|
Por:
Mariela
Chain
y
Silvina
Perez
Todos
sabemos
lo que
es
tener
un
programa
favorito,
por el
cual
esperamos
con
mucha
ansiedad
y
hasta
arreglamos
nuestras
actividades
en
base a
el,
con el
objetivo
de
verlo.
Pero…
¿Qué
pasa
por
nuestra
mente
cuando
lo
esperamos
a la
hora
prometida
y
comienza
mucho
tiempo
después?;
sí,
nosotras
sentimos
lo
mismo,
y esto
es lo
que
nos
llevó
a
interesarnos
y por
ende
investigar
sobre
la
guerra
mediática
entre
las
dos
potencias
de la
televisión
de
aire:
Telefé
(Canal
11) y
Artear
(Canal
13).
La
base
central
del
conflicto
se
registra
en los
constantes
cambios
de
horario
con el
fin de
“superar”
al
competidor,
sin
tener
consideración
de
nosotros,
la
muchas
veces
olvidada
audiencia.
Como
buenas
telespectadoras
también
sentimos
furia
cuando
sucede
esto,
y es,
como
mencionamos
anteriormente,
el
incentivo
para
realizar
esta
investigación;
pero…
a
pesar
de
nuestros
sentimientos,
no nos
debemos
olvidar
que
para
conocer
la
verdad
de la
historia
se
deben
analizar
las
dos
caras
de la
moneda.
Los
invitamos
a
conocer
la
magia
(¡con
sapos
y
brujas!)
de la
televisión
argentina.
HIPÓTESIS
El
constante
cambio
de
horarios
en la
franja
prime
time
(de 20
a 24
Hs.)
de
Telefé
Y
Artear
incide
negativamente
en los
teleespectadores
y en
los
anunciantes
que
publicitan
sus
productos
en los
canales
televisivos
en
cuestión.
- A
continuación
se
expondrán
los
objetivos
a
comprobar
por el
trabajo
de
investigación:
OBJETIVO
GENERAL
-
Comprobar
la
incidencia
negativa
de la
guerra
horaria
entre
Canal
13 y
Telefé
en los
telespectadores
dentro
de la
franja
horaria
de las
20 a
24 hs
(Prime
time).
OBJETIVOS
ESPECÍFICOS
-
Apreciar
los
aspectos
más
importantes
de la
conformación
horaria
por
los
cuales
se
rigen
los
seres
humanos.
-
Identificar
la
influencia
de la
televisión
en el
encuadre
psicológico
espacial
-
temporal
de los
seres
humanos.
-
Observar
la
evolución
de la
televisión
y su
importancia
en la
vida
cotidiana
actual.
-
Reconocer
los
actores
principales
del
conflicto
horario
entre
los
canales
televisivos.
-
Identificar
los
programas
que
están
en el
ojo de
la
tormenta
y
analizar
sus
características.
-
Verificar
las
razones
por
las
cuales
actúan
manipulando
los
horarios
y los
contenidos.
-
Diferenciar
los
aspectos
que
delimitan
la
guerra
mediática
de la
personal
entre
los
protagonistas.
-
Apreciar
la
importancia
que
tiene
para
ellos
el
televidente
y como
creen
que
reaccionan
frente
a los
cambios
horarios.
-
Analizar
las
consecuencias
de la
incertidumbre
horaria
para
los
anunciantes
que
pautan
en los
medios
tratados.
-
Interpretar
la
postura
del
COMFER
frente
a los
aspectos
relacionados
con la
publicidad
y los
contenidos.
PRESENTACIÓN
DEL
OBJETO
DE
ESTUDIO
Como
se
menciono
anteriormente,
la
principal
variable
dentro
de
esta
investigación
es el
televidente,
y lo
que se
intentará
demostrar
a lo
largo
de
este
trabajo
es la
incidencia
negativa
que
produce
sobre
ellos
el
constante
cambio
de
horarios
en la
programación
televisiva
de los
canales
en
estudio.
Al
comenzar
a
recabar
información
que
nos
amplíe
el
panorama
nos
surgieron
muchos
interrogantes,
que
ahora,
son
base
de
nuestros
objetivos
a
cumplir;
algunos
de
ellos
son…
¿Qué
pasa
con
las
personas
cuando
organizan
sus
actividades
en
base a
los
horarios
de los
programas
y
estos
cambian
continuamente?,
ó
¿cuáles
son
las
verdaderas
intenciones
de los
responsables
de
esta
situación?,
¿el
rating
es tan
importante
para
la
vida
de un
canal
de
TV?, ó
¿qué
pasa
con
los
anunciantes
que
desean
que la
gente
vea la
publicidad
de sus
productos
en
determinado
horario
y esta
aparece
mucho
más
tarde?...
estas
como
tantas
son
preguntas
que
surgen
de
nuestro
propio
sentimiento
como
televidentes,
como
consumidoras
de
productos
televisivos
que
lejos
están
de
entretener
y
divertir
y
cerca
de
lucrar
y de
cruzar
la
delgada
línea
roja
que
delimita
las
acciones
éticamente
correctas.
Nuevamente
los
invitamos
a
descubrir
junto
a
nosotras
un
mundo
poco
explorado,
les
ofrecemos
mostrarles
la
verdadera
magia
de la
televisión.
HISTORIA
DE LA
TELEVISIÓN
Debemos
comenzar
situándonos
en los
antecedentes
de
este
medio
masivo
de
comunicación
para
observar
el
vertiginoso
crecimiento
de la
misma
y los
distintos
aportes
a la
sociedad,
y por
consecuente
con la
cultura
a
través
del
tiempo.
Para
comprender
mejor
esto,
vamos
a
comenzar
por
los
orígenes
de la
televisión
en el
mundo,
y
luego
más
específicamente
en la
Argentina.
Ahora,
retrocedamos
en el
tiempo…
La
historia
del
desarrollo
de la
televisión
ha
sido
en
esencia
la
historia
de la
búsqueda
de un
dispositivo
adecuado
para
explorar
imágenes.
El
primero
fue el
llamado
disco
Nipkow,
patentado
por el
inventor
alemán
Paul
Gottlieb
Nipkow
en
1884.
Era un
disco
plano
y
circular
que
estaba
perforado
por
una
serie
de
pequeños
agujeros
dispuestos
en
forma
de
espiral
partiendo
desde
el
centro.
Al
hacer
girar
el
disco
delante
del
ojo,
el
agujero
más
alejado
del
centro
exploraba
una
franja
en la
parte
más
alta
de la
imagen
y así
sucesivamente
hasta
explorar
toda
la
imagen.
Sin
embargo,
debido
a su
naturaleza
mecánica
el
disco
Nipkow
no
funcionaba
eficazmente
con
tamaños
grandes
y
altas
velocidades
de
giro
para
conseguir
una
mejor
definición.
Los
primeros
dispositivos
realmente
satisfactorios
para
captar
imágenes
fueron
el
iconoscopio,
que
fue
inventado
por el
físico
estadounidense
de
origen
ruso
Vladimir
Kosma
Zworykin
en
1923,
y el
tubo
disector
de
imágenes,
inventado
por el
ingeniero
de
radio
estadounidense
Philo
Taylor
Farnsworth
poco
tiempo
después.
En
1926
el
ingeniero
escocés
John
Logie
Baird
inventó
un
sistema
de
televisión
que
incorporaba
los
rayos
infrarrojos
para
captar
imágenes
en la
oscuridad.
Con la
llegada
de los
tubos
y los
avances
en la
transmisión
radiofónica
y los
circuitos
electrónicos
que se
produjeron
en los
años
posteriores
a la I
Guerra
Mundial,
los
sistemas
de
televisión
se
convirtieron
en una
realidad.
Emisión
de
programación
Las
primeras
emisiones
públicas
de
televisión
las
efectuó
la BBC
en
Inglaterra
en
1927 y
la CBS
y NBC
en
Estados
Unidos
en
1930.
En
ambos
casos
se
utilizaron
sistemas
mecánicos
y los
programas
no se
emitían
con un
horario
regular.
Las
emisiones
con
programación
se
iniciaron
en
Inglaterra
en
1936,
y en
Estados
Unidos
el día
30 de
abril
de
1939,
coincidiendo
con la
inauguración
de la
Exposición
Universal
de
Nueva
York.
Las
emisiones
programadas
se
interrumpieron
durante
la II
Guerra
Mundial,
reanudándose
cuando
terminó.
En
España,
se
fundó
Televisión
Española
(TVE),
hoy
incluida
en el
Ente
Público
Radiotelevisón
Española,
en
1952
dependiendo
del
ministerio
de
Información
y
Turismo.
Después
de un
periodo
de
pruebas
se
empezó
a
emitir
regularmente
en
1956,
concretamente
el 28
de
octubre.
Hasta
1960
no
hubo
conexiones
con
Eurovisión.
La
televisión
en
España
ha
sido
un
monopolio
del
Estado
hasta
1988.
Por
mandato
constitucional,
los
medios
de
comunicación
dependientes
del
Estado
se
rigen
por un
estatuto
que
fija
la
gestión
de los
servicios
públicos
de la
radio
y la
televisión
a un
ente
autónomo
que
debe
garantizar
la
pluralidad
de los
grupos
sociales
y
políticos
significativos.
A
partir
de la
década
de
1970,
con la
aparición
de la
televisión
en
color
los
televisores
experimentaron
un
crecimiento
enorme
lo que
produjo
cambios
en el
consumo
del
ocio
de los
españoles.
A
medida
que la
audiencia
televisiva
se
incrementaba
por
millones,
hubo
otros
sectores
de la
industria
del
ocio
que
sufrieron
drásticos
recortes
de
patrocinio.
La
industria
del
cine
comenzó
su
declive
con el
cierre,
de
muchos
locales.
En
México,
se
habían
realizado
experimentos
en
televisión
a
partir
de
1934,
pero
la
puesta
en
funcionamiento
de la
primera
estación
de TV,
Canal
5, en
la
ciudad
de
México,
tuvo
lugar
en
1946.
Al
iniciarse
la
década
de
1950
se
implantó
la
televisión
comercial
y se
iniciaron
los
programas
regulares
y en
1955
se
creó
Telesistema
mexicano,
por la
fusión
de los
tres
canales
existentes.
Televisa,
la
empresa
privada
de
televisión
más
importante
de
habla
hispana,
se
fundó
en
1973 y
se ha
convertido
en uno
de los
centros
emisores
y de
negocios
más
grande
del
mundo,
en el
campo
de la
comunicación,
ya que
además
de
canales
y
programas
de
televisión,
desarrolla
amplias
actividades
en
radio,
prensa
y
ediciones
o
espectáculos
deportivos.
La
televisión
ha
alcanzado
una
gran
expansión
en
todo
el
ámbito
latinoamericano.
En la
actualidad
existen
más de
300
canales
de
televisión
y una
audiencia,
según
número
de
aparatos
por
hogares
(más
de 60
millones),
de más
de
doscientos
millones
de
personas.
A
partir
de
1984,
la
utilización
por
Televisa
del
satélite
Panamsat
para
sus
transmisiones
de
alcance
mundial,
permite
que la
señal
en
español
cubra
la
totalidad
de los
cinco
continentes.
Hispasat,
el
satélite
español
de la
década
de
1990,
cubre
también
toda
Europa
y
América.
En
1983,
en
España
empezaron
a
emitir
cadenas
de
televisión
privadas
TELE
5,
Antena
3 y
Canal
+. En
1986
había
3,8
habitantes
por
aparato
de
televisión,
en la
actualidad
ha
bajado
a 3,1.
A
finales
de los
años
ochenta,
había
en
Estados
Unidos
unas
1.360
emisoras
de
televisión,
incluyendo
305 de
carácter
educativo,
y más
del
98% de
los
hogares
de
dicho
país
poseía
algún
televisor
semejante
al
nivel
español.
Hay
más de
8.500
sistemas
ofreciendo
el
servicio
de
cable,
con
una
cartera
de más
de 50
millones
de
abonados.
En la
actualidad
en
todo
el
mundo,
la
televisión
es el
pasatiempo
nacional
más
popular;
el 91%
de los
hogares
disponen
de un
televisor
en
color
y el
42%,
de un
equipo
grabador
de
vídeo.
Los
ciudadanos
españoles
invierten,
por
término
medio,
unas
3,5
horas
diarias
delante
del
televisor,
con
una
audiencia
de
tres
espectadores
por
aparato.
Durante
los
años
inmediatamente
posteriores
a la
II
Guerra
Mundial
se
realizaron
diferentes
experimentos
con
distintos
sistemas
de
televisión
en
algunos
países
de
Europa,
incluida
Francia
y
Holanda,
pero
fue la
URSS,
que
comenzó
sus
emisiones
regulares
en
Moscú
en
1948,
el
primer
país
del
continente
en
poner
en
funcionamiento
este
servicio
público.
Cerca
del
98% de
los
hogares
en la
URSS
(3,2
personas
por
receptor)
y en
Francia
(2,5)
posee
televisor,
siendo
el
porcentaje
de 94
en
Italia
(3,9)
y 93
en los
hogares
de
Alemania
actualmente
parte
de la
reunificada
República
Federal
de
Alemania
(2,7).
Televisión
en el
espacio
Las
cámaras
de
televisión
a
bordo
de las
naves
espaciales
estadounidenses
transmiten
a la
tierra
información
espacial
hasta
ahora
inaccesible.
Las
naves
espaciales
Mariner,
lanzadas
por
Estados
Unidos
entre
1965 y
1972,
envió
miles
de
fotografías
de
Marte.
Las
series
Ranger
y
Surveyor
retransmitieron
miles
de
fotografías
de la
superficie
lunar
para
su
análisis
y
elaboración
científica
antes
del
alunizaje
tripulado
(julio
de
1969),
al
tiempo
que
millones
de
personas
en
todo
el
mundo
pudieron
contemplar
la
emisión
en
color
directamente
desde
la
superficie
lunar.
Desde
1960
se han
venido
utilizando
también
ampliamente
las
cámaras
de
televisión
en los
satélites
meteorológicos
en
órbita.
Las
cámaras
vidicón
preparadas
en
tierra
registran
imágenes
de las
nubes
y
condiciones
meteorológicas
durante
el
día,
mientras
que
las
cámaras
de
infrarrojos
captan
las
imágenes
nocturnas.
Las
imágenes
enviadas
por
los
satélites
no
sólo
sirven
para
predecir
el
tiempo
sino
para
comprender
los
sistemas
meteorológicos
globales.
Se han
utilizado
cámaras
vidicón
de
alta
resolución
a
bordo
de los
Satélites
para
la
Tecnología
de los
Recursos
Terrestres
(ERTS)
para
realizar
estudios
de
cosechas,
así
como
de
recursos
minerales
y
marinos.
Así,
la
televisión
ha
evolucionado
rápidamente,
ahora,
gracias
a los
avances
en los
medios
de
transmisión
contamos
con la
televisión
por
cable,
la
televisión
satelital
y la
televisión
vía
Internet,
lo que
nos
une
aún
más
con el
resto
del
mundo.
La
señal
de
televisión
La
señal
de
televisión
es una
compleja
onda
electromagnética
de
variación
de
tensión
o
intensidad,
compuesta
por
las
siguientes
partes:
1) una
serie
de
fluctuaciones
correspondientes
a las
fluctuaciones
de la
intensidad
de luz
de los
elementos
de la
imagen
a
explorar;
2) una
serie
de
impulsos
de
sincronización
que
adaptan
el
receptor
a la
misma
frecuencia
de
barrido
que el
transmisor;
3) una
serie
adicional
de los
denominados
impulsos
de
borrado,
y
4) una
señal
de
frecuencia
modulada
(FM)
que
transporta
el
sonido
que
acompaña
a la
imagen.
Los
tres
primeros
elementos
conforman
la
señal
de
vídeo
y se
describen
más
adelante.
Las
fluctuaciones
de
intensidad
o
tensión
correspondientes
a las
variaciones
de la
intensidad
de la
luz,
suelen
llamarse
señal
de
vídeo.
Las
frecuencias
de
dicha
señal
oscilan
entre
30
millones
y 4
millones
de Hz,
dependiendo
del
contenido
de la
imagen.
Los
impulsos
de
sincronización
son
picos
pequeños
de
energía
eléctrica
generados
por
los
correspondientes
osciladores
en la
estación
emisora.
Estos
impulsos
controlan
la
velocidad
del
barrido
horizontal
y
vertical
tanto
de la
cámara
como
del
receptor.
Los
impulsos
de
sincronismo
horizontal
se
producen
a
intervalos
de
0,01
segundos
y su
duración
es
prácticamente
la
misma.
Los
impulsos
de
borrado
anulan
el haz
de
electrones
en la
cámara
y en
el
receptor
durante
el
tiempo
empleado
por el
haz de
electrones
en
volver
desde
el
final
de una
línea
horizontal
hasta
el
principio
de la
siguiente,
así
como
desde
la
parte
inferior
del
esquema
vertical
hasta
la
parte
superior.
La
sincronización
y
estructura
de
estos
impulsos
resultan
extremadamente
complejas.
Cámaras
de
televisión
La
cámara
de
televisión
se
asemeja
a una
cámara
fotográfica
normal
por
cuanto
va
equipada
con
una o
varias
lentes
y un
mecanismo
de
enfoque
de la
imagen
formada
por la
lente
sobre
una
superficie
sensible.
Estas
superficies
forman
parte
de
tubos
electrónicos
llamados
tubos
tomavistas,
capaces
de
transformar
las
variaciones
de la
intensidad
de la
luz en
variaciones
de la
carga
o
corriente
eléctrica.
El
tubo
tomavistas
original
fue el
iconoscopio,
utilizado
durante
mucho
tiempo
para
televisar
películas.
En el
caso
de
escenas
con un
nivel
de
luminosidad
bajo,
como
en las
salas
o
habitaciones
normalmente
iluminadas,
se
utiliza
el
orticón
de
imagen
de
alta
sensibilidad
o
vidicón.
Transmisión
de
televisión
Si se
exceptúan
los
circuitos
especiales
necesarios
para
producir
los
pulsos
de
sincronización
y
borrado
del
barrido
y los
diferentes
equipos
especiales
que se
utilizan
para
examinar
o
controlar
las
señales
desde
la
cámara
de
televisión,
todo
el
resto
del
sistema
de
transmisión
de
televisión
recuerda
al de
una
emisora
de
radio
de AM.
El
equipo
de
sonido
no se
diferencia
en
nada
del
utilizado
en las
emisiones
de
frecuencia
modulada,
y la
señal
de
sonido
a
veces
se
emite
desde
una
antena
independiente,
constituyendo
de
hecho
una
unidad
de
emisión
totalmente
independiente.
Canales
Sin
embargo,
la
emisión
de
televisión
presenta
una
serie
de
problemas
específicos
que no
existen
en las
emisiones
normales
de
sonido,
siendo
el
principal
el del
ancho
de
banda.
Modular
una
onda
electromagnética
implica
generar
una
serie
de
frecuencias
denominadas
bandas
laterales
que
corresponden
a la
suma y
a la
diferencia
entre
la
frecuencia
de
radio,
o
portadora,
y las
frecuencias
moduladoras.
En las
emisiones
normales,
donde
la
señal
sólo
utiliza
frecuencias
hasta
de
10.000
Hz, o
10 kHz,
las
bandas
laterales
ocupan
poco
espacio
en el
espectro
de
frecuencias,
lo que
permite
asignar
a las
distintas
emisoras
frecuencias
de
portadora
con
una
diferencia
tan
pequeña
como
10 kHz
sin
que se
produzcan
interferencias
apreciables.
Por el
contrario,
la
gama
de
frecuencias
de una
sola
señal
de
televisión
es de
unos 4
millones
de Hz,
o 4
MHz,
por lo
que
tales
señales
ocupan
un
espacio
400
veces
mayor
que la
gama
completa
de
frecuencias
utilizada
por
una
estación
de
radio
en las
emisiones
AM
corrientes.
A fin
de
disponer
de un
número
suficiente
de
canales
para
dar
cabida
a una
serie
de
emisoras
de
televisión
en una
misma
zona
geográfica,
es
preciso
utilizar
frecuencias
de
transmisión
relativamente
elevadas
para
las
portadoras
de
televisión.
En
Estados
Unidos,
por
ejemplo,
el
número
de
canales
asignados
a las
emisiones
de
televisión
asciende
a 68.
Esta
cifra
se
desglosa
en 12
canales
en la
banda
de
frecuencias
muy
elevadas
(VHF)
y 56
en la
banda
de las
ultraelevadas
(UHF).
Emisión
de
alta
frecuencia
La
utilización
de las
altas
frecuencias
para
la
emisión
de
televisión
plantea
una
serie
de
problemas
muy
distintos
a los
de la
emisión
ordinaria
de
sonido.
El
alcance
de las
señales
de
radio
de
baja
frecuencia
es muy
amplio,
alcanzando
centenares
e
incluso
millares
de
kilómetros.
Las
señales
de
alta
frecuencia,
por el
contrario,
poseen
un
alcance
relativamente
limitado
y a
menudo
no
cubren
mucho
más de
la
distancia
visible
entre
estaciones
debido
a la
curvatura
de la
tierra.
Así
pues,
mientras
que la
zona
de
servicio
de una
emisora
normal
de
radio
puede
tener
un
radio
muy
por
encima
de los
160 km,
la de
la
emisora
de
televisión
está
limitada
a unos
56 km,
dependiendo
de la
altura
de las
antenas
emisora
y
receptora.
La
cobertura
total
para
un
país
de
cierta
extensión
requiere
muchas
más
estaciones
de
televisión
que la
radiodifusión
ordinaria.
Otro
de los
problemas
con
los
que
choca
la
utilización
de
altas
frecuencias
para
la
emisión
de
televisión
consiste
en que
a
dichas
frecuencias,
las
ondas
de
radio
se
comportan
casi
como
ondas
luminosas
y se
reflejan
en
objetos
sólidos,
como
montañas
o
edificios.
A
menudo,
alguno
de
estos
reflejos
de una
emisora
se
captan
en un
determinado
punto
de
recepción,
originando
imágenes
múltiples
en la
pantalla
del
receptor
por
haber
viajado
las
señales
reflejadas
diferentes
distancias
y por
tanto,
por
haber
llegado
al
receptor
en
distintos
tiempos.
El
problema
de las
señales
reflejadas,
así
como
el de
la
recepción
de las
señales
de
televisión
a
distancias
superiores
al
alcance
normal,
han
quedado
resueltos
en
gran
medida
merced
a la
utilización
de
antenas
receptoras
especiales
con
una
ganancia
muy
elevada
para
amplificar
señales
débiles.
La
mayoría
son
además
direccionales,
y
presentan
una
gran
ganancia
para
señales
que se
reciben
en una
determinada
dirección
y muy
baja
para
las
que
inciden
en las
demás
direcciones.
La
orientación
correcta
de la
antena
direccional
permite
seleccionar
una de
las
señales
reflejadas
y
eliminar
las
otras,
suprimiendo
así
las
imágenes
múltiples
en un
punto
concreto.
Televisión
por
satélite
Además
del
cable
y las
estaciones
repetidoras
terrestres,
el
satélite
artificial
constituye
otro
medio
de
transmisión
de
señales
a
grandes
distancias.
Un
repetidor
de
microondas
en un
satélite
retransmite
la
señal
a una
estación
receptora
terrestre,
que se
encarga
de
distribuirla
a
nivel
local.
Los
problemas
principales
de los
satélites
de
comunicaciones
para
la
transmisión
son la
distorsión
y el
debilitamiento
de la
señal
al
atravesar
la
atmósfera.
Tratándose
además
de
distancias
tan
grandes
se
producen
retrasos,
que a
veces
originan
ecos.
Ciertos
satélites
repetidores
de
televisión
actualmente
en
órbita
están
concebidos
para
retransmitir
señales
de una
estación
comercial
a
otra.
Ciertas
personas
han
instalado
en sus
hogares
antenas
parabólicas
que
captan
la
misma
transmisión,
eludiendo
a
menudo
el
pago
de las
tarifas
por
utilización
de la
televisión
por
cable,
aunque
ya se
están
efectuando
transmisiones
codificadas
para
evitar
este
fraude.
La
pantalla
La
pantalla
está
formada
por un
recubrimiento
de la
parte
interior
del
tubo
con
alguno
de los
muchos
tipos
de
productos
químicos
conocidos
como
sustancias
fosforescentes,
que
presentan
la
propiedad
de la
luminiscencia
al
estar
sometidos
a un
bombardeo
de un
haz de
electrones.
Cuando
el
tubo
está
encendido,
el haz
de
electrones
es
perceptible
en la
pantalla
en
forma
de un
pequeño
punto
luminoso.
En el
cinescopio
representado
en la
figura
3, el
barrido
del
haz de
electrones
se
consigue
mediante
dos
parejas
de
placas
deflectoras.
Si una
de las
placas
tiene
carga
positiva
y la
otra
negativa,
el haz
se
aparta
de la
negativa
y se
acerca
a la
positiva.
La
primera
pareja
de
placas
del
tubo
representada
en el
esquema
desplaza
el haz
hacia
arriba
y
hacia
abajo
y la
segunda
pareja
lo
hace
lateralmente.
En el
receptor
se
generan
los
voltajes
oscilantes
de
barrido
y se
sincronizan
perfectamente
con
los
del
emisor
mediante
los
impulsos
de
sincronismo
de
éste.
Así,
al
sintonizar
una
emisora
en el
receptor,
el
ritmo
y
secuencia
de
barrido
del
cinescopio
quedan
ajustados
automáticamente
a los
del
tubo
tomavistas
en el
emisor.
En los
cinescopios
actuales,
la
deflexión
se
consigue
mediante
los
campos
magnéticos
de dos
pares
de
bobinas
que
forman
un
anillo
deflector
por
fuera
del
tubo.
Las
corrientes
de
deflexión
provienen
de un
generador
en el
receptor,
sincronizado
con el
emisor.
La
señal
de
cámara
del
emisor
se
amplifica
en el
receptor
y se
aplica
a la
rejilla
de
control
del
cinescopio.
Cuando
la
rejilla
se
hace
negativa
por
efecto
de la
señal,
la
rejilla
repele
los
electrones;
y
cuando
la
señal
negativa
se
hace
lo
suficientemente
intensa,
no
pasa
ningún
electrón
y la
pantalla
queda
a
oscuras.
Si la
rejilla
se
torna
ligeramente
negativa,
algunos
electrones
la
atraviesan
y la
pantalla
muestra
un
punto
de
leve
luminosidad
que
corresponde
al
gris
de la
imagen
original.
A
medida
que el
potencial
de la
rejilla
se va
acercando
al del
cátodo,
la
pantalla
muestra
un
punto
brillante
que
corresponde
al
blanco
en la
imagen
original.
La
acción
concertada
del
voltaje
de
exploración
y el
de la
señal
de
cámara
hace
que el
haz de
electrones
describa
un
trazo
luminoso
en la
pantalla
que es
la
reproducción
exacta
de la
escena
original.
La
sustancia
fosforescente
de la
pantalla
continúa
brillando
durante
un
breve
lapso
después
de
haber
sido
activa
por el
haz de
electrones,
de
forma
que
los
diferentes
puntos
se
entremezclan
formando
una
imagen
continua.
El
tamaño
del
extremo
del
tubo
del
cinescopio
determina
el
tamaño
de la
imagen
en la
pantalla.
Los
cinescopios
se
fabrican
con
pantallas
que
tienen
una
medida
en
diagonal
(desde
la
esquina
inferior
izquierda
hasta
la
superior
derecha)
entre
3,8 y
89 cm.
Ya se
han
construido
pantallas
de
cristal
líquido,
o LCD,
para
los
televisores.
La
fabricación
de
tubos
de
grandes
dimensiones
resulta
costosa
y
difícil
y
además
corren
mayor
riesgo
de
rotura.
Para
obtener
una
imagen
muy
grande
con
tubos
relativamente
pequeños
se
suele
proyectar
la
imagen
sobre
pantallas
translúcidas
u
opacas.
Estos
cinescopios
de
proyección
trabajan
con
tensiones
muy
altas
para
producir
imágenes
notablemente
más
luminosas
que
las
que
generan
los
tubos
normales.
Televisión
en
color
La
televisión
en
color
entró
en
funcionamiento
en
Estados
Unidos
y
otros
países
en la
década
de
1950.
En
México,
las
primeras
transmisiones
en
color
se
efectuaron
en
1967 y
en la
década
siguiente
en
España.
Más
del
90% de
los
hogares
en los
países
desarrollados
disponen
actualmente
de
televisión
en
color.
Color
compatible
La
televisión
en
color
se
consigue
transmitiendo,
además
de la
señal
de
brillo,
o
luminancia,
necesaria
para
reproducir
la
imagen
en
blanco
y
negro,
otra
que
recibe
el
nombre
de
señal
de
crominancia,
encargada
de
transportar
la
información
de
color.
Mientras
que la
señal
de
luminancia
indica
el
brillo
de los
diferentes
elementos
de la
imagen,
la de
crominancia
especifica
la
tonalidad
y
saturación
de
esos
mismos
elementos.
Ambas
señales
se
obtienen
mediante
las
correspondientes
combinaciones
de
tres
señales
de
vídeo,
generadas
por la
cámara
de
televisión
en
color,
y cada
una
corresponde
a las
variaciones
de
intensidad
en la
imagen
vistas
por
separado
a
través
de un
filtro
rojo,
verde
y
azul.
Las
señales
compuestas
de
luminancia
y
crominancia
se
transmiten
de la
misma
forma
que la
primera
en la
televisión
monocroma.
Una
vez en
el
receptor,
las
tres
señales
vídeo
de
color
se
obtienen
a
partir
de las
señales
de
luminancia
y
crominancia
y dan
lugar
a los
componentes
rojo,
azul y
verde
de la
imagen,
que
vistos
superpuestos
reproducen
la
escena
original
en
color.
El
sistema
funciona
de la
siguiente
manera.
Formación
de las
señales
de
color
La
imagen
de
color
pasa a
través
de la
lente
de la
cámara
e
incide
sobre
un
espejo
dicroico
refleja
un
color
y deja
pasar
todos
los
demás.
El
espejo
refleja
la luz
roja y
deja
pasar
la
azul y
la
verde.
Un
segundo
espejo
dicroico
refleja
la luz
azul y
permite
el
paso
de la
verde.
Las
tres
imágenes
resultantes,
una
roja,
otra
azul y
otra
verde,
se
enfocan
en la
lente
de
tres
tubos
tomavistas
(orticones
de
imagen
o
plumbicones).
Delante
de
cada
tubo
hay
unos
filtros
de
color
para
asegurar
que la
respuesta
en
color
de
cada
canal
de la
cámara
coincide
con
los
colores
primarios
(rojo,
azul y
verde)
a
reproducir.
El haz
de
electrones
en
cada
tubo
barre
el
esquema
de
imagen
y
produce
una
señal
de
color
primario.
Las
muestras
de
estas
tres
señales
de
color
pasan
a un
sumador
electrónico
que
las
combina
para
producir
la
señal
de
brillo,
o
blanco
y
negro.
Las
muestras
de
señal
también
entran
en
otra
unidad
que
las
codifica
y las
combina
para
generar
una
señal
con la
información
de
tonalidad
y
saturación.
La
señal
de
color
se
mezcla
con la
de
brillo
a fin
de
formar
la
señal
completa
de
color
que
sale
al
aire.
Televisión
antigua
La
aparición
de la
televisión
desplazó
rápidamente
la
radio
del
salón
al
dormitorio,
el
cuarto
de
baño o
la
cocina.
Este
equipo
de
audiovisuales,
presentado
por
Decca
en la
19ª
Feria
Nacional
de
Radio
y
Televisión
en
Londres
en
1952,
combinaba
la
radio
y la
televisión
en un
solo
mueble.
El
tamaño
de la
pantalla
permitía
a
grupos
numerosos
presenciar
programas
de
éxito.
LA TV
ARGENTINA
El
primer
canal
de
televisión
porteño
se lo
debemos
al
empecinado
apuro
de Eva
Perón,
quien
los
albores
de la
década
de los
cincuenta
emplaza
al
entonces
zar de
la
radiofonía,
Jaime
Yankelevich,
a que
rápidamente
dotara
al
país
de ese
novedoso
medio
de
comunicación.
El
pope
de
radio
Belgrano,
notable
empresario
radial
en su
origen,
marcho
a EEUU
y se
trajo
unos
equipos
suficientes
para
complacer
la
ansiedad
activa
de la
primera
dama.
Un
transmisor
de
42kilovatios,
cinco
metros
de
antena
y
siete
mil
televisores
fueron
puntapié
inicial
de la
TV
argentina.
La
primera
imagen
fue la
de
evita
con la
conocidísima
foto
de la
sonrisa,
el
rodete
y el
prendedor.
Formalmente
su
nacimiento
se
produjo
el 17
de
Octubre
de1951
con un
programa
muy
especial:
el
acto
por el
día de
la
lealtad
en
Plaza
de
Mayo,
presidido
por el
general
Perón.
Muchos
espacios
fueron
prácticamente
loteados
y
cedidos
anunciantes
con
poder
de
decisión
sobre
los
mismos.
El
estado
mantenía
la
titularidad
del
servicio,
pero
en su
seno
comenzaban
a
desarrollarse
importantes
movimientos
privados
autónomos.
Concebida
mediante
el
decreto
15.460
del 25
de
noviembre
de
1957,
durante
el
gobierno
de
Pedro
Aramburu,
nació
la TV
privada.
En Bs.
As la
primera
emisora
de
estas
características
-canal
9-
surgió
el 09
de
junio
de
1960.
El
avance
de la
cultura
audiovisual
sobre
las
costumbres
recibió
un
fuerte
espaldarazo,
entrado
los
años
90,
con la
masificacion
del
cable,
que
cambia
radicalmente
la
manera
de ver
TV.
Anteriormente,
con
escasos
cuatro
canales
capitalianos
y sin
control
remoto
a mano
se
veía
televisión
de
manera
mas o
menos
lineal.
Se
elegía
un
programa
y se
lo
observaba
de
principio
a fin.
La TV
abierta
comienza
a
mutar
y
están
pasando
cosas
que
conviene
observar:
_ Se
descentraliza
aceleradamente
la
programación
_ la
programación
dejo
de ser
un
valor
estable.
Se
mueve
constantemente,
terminan
las
largas
temporadas
con
programas
inamovibles.
Los
ciclos
cambian
de un
canal
a otro
sin
complejos
_Los
presupuestos
son
cada
vez
más
ajustados.
A
partir
de
1947
algunos
sostienen
que
las
radios
y
varios
diarios,
con
excepción
de La
Prensa,
La
Nación
y
Clarín,
habían
sido
comprados
por el
Gobierno.
Muchos
creen
que
esto
no es
verdad,
que el
gobierno
de
Perón
no
compró
las
radios.
Que
eran
sociedades
anónimas
particulares,
totalmente
independientes
del
Gobierno.
Sus
titulares
eran
amigos
de
Perón.
Eso lo
hace
cualquier
gobierno.
Ningún
gobierno
del
mundo
le da
licencias
al
enemigo.
La
radio
El
Mundo
y la
cadena
eran
de
Haynes.
La
cadena
de
Splendid
era de
Peralta
Ramos,
la
gente
de La
Razón.
En
Radio
Belgrano
está
Jorge
Antonio.
Eran
todas
cadenas
privadas.
El que
estatiza
las
radios
es la
Revolución
Libertadora.
La
televisión
argentina
nació
con
una
extraña
mezcla
de
propiedad
estatal
y
privada.
Ni
100%
estatal,
ni
100%
privada.
La
propiedad
indiscutida
de la
señal
es del
Estado,
no
existen
plazos
de
concesión,
la
legislación
oscila
entre
inexistente
y
confusa.
A
partir
de
1974,
poco
tiempo
había
para
pensar
sobre
la
necesidad
de
televisión
en
color.
Los
contratos
a los
artistas
eran
por
tiempo
limitado,
no se
encaraba
nada
ambicioso,
no se
invertía
en
mantenimiento.
Una
lógica
consecuencia
era
recurrir
a los
enlatados.
Aunque
sólo
existían
pocas
series
en
horarios
centrales
(Ladrón
sin
destino,
Dos
tipos
audaces,
Kung
Fu) en
las
noches
se
proyectan
diversos
ciclos
de
cine:
Cine
estelar
y Los
Oscar
del
Cine
(C9),
La
segunda
de la
noche
(C13),
Premier
70
(C11)
y Cine
sin
cortes
(C7).
Se iba
desarrollando
un
lento
pero
inexorable
desplazamiento
de la
producción
nacional.
Es
complejo
analizar
la
programación
del
año;
en el
verano
por
los
cortes
los
ciclos
aparecían
y
desaparecían,
rotaban
de
horario;
los
programas
fuertes
de la
temporada,
que
comenzaban
entre
marzo
y
mayo,
tuvieron
suerte
diversa:
algunos
duraron
todo
el
año,
otros
fueron
interrumpidos
por
las
nuevas
autoridades,
algunos
comenzaron
con la
televisión
estatizada,
figuras
como
Tato
Bores
y
Mirtha
Legrand
desaparecieron
abrupta
y
conflictivamente
de las
pantallas,
comenzaban
a
aparecer
nombres
"no
recomendados"
en una
nueva
etapa
de la
televisión,
tan
íntimamente
ligada
a los
avatares
políticos.
Algunos
contratos
se
respetaban,
otros
no,
algunos
programas
fueron
levantados
a
cambio
de
mantener
un
prudencial
silencio
y
cobrar
todo
el año
(promesas
en
general
incumplidas).
Un
fenómeno
que se
desarrollaría
fuertemente
al
final
de la
década
comenzó
este
año:
las
miniseries.
La
emisión
de QB
VII,
dentro
del
ciclo
Antes
que en
el
cine
fue un
suceso:
3.629.000
televidentes;
sólo
fue
superado
por
transmisiones
de
fútbol
internacional;
el
primer
programa
de
ficción
en
audiencia
(Porcelandia)
tuvo
1.714.500
televidentes;
entre
los
programas
emitidos
en el
primer
semestre
le
siguió
Kung
Fu, El
chupete,
La
noche
de los
grandes,
Hupumorpo
y en
10°
puesto
Alguien
como
usted,
con
Irma
Roy,
una de
las
pocas
actrices
identificadas
desde
sus
comienzos
con el
peronismo.
La
tradicional
telenovela
de las
tardes
casi
no
tuvo
representantes:
Enséñame
a
quererte
de
Marcia
Cerretani
(enero
a
junio)
y
Juntos
hoyŠ y
aquí
de
Vito
De
Martini,
el
único
nuevo
encarado
por
las
nuevas
autoridades
(desde
setiembre).
Dos
clásicos
del
género
se
mantuvieron
muy
activos:
Abel
Santa
Cruz
(hiperactivo
diríamos),
en un
momento
con
cuatro
ciclos
semanales
en el
aire
(y muy
exitosos)
y
Alberto
Migré,
con el
galardonado
Dos a
quererse
y el
no tan
exitoso
Mi
hombre
sin
noche.
Otros
programas
unitarios
fueron
¡Qué
viudita
es mi
mamá!
con
Leonor
Manso,
Hay
que
vivir,
producido
por
Eddie
Williams
y
protagonizado
por su
esposa
Iris
Lainez
(grabado
originalmente
para
el
extranjero),
Cachilo
(con
un
perro
como
protagonista
y
Betiana
Blum
trocando
de sus
roles
de
malvada
a
buena)
y Mi
hijo
Damián
(con
Bisutti
y
Laplace),
todos
sin
demasiada
repercusión.
Dos
programas
de
jerarquía
fueron
Historias
de
medio
pelo,
con
autores
rotativos
provenientes
del
teatro
(Somigliana,
Cossa,
Halac)
y Una
mujer
en la
multitud,
dirigido
por
María
Herminia
Avellaneda
y
protagonizado
por
Norma
Aleandro,
que se
mantuvo
en
pantalla
dos
años.
En el
Teatro
de
Jorge
Salcedo,
con
libretos
de
Adellach,
Lizarraga
y
otros,
el
recio
y
limitado
actor
encarnaba
semana
a
semana
personajes
con
distinta
profesión.
Un
sketch
y un
par de
personajes
inolvidables
se
gestaron
este
año:
Ricardo
Espalter
y
Enrique
Almada
dando
vida
al
Toto
Paniagua
y el
profesor
de
buenos
modales,
acompañados
por
Katia
Iaros,
dentro
de
Hupumorpo.
Además
de los
ciclos
de los
clásicos
Sofovich
y
Cammarota,
hubo
otras
ofertas
en
humor,
aunque
sin
gran
trascendencia:
Revisterema,
escrita
por
Golo,
ex
libretista
de
Pepe
Biondi;
una
nueva
temporada
de La
tuerca,
con
nuevos
libretistas
y por
canal
9; dos
ciclos
con
Juan
Carlos
Altavista
(La
pensión
de
Minguito
y Las
aventuras
de
Minguito
Tinguitella),
un
fallido
ciclo
con
Alberto
Olmedo:
Alberto
Vilar
el
indomable,
con
libreto
de
Víctor
Sueiro
(años
antes
de
resucitaciones
y
ángeles)
y
Humberto
"Coquito"
Ortiz;
se
evidenció
que en
una
comedia
lineal,
con
libretos
que
debían
respetarse,
sin
posibilidades
de
improvisar,
sin la
presencia
orientadora
de los
hermanos
Sofovich,
el
genio
del
cómico
rosarino
no
funcionaba
a toda
máquina;
Monoblock
con
libretos
de
Meyrialle
y De
Cecco
y El
gran
Marrone
con
libretos
del
"zar
de la
revista
porteña",
Carlos
A.
Petit.
Un
intento
renovador
fue
Humor
y nada
más,
creación
de
Ricardo
Parrota
(quien,
como
"Pepe
Muleiro"
años
después
venderá
muchos
libros
de
cuentos
de
gallegos);
por
las
pantallas
de
canal
7, el
nuevo
director
Juan
Carlos
Rousselot
decidió
levantarlo
por
"su
humor
procaz".
Garrafa,
Humor
a toda
máquina,
Bienvenido
humor,
El
mundo
de
Chirolita
y El
sangarropo
completaron
el año
con
muchos
programas
humorísticos
y poco
humor.
A
título
de
reseña
los
ciclos
de
teatro
adaptado
para
televisión:
Teatro
alegre,
adaptaciones
de
Marcelo
Devoto
y
Gregorio
Santos
Hernando;
Teatro
de
verano,
Teatro
de
humor
y
Humor
a la
italiana
(ambas
con
Darío
Vittori
por el
9),
Osvaldo
Pacheco
presenta:
teatro
en
familia
y
Teatro
de
Pacheco
(nuevos
títulos
por
problemas
de
derechos),
La
comedia
brillante
con
Taibo
y
Bredeston
y
Teatro
para
sonreír
con
puesta
y
protagónico
de
Javier
Portales.
Ciclos
con
mayores
pretensiones
fueron:
Gran
teatro,
Teatro
argentino
con
puesta
de
Carlos
Muñoz,
El
teatro
popular
de
Teresa
Blasco
(textos
escritos
especialmente
para
televisión)
y La
Casa,
el
Teatro
y
usted,
con
puesta
de
Fernando
Heredia,
repertorio
muy
variado,
intérpretes
que
cobraban
el
cachet
mínimo
y
utilidades
para
la
Casa
del
Teatro.
Los
Circulares
de
Mancera,
ahora
los
domingos
por el
11, el
resucitado
Sábados
continuados,
conducido
por
Daniel
Guerrero,
Silvio
Soldán
y
Leonardo
Simmons,
Feliz
domingo
con
Orlando
Marconi
y
Soldán
demostraban
que
los
programas
ómnibus
de fin
de
semana
seguían
dando
batalla;
una
nueva
temporada
de
Buenas
tardes,
mucho
gusto,
Odol
pregunta
con su
conductor
emblemático,
Cacho
Fontana,
y en
las
tardes
de
lunes
a
viernes
Estrellas
al
mediodía,
Almorzando
con
las
estrellas
(conducido
por el
muy
laborioso
Orlando
Marconi),
Radio,
cine y
teatro
en TV
(nuevo
título
para
una
vieja
idea,
con
Jorge
Jacobson
y Juan
Alberto
Mateyko),
Teleshow
(con
un
grupo
de
periodistas
y
conductores
no muy
conocidos
por
entonces:
Hernán
Rapela,
Laly
Cobas,
Alfredo
Garrido
y
Víctor
Sueiro)
y
Siesta,
con
Sueiro,
Perla
Caron
y
Borocotó
Junior,
fueron
lo más
visto
de un
año no
muy
destacado.
Para
los
chicos
el
debut
de
"la"
conductora
de la
década:
Julieta
Magaña
y Este
es mi
mundo.
Muy
pobre
la
oferta
musical,
con
Los
consagrados,
con
músicos
de
diversos
géneros.
El
Tango
Club
conducido
por
Héctor
Larrea,
Luna
de
tango
con
Antonio
Carrizo,
Ventana
a
Buenos
Aires
y
Tangueado
conformaban
el
póker
tanguero.
La
oferta
de
folklore
se
reducía
a
Argentinísima
y
Folklorísimo.
Café
con
Parry
y
Séptimo
piso
representaban
a los
tradicionales
shows,
muy
venidos
a
menos
comparando
con su
glorioso
pasado
(desde
Tropicana
hasta
Casino).
El
deporte
se
circunscribía
a la
emisión
de
partidos
en
diferido,
los
lunes
a la
noche
y a
Coche
a la
vista.
El
mundial
de
fútbol
disputado
en
Alemania
Federal
fue
cubierto
por
Canal
7 con
un
equipo
encabezado
por su
sobrio
relator,
Mauro
Viale
(la
gente
cambia
en
cuanto
a
sobriedad
se
refiere)
y
Enrique
Macaya
Márquez.
El 20
de
julio
de
1974
varias
entidades
sindicales
firmaban
una
solicitada
apoyado
la
estatización
de los
canales:
Sindicato
Argentino
de
Televisión,
Asociación
Argentina
de
Actores,
Sindicato
de
Prensa
(Capital
Federal),
Sindicato
Argentino
de
Músicos,
Asociación
Argentina
de
Telegrafistas,
Radiotelegrafistas
y
Afines,
Sindicato
Unico
de
Trabajadores
del
Espectáculo
Público,
Sindicato
Unico
de la
Publicidad,
Unión
Argentina
de
Artistas
de
Variedades
y
Sociedad
Argentina
de
Locutores.
El 23
de
julio
de
1974
los
canales
9 y 11
fueron
copados
transitoriamente
por
pequeños
grupos
armados
pertenecientes
al
Sindicato
Argentino
de
Televisión,
mientras
el
personal,
ajeno
a los
hechos,
deliberaba.
El 30
de
julio
los
propietarios
se
comprometieron
a
vender
los
bienes
muebles
e
inmuebles
de los
canales
9, 11
y 13 y
de las
productoras
Telecenter
(proveedora
de
contenidos
del 9)
y
Proartel
(proveedora
del
13).
Al día
siguiente
varios
sindicatos
se
reunieron
con el
líder
radical
Ricardo
Balbín;
a
dicha
reunión
no
concurrió
el
Sindicato
Argentino
de
Televisión,
muy
cuestionado
por la
toma
inconsulta
de los
canales
una
semana
antes.
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