|
Por: Héctor Héreter
Muchas empresas
al llegar diciembre invierten grandes sumas
de dinero en organizar suntuosas fiestas
para sus allegados, pero otras se distinguen
por realizar un verdadero esfuerzo en el
mejoramiento de la comunidad durante todos
los 12 meses del año.
¡Otra vez!...de nuevo soy conductor
designado de último minuto.
“Vaya, la fiesta estuvo brutal” me dijo mi
amigo con una voz etílicamente pastosa
mientras su cabeza reposaba sobre la
ventanilla abierta en caso de cualquier
eventualidad. “La comida y bebida estaba
espectacular, pero ven acá, ¿cómo se llama
la empresa que estaba dando la fiesta?”
remató mi amigo.
Durante estos días dicembrinos donde las
agendas ejecutivas tienen más citas de
agasajos y festejos en las sección de “after
hours” que las horas laborales normales, nos
volvemos a cuestionar si estas fiestas
cumplen con un verdadero esfuerzo de
conectar a la empresa con sus públicos
inmediatos.
La revista británica “The Economist” señala
que en los años noventa, las empresas
argumentaban que las fiestas eran
esenciales. Elevaban la moral del personal,
al tiempo que ayudaban a reclutar a jóvenes
talentosos. Ahora, los escándalos de Tycos y
su fiesta greco-romana de dos millones de
dólares hacen dudar a cualquiera.
A este pensamiento de que las relaciones
públicas sirven sólo son para organizar
fiestas ha surgido como contrapartida los
esfuerzos genuinos y sinceros de varias
empresas líderes en el ámbito de
responsabilidad social, preocupadas por
indicativos papables de que la sociedad
necesita ayuda.
Milton Friedman debe ser uno de los pocos,
que se atreve a decir en voz alta que la
responsabilidad social empresarial le parece
"peligrosa, una noción seudo comunista",
como comentó en junio al Financial Times de
Londres.
Si bien el polémico "padre del
neoliberalismo", siempre fue partidario de
que las empresas mantuvieran sus narices
fuera de los asuntos sociales y se
concentraran en maximizar el retorno para
sus accionistas, hoy por hoy no cualquiera
se arriesgaría a cuestionar públicamente un
concepto tan en boga y es mención obligada
en los discursos de líderes económicos o
políticos.
Porque la responsabilidad social empresarial
- que comenzó a imponerse a fines de los '90
en medio de crecientes preocupaciones sobre
la globalización y la presión tanto de ONG
ambientalistas como de organizaciones de
consumidores- , apunta a lo contrario.
Responsabilidad Social Corporativa es la
última generación de una familia de términos
como filantropía, desarrollo sustentable,
ética empresarial y ciudadanía corporativa,
y que los engloba.
Claro que la opinión pública aún se
manifiesta escéptica ante la duda de si es
una moda, el último "bochinche" que idearon
las grandes corporaciones para lavar su
imagen.
Hasta hace medio siglo la Responsabilidad
Social Corporativa era un término totalmente
desconocido, y aquellos que la practicaban
eran llamados filántropos.
A fines del siglo XX, en una aldea global
donde de las 100 mayores economías, 51 eran
empresas, y sólo 21 países tenían un PIB más
alto que las seis principales corporaciones,
hubo un replantamiento de roles respecto de
quién se hace cargo de las problemáticas
sociales no resueltas.
Empujó este cambio una actitud cada días más
inquisidora de consumidores e inversionistas
-que demandan información sobre procesos,
insumos, prácticas laborales y ambientales-,
azusada por las tecnologías de la
información y los medios de masa.
El acto de consumir se transforma en acto
político, que redefine los atributos de
éxito empresarial, contribuyendo a dar una
fase más humana a los elementos que componen
el concepto de capitalismo global.
En todo el mundo las responsabilidad social
empresarial está siendo promovida por los
propios empresarios, quienes financian
fundaciones para difundirlas.
Aquí en Puerto Rico hemos visto como varias
empresas privadas han tomado la bandera de
esta inciativa con resultados benéficos
verdaderamente palpables.
“Inequivocamente, [las empresas] están
insertadas en la sociedad y por lo tanto no
pueden permanecer ajenas a ella. De una
forma u otra, la situación social impacta la
calidad y cantidad de sus negocios. En la
medida que existe calidad de vida
comunitaria, los negocios adquieren
fortaleza, tienen la capacidad de reclutar y
retener una mejor fueza trabajadora y poseen
potencial de crecimiento”, señala Ivelisse
Rivera Almodóvar, Directora de Relaciones
Públicas de Goya en su libro “Más Allá de un
Cóctel: la función social de las Relaciones
Públicas”.
El libro de Rivera Almodóvar resume tres
décadas de los esfuerzos realizados por
varias empresas e instituciones
puertorriqueñas en beneficio de su
comunidad. Entre otras se distinguen Banco
Popular de Puerto Rico, Banco Santader,
Toyota de Puerto Rico, Triple S y Goya.
Algunos pequeños y medianos empresarios
argumentan que no son los suficientemente
grandes como para realizar este tipo de
esfuerzos.
Pero existe una empresa puertorriqueña que
echa por tierra todos estos argumentos, no
sólo por el dinero que invierte, sino por el
entusiamo con que lo hace.
Bloques Carmelo, que junto con una gestión
ambiental preventiva, desarrolla
investigaciones en este ámbito que proveen
herramientas para la preservación de la
flora y fauna de los lugares donde opera,
construye y administra viveros con plantas
en peligro de extinsión, e invierte
anualmente más de 300,000 dólares de las
utilidades antes de impuestos en el apoyo de
iniciativas comunitarias en distintos
ámbitos, desde educación a donación de
materiales de construcción como es el caso
del Museo de los Santos Reyes en Juana Díaz.
“No somos una gran corporación, pero
consideramos que debemos devolverle algo a
la comunidad que pertenecemos”, dice la
licenciada Melba Figueroa, presidenta de
Carmelo, con brillo de entusiasmo en sus
ojos al tocar el tema que evidentemente le
apasiona.
“Hace 17 años, cuando no teníamos todos los
recursos financieros de ahora, nuestros
ejecutivos aportaban de su tiempo libre de
los sábados para adiestrar a personas fuera
de la empresa en la instalación de adoquines
y bloques. Incluso le ayudábamos a montar su
propia empresa”, dijo Figueroa.
¿Resultado? muchos de esos que participaron
en dichos cursos son hoy los clientes de
Carmelo quienes progresaron paralalemente a
la empresa y mejoraron las condiciones
económicas de 1,800 familias que dependen
indirectamente de la empresa. Para Figueroa
esta es la verdadera visión de relaciones
públicas: el poder ayudar al mayor número de
personas posible a través de un impacto
social positivo.
Tal como puntualiza Rivera Almodóvar en su
libro: “...queda demostrado que la función
de las relaciones públicas vá más allá de
proyectar la inversión social corporativa y
de posicionar marcas y organizaciones de
manera positiva. Definitivamente hay un
contenido social que aporta al beneficio
colectivo de manera decisiva. Las relaciones
públicas tienen una función social
pertinente y necesaria que rebasa la
celebración de un cóctel o un evento
multitudinario”.
¿Y entonces, que hacemos con la fiesta de
Navidad?, se preguntaran ahora muchos.
Bueno, esperemos que dentro de seis meses
los asistentes todavía recuerden al menos el
nombre de la empresa que la financió.
* Héctor Héreter es
periodista y consultor de Relaciones
Públicas.
Para comentarios lo puede contactar en:
hereter@hotmail.com
|
|