consumidor.
Marketing es
el área que define las acciones de la
empresa para alcanzar la satisfacción del
cliente a través del servicio y su precio y
que elabora el diseño promocional necesario
para persuadirlo.
Por otro
lado los recursos humanos son estructura de
las empresas de servicio. Un personal
capacitado es un grupo humano consustanciado
con los objetivos de la empresa, que cumple
sus funciones en tiempo y forma con el
resto, que no busca estrellatos o falsos
vedettismos, sino que comparte su labor y
aporta a la tarea de los otros, que no
esconde información o emprende acciones
personales que lo aíslen.
Hacia el
interior de la organización la comunicación
facilita la tarea de los distintos
departamentos que la componen. Saber cuál es
la información útil a transmitir de un área
a otra asegura a la empresa tomar decisiones
a tiempo. Un buen empleado que no sabe
procesar la información que genera para la
toma de decisiones no sabe trabajar en
equipo y retarda la dinámica de la
organización.
El personal
también debe estar preparado para atender al
público, a los proveedores de la empresa,
está en condiciones de responder a cualquier
pregunta y tiene fundamentos para sostener
una venta hasta cerrarla, puede desempeñarse
en varios puesto de la empresa sin que el
sentido de la multifunción lo degrade.
La
comunicación interna es un objetivo que se
logra cuando existen herramientas en la
organización que nos permiten resolver los
conflictos en función de la planificación
rectora. Los comunicadores podemos actuar en
estas situaciones articulando acuerdos que
permitan un funcionamiento armónico.
También, el
nivel de capacitación alcanzado por los
recursos humanos garantizan la efectividad
de la comunicación externa. Porque la
comunicación interna es la que sostiene a la
externa, torna ágil y eficiente todos los
departamentos y áreas que conforman una
organización, y establece las funciones de
cada miembro y las optimiza. Por eso, la
capacitación del personal sobre los aspectos
comunicativos comunes de la empresa con sus
públicos y de las distintas áreas entre si
dinamizan el funcionamiento de las
organizaciones.
¿Por qué
construir una imagen de empresa? (qué es la
imagen, identidad y cultura)
Dice Joan Costa:
Estratégicamente y operativamente, la
imagen ilumina el estilo y la conducta de
la empresa; el sentido de las decisiones
que toma y realiza; su modo propio de
concebir productos y/o servicios y de
innovar; su personalidad exclusiva y su
manera distintiva de comunicar, de
conectar con los públicos y de
relacionarse con ellos. La imagen posee
unas condiciones excepcionales que
atraviesan toda la dinámica de la empresa
hasta el largo plazo1.
De esta
definición se desprende que la imagen
corporativa es de tal visibilidad que al
construirse permite mostrar un modo de hacer
que fue planificado, organizado, pensado y
que pretende proyectarse. La empresa debe
exponer sus atributos, debe descubrir sus
errores y potenciar sus aciertos. Esto que
puede resultar tan obvio, no siempre se da.
Muchas empresas ponen al desnudo sus
contradicciones sin siquiera reparar en
ellos. Una sistema de fidelización por
acumulación de puntos a través de los
consumos que ofrece un banco de primer nivel
no respondió a reclamos de un cliente desde
hace 4 meses y por errores que vienen
dándose desde hace 2 años. Tiran por la
borda todo el proyecto sin darse cuenta.
Ofrecen fidelización y demuestran un
absoluto desinterés por el cliente.
Este es un
claro ejemplo de las contradicciones que
pueden descubrirse sobre un plan de
marketing que no tiene apoyo de la imagen
corporativa.
Cuando se
agotan las instancias de soluciones que
puede ofrecer un empleado dado el grado de
responsabilidades por las que responde su
puesto de trabajo y no accedemos a hablar
con el supervisor del área, la empresa está
mostrando sus propias contradicciones
respecto del lugar que ocupa el cliente para
la empresa.
También
cuando no se atiende un supervisor o un jefe
no resuelve un reclamo está deliberadamente
anteponiendo un interés particular sobre un
interés organizacional.
Estos
aspectos dan cuenta del cuidadoso marco en
el cual se desarrolla la imagen de una
empresa.
¿Qué ven
los clientes?
Lo bueno y lo malo. Lo que quieren. Lo que
valoran. Lo que desprecian. El error, el
acierto, la inseguridad. Todo. Y lo
descubren todo y nos ponen en evidencia los
aciertos y los desaciertos.
Por eso la
comunicación de retorno que proviene del
cliente tiene que ser considerada. Un grave
error de muchas empresas en el pasado era
exhibir un garrote como libro de quejas. El
cliente tiene la mirada que nosotros no
tenemos y en conjunto con las opiniones que
aporta debemos reprogramar los servicios.
Es imposible
imaginar que una empresa que trabaja en
contacto permanente con el cliente no tenga
en cuenta sus sugerencias.
Los clientes
ven aquello que la empresa no mira o piensan
las cosas que no pensó el gerente o el
empleado. Las líneas en contacto con el
público deben estar preparadas para
interpretar al cliente y devolver la
información que provoque desvíos en la
organización. Para ello los recursos humanos
deben sentirse consustanciados con los
objetivos y sentir que desde su puesto de
trabajo ayudan al bienestar de todos. Deben
lograrse esos compromisos con respuestas que
también sean valoradas por el empleado.
En función
de ello la empresa debería considerar los
siguientes puntos:
- Recibir
la información adecuada que represente una
idea precisa del servicio que recibirá. Al
respecto hemos detallado más arriba.
- La
resolución de los problemas. Existen
empresas que tienen como estrategia perder
frente al reclamo de sus clientes. Los
clientes saben reconocer esos triunfos y
son leales a las empresas que los
consideran. Un cliente conforme trae
nuevos clientes y cliente disconforme los
espanta.
- Hablar
con la persona indicada: el personal de
contacto debe conocer los límites dentro
de los cuales puede resolver los problemas
y derivarlos a un superior cuando sus
posibilidades de toma de decisión se
agoten. Es común no dar con la persona
indicada para atender un problema y
deambular por las oficinas contando la
historia y mostrando papeles o circular
por el teléfono con la molesta música de
espera.
- Disminuir
la sensación de riesgo: más de una
situación en el área de servicio genera
desconfianza y duda en el cliente. La
empresa puede tener buena intención y
explicar que la modalidad se repite hace
años, sin embargo el cliente sentirá que
algo puede suceder... la sensación de
riesgo debilita la decisión de compra y
hace necesario reforzar las instancias de
argumentación y cierre del negocio en las
ventas. El riesgo percibido se debe a las
características intrínsecas del servicio,
a que el cliente en muchos casos paga, o
se compromete a pagar antes de
experimentar el servicio.
- El
compromiso de los proveedores sobre los
servicios tercerizados Este punto aún no
desarrollado se refiere al nivel de
compromiso que deben asumir las empresas
prestadoras de los otros servicios del
servicio. Los proveedores de servicios son
una misma empresa. El cliente no debe
aceptar menor calidad justificada porque
es un servicio tercerizado. En el caso
concreto del turismo, donde las empresas
confluyen sobre determinados servicios
tercerizados (guías turísticos de lugares,
bares y hoteles, transporte, etc.) que
también son compartidos por varias
empresas. El cliente no tiene la
obligación de justificar un mal servicio
sólo porque reconoce que no es la empresa
que contrató. Es la empresa la que está
obligada por la calidad del servicio que
presta y en casos así, el cliente debe
recibir una compensación.
- Un
servicio globalizado. Los clientes
internacionales esperan encontrar la
autencidad de aquello que quieren conocer,
pero lo internacional en los servicios
contratados: los hoteles que reciben
turistas extranjeros deben considerar la
mirada internacional con que se evalúa el
servicio. La cultura (costumbres, modos,
tradiciones) del lugar no puede estar por
encima del sentido internacional que
espera el cliente, a sólo que ésta sea
comunicado como el atractivo y la
característica diferencial. En tal sentido
se espera cierta homogeneidad en los
servicios ya que la experiencia se
centrará en lo diverso y desconocido.
-
Disponibilidad: este elemento es
fundamental para la tranquilidad y
distensión del cliente. La prestación del
servicio debe prever la cantidad de
elementos necesarios para que todos no
desesperen por lograr el suyo (reposeras,
butacas de un concierto, medios de
transporte, cantidad de comidas, etc.). A
los ojos del usuario la disponibilidad es
un elemento valorado y considerado como
importante.
Aportes
del marketing tradicional
Los servicios suelen mostrar escasas
diferencias. Se los denomina
indiferenciados, y esto se debe a que los
costos fijos se tornan muy elevados para
mantener el ritmo de innovación que
requieren. La innovación constante, dentro
del marketing tradicional está considerada
como la estrategia básica para lograr la
productividad. En general se decide
contratar personal capacitado (con estudios
universitarios) para ocupar puestos de
contacto y garantizar un servicio óptimo.
Dado que los
resultados económicos no permiten ofrecer al
cliente grandes variaciones respecto de la
competencia, las diferencias deben lograrse
por el servicio de atención al cliente, en
cuanto a los recursos humanos, que por estos
tiempos son materia prima desvarolizada en
el mercado.
La buena
atención considerada en los detalles,
programada y planificada a cargo de personal
capacitado permite instalar el servicio en
la mente del cliente. Un logro ansiado por
las empresas. El posicionamiento es la
proyección de los elementos característicos
y diferenciadores de la empresa dirigidos al
cliente con la intención de permanecer como
huellas en su memoria.
La
construcción de la imagen corporativa tiene
que vehicularse a través de estrategias
diferenciadoras que tengan valor para el
cliente, que resulten comunicables y que se
asocien fácilmente a la marca o al nombre de
la empresa
Cuando la
estrategia de diferenciación se centra en el
cliente -cualquiera sea la característica
bajo la cual se manifieste: cordialidad,
amistad, solidaridad, hospitalidad, etc-
todos los recursos deben enfocarse hacia ese
objetivo. Por lo tanto los recursos deben
estar comprometidos con el objetivo desde
una visión global e integral, nunca
individual. Nada en la organización debe
dejarse a la buena voluntad o a la
consideración de cada empleado. Los
contactos deben ser uniformes y homogéneos,
con un modo de atención que se repite en
cada persona sin dejar entrever las
características de la personalidad y la
individualidad.
Lo
importante en un banco, un hotel o un
restaurante es que el cliente frecuente no
deba priorizar a un empleado sobre otro sino
que sienta igualdad en el trato de todos.
La
planificación de estos elementos
mencionados: imagen corporativa,
posicionamiento de las diferencias
competitivas y capacitación en la
uniformidad de prestación de servicios de
los recursos humanos son un mix en el área
servicio que debe estructurarse en base a la
expectativas del cliente.
No es
posible olvidar estas consideraciones en las
empresas ya que los servicios se prestan por
demanda concreta.
No existe un
envase, ni un almacenamiento. No hay
posibilidad de excusas por parte de la
empresa, el servicio se produce al mismo
tiempo con se usa y en conjunto con el
cliente. Cada prestador es la imagen de la
empresa en su totalidad y en consecuencia si
sus tareas fueran mal realizadas, el cliente
puede pensar que la empresa se lo permite y
no que es un modo particular de hacer un
trabajo.
Estas notas
tienen el sentido de presentar a los
servicios en función de sus cuatro
características más salientes: son
intangibles, perecederos, variables,
inseparables. Respecto de la variabilidad,
los servicios son siempre distintos ya que
en su producción intervienen los empleados y
los clientes.
Al mismo
tiempo que los clientes y los prestadores
dan lugar al servicio, hay otros clientes
que observan esta situación. Los otros
clientes, también para tener en cuenta.
Cierre
Las notas expuestas hasta el momento
muestran una postura crítica respecto de la
relevancia que se da a la promoción y la
publicidad como garantes de la venta. El
cliente atraído hasta la empresa, reconocerá
la cultura y la identidad de la empresa, su
imagen antes de decidir su compra.
Sólo en
aquello casos en los cuales se construya una
experiencia mental por encima de las
expectativas del cliente será posible la
venta. Después queda el compromiso de
concretar la experiencia.
Notas:
1 Joan Costa: Imagen
corporativa en el siglo XXI. La Crujía
ediciones, Buenos Aires, marzo 2001.
Marisa Lilián Guisasola
Docente titular de la cátedra de
publicidad y propaganda de la
Escuela de
Comunicación Social,
Argentina. |