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Apuntes-Tesis » Imagen
 
 
 
IMAGEN PRESIDENCIAL
 

 

 

2.1- Definición de asesor de imagen política.

        La inclusión de los consultores políticos dentro del mundo de las contiendas electorales, es debido a que los estudios de diagnósticos y los conocimientos sobre los comportamientos del electorado con respecto a las instituciones y los sistemas de poder, que ofrecen estos profesionales, son de suma importancia para el posicionamiento de un político dentro de una determinada sociedad. El consultor encuentra su lugar dentro de la actividad política, a través de las técnicas que ofrece para tal servicio y la constante investigación sobre nuevas practicas para implementar sobre el objeto de estudio en cuestión.

        La consultoría de comunicación e imagen política, es una disciplina que utiliza y encamina las herramientas de la profesión, en pos de realizar un trabajo de posicionamiento de otra persona. Su trabajo consiste en aplicar las técnicas que estén a su alcance, para el objetivo de llevar al político hacia el poder y optimizar su forma de hacer política.

        La destreza de un consultor se trata de encontrar los puntos fuertes de la personalidad del candidato, como así también otros aspectos de hombre político, y poder maximizarlos al punto de minimizar las debilidades que éste presente. La idea es presentar ante el electorado una personalidad consolidada y que demuestre confianza en si mismo.

        En definitiva se trata de hallar el punto coyuntural entre la personalidad del candidato, el perfil ideal para esa campaña y las expectativas de la sociedad.    

        Muchas veces se piensa que con las nuevas herramientas de comunicación política, los medios masivos, nuevas técnicas,  etc. Se puede construir un candidato mágicamente y otorgarle liderazgo o poder de convencimiento, utilizando en forma correcta estas herramientas de comunicación.

        Pero para los consultores políticos esto es todo lo contrario. Si bien es importante contar con los medios de comunicación, que son los que nos dan la posibilidad de mostrar a la gente el perfil que hemos elaborado en un candidato, es imprescindible contar con un candidato que sepa como enfrentar la campaña y desde que lugar va a captar las cuestiones políticas.

        Sin candidato no hay campaña política posible. El cliente puede delegar en los asesores de comunicación, la tarea de conducción de la campaña. Pero las decisiones son esencialmente del candidato y los asesores, en este caso, sólo deben aconsejar u opinar en función de su experiencia. Corresponde que se le brinde las diferentes opciones ante un problema, con sus consecuencias, y por último, brindarle nuestra posible elección.

2.2- Rasgos que no pueden faltar en el candidato perfecto: carácter, credibilidad, dinamismo, carisma y liderazgo

       Lourdes Martín Salgado en su libro Marketing Político, Arte y ciencia de la persuasión en democracia; nos ofrece una descripción particular de cada uno de los rasgos que más interesan al electorado al momento de elegir una “personalidad” que los represente. Una vez desarrollado el tema daré una conclusión con las diferencias que presenta esta autora, con otro que se desarrollará más adelante.

       Se parte de la base de que los votantes tienen un ideal en su imaginario y que eligen al candidato que más se acerca a ese ideal. El hecho está en que cuando los candidatos se tienen que medir con un ideal nos da una idea de por qué muchos ciudadanos terminan desilusionados. “Queremos que nuestros candidatos encarnen las virtudes que atribuimos al más grande de nuestros líderes: fuerza de carácter, visión, carisma, capacidad de estar por encima de la “politiquería” , habilidad para lograr el consenso, capacidad moral para ver y hacer lo correcto, poder para derrotar a las fuerzas del mal ( o por lo menos a los cínicos, a los refunfuñones y a los críticos), la habilidad para conseguir que se hagan las cosas y que el mismo tiempo éstas parezcan fáciles, manteniendo siempre su cercanía con el ciudadano común”3. Las altas expectativas pueden explicarse no sólo por qué hay votantes disconformes, sino también por que hay otros muchos que renuncian, ya que no consta el –superhombre- mencionado, y si existiese, seguramente no sería candidato. Como Page afirmó, recordando la visión platónica, “es poco lo que podemos hacer ante la escasez de reyes filosóficos”4.

        A pesar de lo expuesto,  los candidatos imponen sus estrategias con el propósito de demostrar que pueden consumar  las expectativas de los ciudadanos. Desde hace cuatro décadas que se realizan investigaciones preguntando a los ciudadanos cuáles son las cualidades que prefieren ver en un candidato. Los resultados no han cambiado mucho con el transcurso del tiempo: honestidad, competencia, integridad, capacidad de liderazgo y energía. Comunicar esas cualidades significa demostrar carácter, credibilidad y dinamismo.

2.2.1- Poseer carácter es determinante.

        No sólo los políticos, sino cada uno de nosotros nos enfrentamos en la vida diaria a demostrar el carácter. Siendo íntegramente decentes e inconscientes respecto a las estrategias que seguimos para caer bien ante los demás, transmitimos impresiones parciales, es decir que, nos mostramos selectivamente y de forma incompleta hacia los demás. Por consiguiente, cada vez que nuestro objetivo sea persuadir a alguien de algo, es conveniente practicar un control consciente y premeditado sobre el carácter que transmitimos. Esto, desarrollado para los candidatos, sería tener presente en todos los actos de aparición pública el carácter determinado que se formula en la construcción del perfil para la campaña

        El sociólogo Erving Goffman explica de forma reveladora la conducta humana con una metáfora teatral. En La presentación de la persona en la vida cotidiana5 defiende que, a menudo, las personas tienen que provocarse la impresión que causan en los demás, y esas actuaciones son las acciones de los que buscan influir a otros. Goffman recomienda que especulemos en nuestra conducta como un “arte de gestión de la impresión”, pero, sin descuidar la ética, afirma que esas actuaciones no son precisamente mentirosas y que es necesario distinguir las actuaciones francas  de las que no lo son. Goffman insiste en la necesidad de contar con una estrategia casi como requerimiento ético, dado que una persona puede ser honrada y no tener la capacidad de trasladar esa honradez a su público, y por ende deja esa gran posibilidad de mostrar honestidad a otro que no la posee, pero que efectivamente sabe transmitirla. De pasar esto nos encontramos con un opositor que tomó una cualidad de nuestro candidato como propia, y dificulta nuestra estrategia personal.

        En planes de explicar ésta metáfora, los candidatos son los actores que actúan en una obra a la que llamamos contienda electoral. Más precisa aún la similitud, la campaña es el casting o audición en donde los candidatos se muestran para competir por el papel principal. Y con ese objetivo intentan personificar ciertas cualidades que el público espera distinguir en un gobernante: liderazgo, honestidad, competencia, etc. Los candidatos tratan de manifestar que su carácter es el mejor que se adecua al –carácter presidencial-, distinguiéndose de su adversario político.

        El candidato tiene la posibilidad de dar a conocer y mostrar su carácter al electorado a través de dos dominios: el de los rasgos del área profesional que afecta directamente a su capacidad para ejercer un cargo, y el de variables pertenecientes a su vida privada, a partir de las cuales intentará que se deduzca su idoneidad para el cargo. En realidad, todo vale para mostrar carácter: “Comentarios o ataques acerca de la credibilidad de un candidato, su honestidad, fidelidad, inteligencia, ética profesional, sentido de la justicia, competencia, carisma, vitalidad, fuerza, valor y otros rasgos de su personalidad. Comentarios o ataques acerca de su historial médico, religión, vida sexual, familia, amigos, estado civil, matrimonios o relaciones anteriores, situación económica y otras facetas de su vida personal”6.

2.2.2- Poseer Credibilidad, es contar con honestidad y experiencia.

        La credibilidad es la base de la persuasión, es la condición directamente proporcional para obtener el éxito en la comunicación de un mensaje. Un mensaje apropiado, atractivo y coherente comunicado por un vocero de baja credibilidad carece de validez. Por el contrario, un portavoz que goza de un nivel de credibilidad alto nivela a menudo las debilidades del mensaje.

        Hay diferentes opiniones entre los consultores a la hora de determinar si las campañas deberían centrarse en los candidatos o en las campañas, pero sí todos apoyan la teoría de que establecer la credibilidad es condición imprescindible para ambos. “El propósito de la estrategia de la campaña es usar tácticas para convencer a los votantes de que es importante que tú los representes. Para que te concedan el poder de hablar por ellos, hace falta que confíen en ti. No se trata de una confianza genérica o difusa del carácter, sino una confianza política en que tú, el candidato, tienes las mismas prioridades que ellos. Las tácticas y los temas de una campaña pueden parecer simplistas a quienes prefieren sesudas ponencias, razonamientos y análisis, pero su propósito es atraer la confianza, no el intelecto”7.

        Los investigadores contemporáneos han utilizados dos perspectivas, deductiva e inductiva, para estudiar la credibilidad del comunicador.

        La perspectiva deductiva estudia la credibilidad colocándose en la fuente y está representada por Hovland, Janis y Kelley8. Según éstos, la credibilidad se consigue cuando el comunicador conjuga dos factores: experiencia y honradez. En cambio, la perspectiva inductiva, representada por McCroskey9, define la credibilidad como una actitud del receptor hacia el comunicador.

        Las personas no poseen credibilidad de forma innata o de forma adquirida. Una misma persona al momento de comunicar, puede tener una enaltecida credibilidad para ciertos grupos y a su ves escasear de este rasgo para otros grupos. Esto se puede observar claramente en la política desde el punto de vista en el que un candidato genera diferentes niveles de credibilidad en sus seguidores, que en los que apoyan a su adversario y así mismo en los independientes. Pero esto no significa el descarte por completo de la utilidad de la orientación  deductiva, dado que existen ciertas características que suelen ser percibidas en aquellas personas consideradas creíbles, y entre ésas encontramos la experiencia y honradez. De esta manera los estrategas de las campañas políticas, intentan establecer en sus candidatos el rasgo de credibilidad a través de mostrarlos como hombres honrados y hacer notar que están preparados para el cargo en disputa.

        Hovland y sus colegas establecieron que un comunicador se le percibe como honrado cuando los espectadores observan que el comunicador pretende comunicar las afirmaciones que él considera más válidas. El factor determinante son las intenciones del comunicador. En la campaña, según esta enunciación, un candidato es tomado como una persona honrada cuando el electorado no tiene la impresión o la sensación de que el candidato está mintiendo; es decir, no se trata tanto de que el votante esté de acuerdo con lo que dice el candidato o de que piense que tiene razón. Sino que, la estrategia se trata de conseguir que el público perciba que el candidato está siendo sincero y que crea realmente en lo que está diciendo el político.

        Existen algunas estrategias para conseguir que el candidato transmita honradez a su electorado. Una de ellas es abrirle las puertas de su vida privada a la prensa, dando a conocer sus rincones más íntimos y dejando entrever que no tiene nada por ocultar a la sociedad. Otra postura muy interesante para transmitir honradez, es la de contrariar los intereses  del auditorio que puede generar un alto nivel de persuasión. Esto se debe a que si bien el auditorio no escucha lo que quiere oír con respecto a un tema, sí escucha la opinión sincera del candidato y rompe con el estereotipo de los políticos que dicen solo lo que quiere escuchar el auditorio presente. De esta manera el candidato gana credibilidad para un futuro y sobre todo da la imagen de una persona que mantiene sus pensamientos. 

        Sin embargo, compensando la validez de estas estrategias, se dan en las campañas electorales dos factores inherentes a la persuasión que perjudican la credibilidad de los candidatos. Son los nombrados “sesgo de conocimiento” y “sesgo de información”10.

        El sesgo de conocimiento se basa en que el auditorio piensa que los orígenes del candidato y sus conocimientos son un impedimento para que se ocupe de los problemas de la gente y pueda observarlos desde diferentes ópticas. Esto deriva que un candidato perteneciente a la clase alta, se le es difícil de hacerle creer al electorado de clase baja, que está capacitado y sumergido en la realidad social, de la misma manera que un candidato de origen humilde.

        El sesgo de información tiene lugar cuando el público deduce que el momento o el escenario en la que tiene lugar la comunicación comprometen la soltura del comunicador a mostrarse abierto y sincero. Este sesgo es típico de las campañas electorales. Los ciudadanos son concientes de que los candidatos están obligados a decirles lo que ellos quieren oír para captar su atención. Existen varios experimentos psicológicos en los que se observa que si el auditorio capta que la intención del candidato es la persuasión, este, baja su percepción de hombre honrado. Así mismo el electorado asume que las promesas de campaña son artilugios que pueden quedar en el olvido, dado que las campañas están para persuadir y ganar adeptos, y no para informar. No obstante hay que dejar en claro que esto produce una disminución en la credibilidad.

Todos los políticos parten con un ethos negativo al momento de persuadir, que puede ser reforzado o suavizado en el transcurso de la campaña. El votante suele reflexionar la credibilidad de los candidatos sólo en términos relativos: quién es más creíble.

        Queda por explicar que con respecto a la experiencia, que la podemos ver reflejada también con los nombres de competencia, cualificación, autoridad, capacidad etc.; que estos son los conocimientos  que el estratega de la campaña intentará transmitir al electorado para que vean que el candidato sabe de lo que esta hablando. Estas variables se manejan para lograr en la fuente un alto grado de conocimientos, inteligencia, prestigio social o un pasado profesional notable. Demostrar estos rasgos al electorado aporta de manera positiva a forjar la credibilidad del candidato. Toda la información que se suministre del político con respecto a su experiencia, tiene como finalidad minimizar la incertidumbre de los votantes sobre la capacidad del candidato para ejercer el cargo.

        Existen diferentes estrategias para demostrar experiencia, pero la diferencia principal se radica entre las que se utilizan para un candidato que busca la reelección y otro que nunca haya ocupado el cargo.

        Para el caso de la reelección, la experiencia puede ser la base de la campaña, debido a que presenta experiencia en el cargo y más creíble y eficaz resulta, si los resultados de los últimos años de gobierno del candidato han sido prometedores. Usualmente los hechos nos demuestran que el presidente salga reelegido como se puede observar en la historia de EE.UU. con los ejemplos de Eisenhower en 1956, Johnson en 1964, Nixon en 1972, Ford en 1976, Reagan en 1984, bush en 1992 o Clinton en 1996. Así mismo algunos Vicepresidentes han utilizado como base de campaña su experiencia en el poder para llegar a la  presidencia, tal es el caso de Nixon en 1960, Bush en 1998 o Gore en el 2000. No obstante hay que dejar en claro que esta modalidad presenta una dificultad si el periodo de estos candidatos no ha sido de lo mejor en la escena política.

        Para los opositores con aspiraciones a la presidencia se les resulta más dificultoso apoyarse en la experiencia. Lo habitual es que traten de demostrar su dominio de los temas a través de cifras y estadísticas con más frecuencia que su adversario.

        En definitiva, aunque la experiencia sea útil para la manipulación del mensaje, no existe una sola capacidad que sea más persuasiva que las demás, se trata sobre todo de maximizar las que se tienen. Vale destacar que las capacidades, sean cuales sean, se utilizan para reforzar una previa disposición del votante.

        La concepción de honestidad y de experiencia se desarrollaron de forma separada, lo que no significa que estén en la práctica de la misma manera, de hecho se encuentran estrechamente relacionadas. El candidato debe lograr la homogeneidad de las dos ya que su separación puede ser contraproducente. Los votantes no aceptarán a un experto en temas pertinentes a la presidencia sin que demuestre honestidad y de la misma manera ocurrirá cuando tenemos a un candidato honesto pero obsoleto para los conocimientos de los temas presidenciales.

2.2.3- Contar con un candidato activo y positivo, marca dinamismo.

        El dinamismo si bien se encuentra en todas las campañas, es un rasgo personal que no tiene tanto peso como la credibilidad. Esto quizás se deba a que es un factor más fácil de construir en un político, aunque a veces no siempre con éxito.

        La psicología nos indica que positivo/negativo, activo/pasivo y fuerte/débil son dimensiones claves a través de las cuales observamos y evaluamos a los demás. En una campaña, los votantes responden ante un candidato valorándolo como bueno o malo y valorando su fuerza y su capacidad para la acción política. ¿Qué hacen los candidatos para mostrarse fuertes y activos?

        El dinamismo como factor de credibilidad lo identificaron Berlo, lemert y Mertz11, afirmando que “un comunicador con una elevada tasa de dinamismo sería descrito por el auditorio como fuerte, enfático, franco, contundente, activo, energético, vigoroso... Mientras que un comunicador que careciese de este factor sería descrito como dócil, flemático, pánfilo y vacilante”.

        La tipología de James D. Barber12 para evaluar a los líderes políticos se basa esencialmente en este factor de dinamismo. Según Barber, “Dos dimensiones interactúan para producir cuatro tipos de carácter; las dimensiones son el nivel de actividad (activo o pasivo) y el efecto que produce esa actividad (positivo o negativo)”. De esta manera, una persona convierte activamente su entorno o es pasivamente convertida por ese entorno, y sus esfuerzos en la vida los distingue como una oportunidad que disfruta o como una carga que debe sobrellevar. Según esta tipología, el carácter eficaz que el candidato debe presentar en una campaña es el activo-positivo, donde la conveniencia que se crea entre ser muy activo y disfrutarlo marca que el candidato tiene un alto nivel de autoestima y una relación enfocada con el entorno. Barber sostiene que para los votantes es esencial juzgar el carácter del candidato (lo que él considera carácter, basado en el factor dinamismo) porque un presidente es algo más que la suma de sus políticas.

        Ser una persona con rasgos positivos, nos puede identificar a una persona con esta referencia hacia sí misma, hacia el trabajo ó hacia los demás. Estos tres campos de actuación no siempre se concentran o coinciden. Para el caso que nos compete, podemos hablar de que un candidato puede gozar de su trabajo y a la vez transmitir negatividad en la relación con los que lo rodean en su vinculo interno y externo.

El electorado apela a buscar el factor positivo en los líderes que se postulan en la carrera electoral, no solo como símbolo, sino también por pragmatismo. Esto lleva a que en las campañas se busque transmitir que el candidato es positivo en los tres campos: es una persona que esta a gusto consigo misma, que busca el contacto con los demás porque le atrae y que desea ser presidente porque está convencido de que hará un buen trabajo.

        En plena campaña es cuando los políticos intentan demostrar dinamismo. Para demostrar éste factor, se prestan a situaciones que quizás están muy lejos de su personalidad. Salen a hacer ejercicios en la mañana de cada día, se muestran en actividades deportivas populares y realizan caminatas por los barrios en donde aprovechan a mostrarse cálidos con los vecinos dándoles saludos afectuosos a los niños y personas que se le cruzan por el camino de la campaña.

2.2.4- ¿Existen similitudes entre Liderazgo y carisma?

Sin duda uno de los rasgos más buscados por los asesores políticos en un candidato es el liderazgo y el carisma que todo político le gustaría tener en forma innata.

El uso político del término –carisma- se lo debemos al sociólogo alemán Max Weber (1864-1920), quien lo definió como “una cualidad extraordinaria de una personalidad en virtud de la cual ésta es considerada como poseedora de poderes y cualidades sobrenaturales o sobrehumanos, o cuanto menos excepcionales, no accesibles a los demás”13.

En la retórica electoral contemporánea, los candidatos no intentan destacarse por sobre el ciudadano común con un don sobrenatural que los diferencie del resto de los hombres. Todo lo  contrario, la manera que tiene un candidato de mostrarse cerca de los ciudadanos, es presentarse como uno más entre ellos, como gente corriente y asimilando semejanzas. Y con ese fin el candidato incrementa su proximidad, su cordialidad y, si su personalidad se lo permite, su empatía.

En este marco, se distinguen dos tipos de influencia que son también dos tipos de liderazgo: el del tipo político como –ideólogo- y el político como –representante-. “El primero define objetivos y busca reformas; el segundo dice representar los intereses de un grupo. La retórica de las campañas responde más a menudo a la segunda categoría, y para demostrar que se comparten los objetivos de la mayoría, nada más efectivo que presentarse como parte de esa mayoría”14.

Los candidatos se exhiben como personas normales que pretenden resaltar sus vivencias cotidianas con el fin de hacerle ver al electorado que sufren los mismos problemas que ellos. Dan muestra de esto hablando del costo de la canasta familiar, la pobre educación que tienen sus hijos en los colegios públicos o la falta de seguridad que reina en el país. La validez de esta retórica se apoya en el principio persuasivo de la similitud.

La similitud puede mostrarse a través de diferentes características más o menos eficaces para la política; características que van desde el credo, raza  o el status socioeconómico del candidato a sus costumbres. R. M. Perloff distingue cuatro dimensiones básicas en las que puede buscarse la similitud: “las actitudes (¿el candidato piensa como yo?), la moral (¿se rige por los mismos estándares éticos que yo?), el origen (¿proviene de la misma –clase- o nivel económico?, ¿de la misma región?), y el aspecto (¿tiene algún parecido con el mío?)”15. La misión de este cuestionario es que el candidato día a día se manifieste estos interrogantes con el fin de obtener más afinidad con su público.  

Como objetivo buscado, el candidato aspirará a encontrar un equilibrio y una fusión entre la imagen de hombre común y la del candidato perfecto. El asesor de comunicación intentará durante la campaña llegar a ese objetivo, examinando la mejor opción posible de liderazgo real y carisma popular para su candidato.

2.3- Perfiles ideales buscados por asesores, se enfrentan al real del candidato

En una definición más centralizada sobre el perfil ideal de los candidatos políticos, Gustavo Martinez Pandiani en su libro de Marketing Político, Campañas, Medios y Estrategias Electorales; nos da una visión más simplista y detallada sobre los perfiles ideales y reales que debemos tener en cuenta a la hora de construir una imagen política.

Por lo general los equipos de asesores en las campañas presumen que el candidato ideal para los electores, es que tenga “personalidad”. Pero para los votantes esto no alcanza, exigen que ese candidato cuente con una clase definida de personalidad.

Este perfil especifico de “candidato elegido” no es parte de una formula predeterminada que no se pueda modificar y tampoco significa que sea eterna, ni debe ser tomada como un modelo aplicable a cualquier campaña sea presente  o futura. Es de suma importancia tener en claro que el candidato ideal que se presenta en un determinado contexto histórico, es valido para ese comicio determinado.  Da cuenta de esto, que los rasgos de personalidad que hoy llevaron a la victoria, el día de mañana pueden ser factores que lleven a la derrota.

En relación a esto, Eugene Burdick, profesor de teoría política de la Universidad de California, realizó un estudio acerca de las cualidades del “candidato perfecto”. Los resultados de la investigación arrojaron como resultado que los líderes no llegan al poder gracias a sus ideas y proyectos, sino que se posicionan en las mentes del electorado en función de su imagen y su personalidad.

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