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1.- Administración local y comunicación global
“Las instituciones, los partidos, los sindicatos, las empresas, las
organizaciones sociales... comunican siempre, incluso cuando no
comunican absolutamente nada. Esta idea es fundamental y conviene no
perderla de vista. El silencio es cada vez menos rentable, sobre todo
cuando no se explican adecuadamente las razones de dicha actitud”
(Ramírez:1995, 48).
Tal y como lo enuncia Txema Ramírez en su libro Gabinetes de
Comunicación, las organizaciones, entendido este término de una manera
amplia, comunican siempre. Desde la persona que nos atiende en la
oficina de información de un ayuntamiento pequeño o el policía que nos
pide que pasemos el control de entrada en el ayuntamiento de una gran
ciudad, hasta el propio alcalde del municipio, todos en la
administración local comunican, y de ellos, de su actitud, dependerá en
buena medida la percepción que los ciudadanos tengan de la institución.
Sin embargo, a pesar de que esta afirmación pudiera parecernos lógica,
desde muchas instancias del poder local aún se piensa que la
responsabilidad sobre la gestión de la imagen de la organización recae
única y exclusivamente en las tareas del gabinete de comunicación.
La comunicación en una administración local, es, por tanto, un factor
estratégico clave en la formación de la imagen que sobre el ayuntamiento
tiene la ciudadanía, de ahí que deba entenderse desde un sentido global,
pues de nada sirve una buena batería de notas de prensa y comparencias
públicas diarias si no cuidamos la primera impresión que los ciudadanos
y ciudadanas se llevan al pisarlo.
Poco útil en cuanto a la formación de una “imagen positiva” en los
receptores (Villafañe:1999) sería una noticia sobre la restauración de
monumentos en el casco histórico de nuestra localidad si luego los
miembros del gobierno no reciben a los ciudadanos afectados por los
ruidos de dichas obras de restauración, por ejemplo.
Hablaríamos, entonces, de la comunicación como eje troncal de la gestión
en la administración pública, y como un elemento que se va logrando poco
a poco, implantando modelos de trabajo basados en el concepto de
servicio público.
En este sentido, tenemos que hablar de la voluntad política para que
este modelo de gestión integral de la imagen sea una realidad. Una
voluntad política que, sin embargo, en muchos casos sólo se preocupa de
la comunicación externa, obviando las nuevas tendencias teóricas que
conducen al principio de que todo, absolutamente todo lo que ocurre en
la organización, influye en el proceso de construcción de su imagen
pública, que para que sea en última instancia positiva necesita de un
trabajo de planificación y ejecución que no cristaliza en dos días.
Álvarez y Caballero, en Vendedores de Imagen. Los retos de los nuevos
gabinetes de comunicación (1997, 91), plantean que no se puede definir
como global una comunicación por el mero hecho de que se difunda en
todos los soportes, sino porque responde a una visión integrada de la
institución o empresa.
Pero, en muchos casos, sobre todo en pequeños ayuntamientos, la
comunicación se entiende exclusivamente desde su vertiente externa, y
los departamentos que la gestionan (aún llamados en muchos casos como
“gabinetes de prensa”), se encargan de mediar en las relaciones entre
las autoridades políticas y los medios de comunicación, sin aplicar una
visión de conjunto al fenómeno comunicativo, entendido éste como un
valor fundamental, como un factor estratégico para lograr el éxito en la
organización.
Sin embargo, aún no son muchos los responsables políticos, sobre todo en
la administración local, que se han percatado de la importancia de la
gestión integral de la comunicación para lograr sus objetivos, y se
empeñan en querer lanzar continuamente información institucional sin
entender ésta como sólo una parte de la tarea global de comunicación.
2.- El trabajo del gabinete de comunicación
Si bien en el apartado anterior hemos insistido en la importancia de
entender la comunicación desde un concepto global, cuya directriz emane
de la más alta instancia jerárquica de la organización, en muchas
ocasiones, el gabinete de comunicación, sobre todo en ayuntamientos
pequeños, se encargará básicamente, como tareas principales, de emitir
notas de prensa sobre actividades del gobierno municipal, convocar
ruedas de prensa para que las autoridades políticas comparezcan para
comentar asuntos puntuales de su gestión, intermediar entre los
políticos y los medios locales, etc. además de llenar de contenido la
página web municipal. Y ése será el grueso del trabajo de comunicación
en el ayuntamiento; por otra parte, duro trabajo en cuanto que el
profesional en muchas ocasiones tendrá que buscar la información,
convencer al político de su interés mediático, gestionarla ante los
medios, realizar la fotografía ilustrativa de la noticia...
Pero en el otro lado, en el de las autoridades municipales, a pesar de
que cada vez entienden más la importancia de la comunicación para ganar
elecciones, a veces se encuentra poco interés por aplicar políticas de
comunicación integrales (externa e interna), y podemos encontrar casos
de profesionales que desisten de seguir intentando convencer del valor
de la comunicación y se limitan a continuar con un trabajo de producción
de noticias.
Desde el punto de vista de la teoría, los gabinetes de comunicación se
definen como “las fuentes activas, organizadas y habitualmente estables
de información que cubren las necesidades comunicativas tanto internas
como externas de aquellas organizaciones y/o personas de relieve que
desean transmitir de sí mismas una imagen positiva a la sociedad
influyendo de esta forma en la opinión pública” (Ramírez: 1995, 27).
En la realidad, en la mayoría de los casos de ayuntamientos pequeños y
medios, el gabinete de comunicación se encarga de tareas de comunicación
externa, ya que la comunicación interna es la gran olvidada en la
gestión diaria de la organización.
No es un tópico decir de la comunicación interna es la base y soporte de
la comunicación externa. En el caso de los ayuntamientos, los
trabajadores son también electores, y no podemos olvidarnos de ese
potencial.
3.- La administración local ante los medios de comunicación
A pesar de todo lo expuesto, está claro que aunque sólo sea desde un
punto de vista externo y tocando el aspecto de la difusión de noticias,
la administración local se está dando cuenta de la importancia de emitir
información sobre su gestión.
Por tanto, aún entendiendo la comunicación desde un punto de vista
amplio, como un todo en el que interactúan diversas disciplinas, nos
vamos a referir en este apartado a las relaciones del ayuntamiento con
los medios de comunicación.
En este sentido, los medios de comunicación locales, principales
destinatarios de la información que emite el ayuntamiento, se convierten
en un potente aliado o enemigo a la hora de transmitir nuestra identidad
a través de ellos; obviamente, será nuestro mejor aliado cuando la
interpretación que realice del mensaje emitido se ajuste a la imagen
intencional de la institución que el gabinete de comunicación desea
obtener en el receptor y, en el caso contrario, hará un flaco favor a la
institución.
Esta disfuncionalidad en el proceso comunicativo ayuntamiento-medio de
comunicación local se achaca en la mayoría de los casos al “escaso rigor
informativo del medio”, a la “manipulación de la información en función
de la ideología” o a la “visión subjetiva del periodista”. Si bien es
cierto que en algunas ocasiones esto es cierto, ya que los medios de
comunicación locales tienen que ser entendidos también como actores de
la política local, hay muchas ocasiones en las que los responsables
municipales deben realizar un ejercicio de autocrítica y plantearse las
causas, que en muchas ocasiones suelen partir de ellos mismos, por no
llevar a cabo una política comunicativa adecuada, donde las relaciones
con los medios de comunicación juegan un papel fundamental.
Según Fernando Martín en su libro Comunicación Empresarial e
Institucional, es imprescindible mantener unas humanas, cordiales,
profesionales y permanentes relaciones con los periodistas que componen
todos y cada uno de los medios informativos con los que trata una
organización, para que así puedan transmitir a la ciudadanía los
mensajes que a ésta le interesa (Martín: 1998, 120).
Este mismo autor expone una serie de puntos en los que se debe basar la
relación entre la organización, en este caso el ayuntamiento, y los
medios de comunicación. Son los siguientes:
-Las relaciones deben ser humanas, cordiales, estrechas, ágiles,
transparentes, profesionales y eficaces.
-El departamento de comunicación debe estar disponible como portavoz de
la organización (pero debe tener detrás la predisposición de la
autoridad política cuando los medios lo requieran).
-La organización debe atender las necesidades informativas de los medios
a través de notas de prensa, ruedas de prensa, entrevistas, etc.
-La organización debe valorar adecuadamente la importancia de los medios
de comunicación como orientadores de la opinión pública.
-Debe conocer sus horas y días de cierre, facilitándoles su labor
informativa, y siendo consecuentes con la falta de tiempo en los medios
informativos.
Estas relaciones entre los ayuntamientos y los medios de comunicación se
formalizan, en muchos casos, a través de instrumentos de comunicación
externa, entre los que destacamos por su importancia y su frecuencia de
uso la nota de prensa y la rueda de prensa.
El primero de estos instrumentos, la nota de prensa, debe ser uno de los
elementos de enlace entre la administración y los medios de
comunicación, por el cual la institución a través de su gabinete de
comunicación informa a los medios de un hecho relevante acontecido en su
seno con objeto de ser publicado en los medios informativos.
Una de sus características esenciales es que su elaboración debe basarse
en las normas de la redacción periodística para resultar creíble al
profesional de los medios de comunicación (debe huir de los escritos
“doctrinales” de los no profesionales), utilizando un lenguaje claro y
conciso, y aparentando una forma objetiva, si bien la subjetividad
existe desde el momento en el que se escogen unos hechos y no otros para
transmitirlos al exterior.
Aquí es interesante que nos detengamos, pues si entendemos la
administración desde el punto de vista de la consideración de servicio
público, la información que se emita desde ella debe tener siempre en
cuenta este principio.
Sin embargo, son muchos los hechos noticiables que se quedan en el
tintero sin transmitir a la opinión pública porque no cuentan con el
beneplácito de la autoridad política, más centrada en ocasiones en
noticias “que dan votos”.
Aquí es donde los profesionales de los gabinetes de comunicación deben
intentar convencer a los responsables municipales de que la difusión de
noticias sobre cuestiones sociales e incluso sobre otras en principio
burocráticas, interesan al ciudadano. Por ejemplo, entendemos que a la
ciudadanía le puede interesar más la implantación de un programa de
ayudas a la formación que la respuesta a un enfrentamiento político; o
es más instructivo explicar en una nota los cambios que suponen con
respecto a la normativa anterior la aprobación de unas nuevas ordenanzas
municipales que enumerarlas sin explicar qué hay detrás de títulos más o
menos ininteligibles.
Como éstos, son muchos los ejemplos que podríamos ofrecer de la
información que emiten los gabinetes de comunicación, en la mayoría de
las ocasiones sin que sus propios profesionales tengan claro que eso es
lo que ellos desearían transmitir.
En el caso de las ruedas de prensa ocurre lo mismo. Si habíamos
comentado anteriormente que la nota debía basarse en un tema de interés
informativo, la rueda de prensa, en la que uno o varios miembros
destacados de la institución comparecen ante los medios de comunicación,
sólo se debe convocar cuando el tema es suficientemente interesante para
los medios, pues no hay nada más deprimente para la imagen del
ayuntamiento que comparezcan pocos medios por falta de interés en la
convocatoria.
Pero otra vez podemos encontrarnos con la voluntad política, en
ocasiones muy dada a la foto y a la imagen, y como profesionales, tener
que convocar ruedas de prensa para, por ejemplo, anunciar que el
“Delegado municipal x se va a reunir en breve con la asociación de
vecinos Y para firmar un convenio de colaboración”. Como parece lógico,
la noticia es la firma del convenio, para anunciar qué se va a hacer nos
hubiera bastado con una nota escueta.
4.- ¿Servicio público o servicio partidario?
En un artículo de Carmen Sebastián publicado en Capital Humano, se dice
que las instituciones, y concretamente la administración local, tienen
el deber de informar a los ciudadanos, en cuanto que son contribuyentes,
del modo en el que gestionan el presupuesto público, de los acuerdos que
toman y de las actividades que realizan. Además, cuanto más claros y
objetivos sean en esta tarea, mejor, pues si no es así “serán los medios
de comunicación y otros intereses quienes comuniquen a la opinión
pública, sin ningún control por el organismo protagonista del hecho”
(Sebastián: 1998, 44).
Sin ánimo de ofensa alguna, entendemos que, hoy por hoy, en los
gabinetes de comunicación de la administración local falta una vocación
de servicio público, de transmitir al ciudadano información sobre las
cuestiones que se deciden en el seno de la institución municipal y que
le afectan en su día a día.
Esta crítica no va dirigida a los profesionales, en la mayoría de los
casos, sino a quienes gobiernan la administración, ya que, sobre todo en
ayuntamientos medios y pequeños, son los políticos quienes deciden sobre
la información que se ha de emitir. Los profesionales intentarán
asesorar, a veces lo consiguen, y atenuar el tono doctrinal que muchas
veces se quiere imprimir a las noticias, pero es difícil que logren
convencer sobre una línea comunicativa en la que prime la información de
servicio público.
Otro caso es cuando el profesional del gabinete de comunicación se
convierte en un pseudo-político; entonces sí que claramente hablamos de
servicio partidario, ya que este trabajador/a municipal emitirá
informaciones interesadas, exclusivamente de lucimiento, con poco
contenido, y buscando perpetuar en el poder a los gobernantes
municipales, entre otras cosas porque en ello le va su puesto de
trabajo.
Aquí creo que debemos detenernos, y, como profesionales de la
comunicación, reivindicar un acceso digno a los puestos de los gabinetes
de comunicación en la administración pública en general, con oposiciones
libres que eviten la posibilidad de cambiar al profesional del gabinete
cuando cambian los políticos. El profesional del gabinete de
comunicación es tan profesional como un arquitecto, un psicólogo o un
bibliotecario municipal, y como tal, debe poder acceder a la
administración en las mismas condiciones que el resto de profesionales,
sólo así se conseguirá que la información que se emita sea
verdaderamente de servicio público, sin miedo al cese por opinar.
Evidentemente, el profesional del gabinete de comunicación, como
profesional que es, seleccionará la información, la tratará
periodísticamente y emitirá la que pueda contribuir favorablemente a la
construcción de una imagen positiva en la ciudadanía, de eso que no
tenga duda ningún gobernante.
Por tanto, como resumen a lo anteriormente expuesto, nos gustaría
concluir con los siguientes aspectos:
• En la administración local todo comunica, no sólo una nota de prensa,
sino el trato de los gobernantes con los ciudadanos, la atención que se
les presta por parte de los funcionarios, etc. Por tanto, no es correcto
el planteamiento de que la simple tarea de emitir noticias y convocar a
los medios puede ser determinante en exclusiva de la imagen que los
ciudadanos y ciudadanas (futuros electores) tengan de la institución.
“Las comunicaciones formales tienen un peso importante en la transmisión
de ideas dentro de la organización municipal, pero es la coherencia de
actuación de los directivos públicos el factor determinante para la
validación de los mensajes comunicacionales” (López y Galdea: 1995,
203).
• Cada vez más los políticos son conscientes de la importancia de contar
con un gabinete de comunicación que analice, controle y ejecute la
información que emana de la institución; sin embargo, falta conciencia
de entender esa información como un bien de servicio público y no sólo
como un instrumento partidario o partidista. Un paso importante sería la
regularización de los profesionales de los gabinetes de comunicación en
la administración pública.
• Esa información de servicio público contribuye a ofrecer a la
ciudadanía la imagen de una administración que informa de sus
actividades a sus contribuyentes, que es transparente, y que no está
centrada en el enfrentamiento político diario, algo que al ciudadano de
a pie poco interesa. Del Castillo, Bayón y Arteta, lo resumen así: “Las
instituciones públicas tienen obligación de comunicarse con la sociedad
y, por tanto, de producir mensajes específicos dirigidos a sus
diferentes públicos. En este sentido, una inadecuada información es una
importante barrera para el mejor funcionamiento de la administración, de
modo que la eficacia de una institución acabará dependiendo de su
política comunicativa” (1992, 122).
Bibliografía:
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DEL CASTILLO HERMOSA, J.,BAYÓN ESTEBAN, M.; ARTETA ARRÚE, R.: La empresa
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LÓPEZ, J. y GADEA, A.: Servir al ciudadano: Gestión de la Calidad en la
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