|
Por
Mikel Orrantia Diez & Orkatz Orrantia Albizu
*
Lo importante es crear un entorno en el que
cada cual pueda maximizar su contribución al
quehacer común",
dice al respecto una profesora
estadounidense especializada en estos temas.
"El éxito en la industria y en los negocios,
según
Ralph Kilmann,
no viene determinado únicamente por las
capacidades de un ejecutivo, ni por las
características visibles (estrategia,
estructura y sistema de remuneración de la
organización), sino, más bien, la propia
organización tiene una calidad invisible
(un cierto estilo, un carácter, una manera
de hacer las cosas, una cultura) que
puede ser más poderosa que los dictados de
cualquier persona o sistema formal.
Según podíamos leer en un artículo sobre la
cultura corporativa, publicado por el diario
madrileño "CINCO DÍAS" el 7/12/87, en el que
señalaba que
"las compañías
de este país deben remover las barreras del
pasado" asumir conflictos para cambiar la
empresa.
Según Kilmann, para comprender el
alma de la organización es necesario que nos
sumerjamos por debajo de los organigramas,
reglamentos, máquinas y edificios hasta
llegar al mundo subterráneo en el que se
configuran y manifiestan las culturas
corporativas
El concepto de cultura corporativa
viene a ser definido por este autor y
conferenciante sobre diseño organizacional,
estrategia y cultura, conflicto y cambio
organizativo, etc., como la filosofía,
ideología, valores, creencias,
supuestos-claves, expectativas, actitudes y
normas que ligan y ensamblan a una comunidad;
dicho de otra forma: la cultura es
para Kilmann la energía social
que dinamiza -o deja de hacerlo- a la
organización.
"Lo que resulta clave para el cambio
cultural -dice este profesor de
Administración de Empresas- es que los altos
ejecutivos de la empresa sepan qué cultura
tienen en la organización que dirigen, la
hayan identificado y estén dispuestos a
cambiarla. Para poder desarrollar ese
cambio necesario para la permanencia de la
competitividad de la empresa y su
proyección futura, deben comprender que
lo que ha hecho que se organizara esa
empresa en el pasado ya no es lo que va a
hacer que triunfe en el futuro".
Considera este autor que para poder
luchar en un entorno competitivo, deberán
ser erradicados una serie de vicios,
entre los que destaca:
primero, pensar que la
organización va a cambiar con unos
individuos fijos, hagan lo que hagan de por
vida;
segundo, suponer que la
creatividad y el riesgo no son necesarios;
tercero, defender la
inexistencia de cualquier tipo de
conflictos, el miedo tradicional al
conflicto;
cuarto, mantener reinos de
taifas en la empresa, sin que se dé una
visión corporativa de ella...
El alto ejecutivo tendrá que comprender que
en el mundo competitivo actual estos
cuatro aspectos, como cultura de
trabajo, gestión y comportamiento, ya no
se sostienen. Son inviables.
Después de cumplirse este primer paso,
Kilmann señala como segundo el de
"conseguir un nivel de participación muy
alto dentro de la empresa, a base de
discusiones en las que no han de estar
presentes los altos ejecutivos". Destaca la
importancia de ser muy receptivos al
cambio, para actuar así de una manera
más eficaz y perder el miedo al conflicto
posible.
A partir de aquí, señala el autor, se
trata de saber cuál será el nuevo
comportamiento de la empresa, es decir,
su nueva cultura, destacando la
diferencia entre lo que era la vieja cultura
y lo que se deberá hacer, con la
participación de cada grupo en la discusión
sobre el esfuerzo a realizar cuando se
cumplan los nuevos comportamientos y haya
que dejar atrás los viejos.
El último paso, será reconocer el apoyo
de los ejecutivos de la empresa al cambio
cultural y discutir la escala de sanciones e
incentivos acordes con esta nueva cultura de
empresa.
Hay que tener presente que el caso vasco
y español no se diferencia del resto de los
países del mundo según las conclusiones
de Kilmann, ya que la fórmula
del éxito se puede resumir para
todo el mundo competitivo en un
aprovechamiento del enorme potencial que
subyace a la propia empresa, para lo
que las compañías españolas deberán
"remover las barreras del pasado".
La era de la reestructuración empresarial ha
finalizado dando paso al comienzo de la era
del control y el estímulo estratégico
corporativo,
a cuyo reto se tendrán que enfrentar los
directivos, percatándose de que compiten
también en un nuevo mercado.
En esta línea van dirigidas las palabras de
Ennius Bergsma, cuando afirma que
"si alguien, en algún lugar, considera que
el negocio que dirigimos vale más en sus
manos que en las nuestras, podemos estar
perdiendo el control de la empresa".
6.- LA IMAGEN DE MARCA:
CREDIBILIDAD.
ACEPTACIÓN. GARANTÍA. COMPETITIVIDAD.
Es incorrecto creer que la realidad de la
empresa es una cosa y su imagen otra,
ya que ambas constituyen dos partes de
una misma realidad.
La imagen es una de las mejores seguridades
para las marcas y las empresas, hasta el
punto que la decisión de compra siempre se
inclina a favor de aquel que posee una mejor
imagen.
Las empresas deben encontrar los elementos
básicos propios que le permitan proyectar
sobre el mercado la imagen de identificación
sobre la cual basar su diferenciación
respecto de las restantes.
Las imágenes de marca constituyen excelentes
activos de las empresas,
por lo que será interesante potenciar este
aspecto. Las empresas, productos y
actividades o servicios que están
triunfando, vienen amparadas por la
credibilidad e imagen de la marca
corporativa, por el paraguas corporativo,
que demuestra cada vez más su importancia y
su necesidad.
Con la imagen corporativa, la empresa
pretende incidir en los mercados al tiempo
que logra integrar más su organización y la
funcionalidad de la misma,
convirtiéndose así la imagen en testimonio
de coherencia de la estrategia trazada y en
referente diferencial de lo que están
haciendo otros.
Para construir la "imagen" de una empresa
o institución, es necesario poner en
marcha y articular estratégicamente un
proceso que permita reducir la aleatoriedad
y ejercer un control eficaz sobre la
imagen pública corporativa, concebida y
gestionada como una emanación directa,
específica e inequívoca de la cultura de la
organización, de la calidad de sus
productos y servicios y de la importancia de
la misma como ente colectivo dentro de la
sociedad.
La imagen pública corporativa supone un
posicionamiento
de la empresa o institución en la
sociedad en la cual está inmersa y ante el
público al cual se dirige,
posicionamiento vital éste para su
desarrollo.
La imagen concierne a todos los miembros de
la organización,
contribuyendo cada uno de ellos, individual
o colectivamente, a la formación de la misma
en el subconsciente del público externo. Por
tanto, la imagen pública corporativa no
está en la empresa o institución que la
genera, sino en la opinión pública, en
la cual se va configurando por medio de
una serie de estímulos que la empresa
transmite de forma consciente o
inconsciente. Es necesario tener en
cuenta a públicos mucho más amplios que los
consumidores, tales como las distintas
asociaciones, las agrupaciones de vecinos,
los accionistas o las propias cámaras
legislativas, los partidos y sindicatos, las
instituciones financieras, etc...
Además, la conducta y el comportamiento
profesional del personal, va a influir
decisivamente en la formación de una u otra
imagen. Unos recursos humanos bien
integrados y motivados son el mejor
mecanismo para la construcción de la imagen.
La imagen
no es algo que se adquiere y se conserva,
sino algo que requiere ser construido y
gestionado permanentemente.
Para los autores consultados en la
realización de este trabajo, los factores
determinantes de la rentabilidad de la
empresa son, hoy en día, la calidad,
la creatividad y un mejor aprovechamiento y
consideración del aspecto humano, tanto
interno como externo a la empresa.
Las empresas "excelentes" se caracterizan
principalmente, según una investigación
llevada a cabo por Thomas J. Peters y
Robert H. Waterman, en Norteamérica,
por la fidelidad a determinados
valores claves en la Organización,
una verdadera pasión por todo cuanto hace a
la atención al cliente, el cultivo obsesivo
de estímulos y medios orientados a la
innovación y el respeto a las personas,
profundamente sentido y defendido, sin
perjuicio de la fidelidad y la garantía de
mantenimiento de aquellos valores.
7.- CONSIDERACIONES FINALES.
En este contexto, parece haber llegado el
momento preciso de pararse a reflexionar
antes de que seamos engullidos por la
dinámica propia de la espiral comunicacional
/ información que acaba persiguiendo en
exclusiva el objetivo de alimentarse a si
misma, y a las expectativas y demandas de
información ajenas y sobretodo de los media.
Una consideración fundamental a tener en
cuenta en este campo profesional de la
imagen de empresa o proyecto, a beneficio de
los objetivos de nuestros clientes, es que
la comunicación y la información de
imagen funcionan como esas potentes
locomotoras que arrastran trenes
pesados, largos y cargados de mercancías:
conviene saber de donde sale y a donde va, y
que mercancía lleva y para quien, y quien
puede estar interesado eventualmente en que
esta no llegue a la estación termino.
Es preciso saber que con esas locomotoras y
trenes tanto como con la comunicación de
imagen de una empresa no se puede parar en
seco, girar en ángulo o quebrar su dirección
en un punto cualquiera a voluntad del
conductor, arrancar de repente “al máximo de
velocidad en ocho segundos” ni llegar a la
estación término sin recorrer el trayecto
que condicionan las vías y pasar por las
estaciones intermedias, adaptándose al
tráfico y a los condicionamientos
ferroviarios correspondientes.
La comunicación es un magnífico capital de
imagen y de notoriedad que se acumula,
en forma de grado de aceptación y de
credibilidad por los propios públicos
objetivo en tiempos de bonanza y se gasta
en tiempos de crisis para consolidar,
recuperar o conquistar nuevas posiciones.
Tiene un alto valor como útil de
competitividad en las instituciones, las
empresas y personas, y en la sociedad y los
mercados.
Es una herramienta de trabajo que requiere
dedicación estratégica de la más alta
dirección de la empresa o institución que la
usa,
sentido de la proporción (hay que hacer con
ella lo que es apropiado al tamaño de la
empresa e institución, a sus objetivos,
problemas y capacidades: ni más ni menos) y
compromiso dinámico con sus efectos buenos y
malos (que los tiene), para potenciar los
unos y corregir los otros.
Como en la música, en la comunicación son
tan importantes los silencios y sus tiempos
como los sonidos y los suyos, y si tenemos
en cuenta el segundo principio de la
termodinámica, la ley de la entropía en las
transmisiones e intercambios de las
informaciones, es fundamental tanto lo que
nosotros decimos (lo que se emite) como lo
que reciben los receptores, e incluso lo que
están dispuestos o capacitados a comprender
de lo que decimos, dado su grado de
conocimiento y disposiciones previas.
Una vez puesta en marcha la política de
comunicación/información pública, sus
mecanismos generan por si mismos nuevas
demandas de información, en muchas ocasiones
previamente inexistentes, que deben ser
estrictamente controlados en base a
objetivos y programas propios.
Demandas por parte de los públicos objetivo
concernidos o afectados y, más aún, por
parte de los periodistas y prescriptores
diversos con los que vamos a colaborar para,
a través de sus Media y/o medios de
comunicación, hacer llegar nuestros mensajes
direccionales a los públicos objetivo
deseados en la forma más correcta y
adecuada.
Unas demandas de información que deben ser
siempre controladas y atendidas
adecuadamente, con el debido respeto por los
interlocutores y las técnicas de
comunicación, de relaciones públicas e
información periodística (u otras), de
marketing y publicidad apropiadas. Y con la
pertinente claridad de exposición interna,
propia, de objetivos, tiempos y métodos.
"La
orientación práctica del trabajo profesional
en éste campo de la comunicación corporativa
de imagen, básicamente debe dirigirse a
obtener resultados positivos en la
confrontación con la problemática y
objetivos de la empresa, institución o
persona que plantea la acción y estrategia
comunicativa. De una forma eficiente y sin
florituras, los expertos en comunicación
deben a actuar siempre para lograr que lo
que hay que comunicar e informar, los ejes
informativos asignados a los contenidos de
los mensajes, lleguen a los públicos
objetivo precisados e impacten en ellos como
se desea, para alcanzar los objetivos
buscados sin causar contraindicaciones (o
causando las menores posibles y lo mejor
controladas (previstas) que sea factible);
Se trata de lograr que nuestros públicos
objetivo actúen de una determinada forma
prevista de antemano en función de los
intereses legitimos defendidos por la
estrategia y acción comunicativa.”
_____________________________
|