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Por: Dra.
Mónica G. Soteras *
A
partir del “mundo sin fronteras” propiciado por la globalización donde el
pensamiento es universal, pero la estrategia local, ya no hay dudas sobre el
modelo de organización como un sistema abierto en red, constituida por
pequeños grupos de trabajo que interactúan entre sí a través de una red de
comunicación en permanente interacción con su entorno. Es claro que para la
consecución de los objetivos se torna esencial el aprovechamiento de la
inteligencia, creatividad y capacidad de decisión de todas las personas que
la integran, orientadas por una visión compartida.
Frente
a los cambios operados en la sociedad de “tercera ola”, basada en la
información, la comunicación y la tecnología, tan profundos como globales
que algunos autores no dudan en afirmar que estamos frente a la tercera gran
revolución de la humanidad, la organización y en particular la empresa, es
uno de los actores sociales más arraigado en su seno, generadora
indiscutible de “valor”
(1)
y motor del cambio social, pero a su vez se encuentra condicionada e
influida por las variables contextuales y debe adaptarse permanentemente a
ese cambio para lograr su permanencia.
Este
modelo de organización virtual, con límites permeables y cambiantes entre
los proveedores y clientes, los frecuentes procesos de reestructuración
interna para impulsar la acción y ejercer influencia, el crecimiento del
sector industrial y servicios donde el rol del personal es clave, la
innovación y creatividad como un proceso permanente donde la capacidad para
resolver problemas imprevistos es un valor; exige romper con los clásicos
paradigmas de la teoría de la administración y propiciar una nueva lógica
empresarial, un nuevo enfoque paradigmático caracterizado por un equilibrio
o armonía entre el subsistema técnico y el social, más específicamente entre
las funciones específicas y orgánicas.
(2)
Las
específicas son aquellas que hacen a la lógica central o razón de ser de
acuerdo con los fines fundacionales, definidas principalmente por el
rendimiento y la competitividad. Las orgánicas, representan la lógica
marginal y contribuyen a la integración de la organización con la comunidad
en la que se desarrolla, definidas por las políticas y comportamientos como
la gestión del capital humano y la responsabilidad social, donde la
simbiosis se explica perfectamente a través del concepto de reputación
corporativa.
(3)
Sin
embargo esta nueva visión de la doctrina empresarial integrada, que a esta
altura nos parece pertinente, surge a partir de los ’90 como un verdadero
desafío que los profesionales de la comunicación tuvimos que enfrentar.
Hasta ese entonces la comunicación organizacional prácticamente giraba en
torno a la comunicación comercial, coordinada por departamentos de
publicidad y la comunicación con los medios a través de departamentos de
prensa.
Con
la crisis publicitaria del ’93 y el cambio hacia criterios estratégicos más
cualitativos que cuantitativos en las relaciones informativas, el terreno
estaba preparado para la figura del DirCom -Director de Comunicación- como
responsable de la gestión de los intangibles.
En
este sentido mucho se ha avanzado hasta la actualidad, pero también nuevos
interrogantes se plantean como por ejemplo: ¿cuál es su perfil profesional?
¿Qué nuevas competencias generales y específicas debe desarrollar para
integrar desde la comunicación los distintos inputs y outputs que
identifican a su organización como elemento diferenciador?
Las
respuestas a estas preguntas dependen de muchos factores. Pero sin lugar a
dudas el rol de la comunicación interna como un elemento facilitador de la
integración del personal en el proyecto institucional es clave, si se tiene
en cuenta su impacto en la generación de la concepción, diseño y desarrollo
de la visión. Además como agente de cambio posibilita la adaptación al
contexto y representa un elemento de cohesión que permite dirigir las
acciones estratégicamente.
(4)
Por
lo tanto la comunicación interna es un elemento inherente a la propia
organización, está implícita en su propia esencia y por lo tanto el acento
se debe poner en la formulación de estrategias y no en las tácticas para
comunicarlas.
Este
planteamiento parte de la premisa que entre la comunicación y las tácticas
falta un Puente Estratégico, su diseño y consolidación está representado por
las diferentes estrategias de Intracomunicación. Las cuales posibilitan la
implantación de valores y el comportamiento espontáneo de los empleados.
(5)
Lejos
de ser considerada meramente un instrumento para influir en la opinión de
los empleados, reducir los conflictos laborales, conseguir que se conozcan y
acepten las políticas institucionales; sino como un elemento integrador del
sistema empresarial. Se puede definir como el proceso estratégico de gestión
basado en la cooperación para conseguir la adaptación de la organización a
las cambiantes exigencias del entorno.
La
propuesta metodológica consiste en optimizar la comunicación de las
organizaciones “de adentro hacia fuera” y “de arriba hacia abajo” poniendo
en juego la filosofía del modelo de la intracomunicación.
Pero
¿cómo implementar este modelo que exige un cambio radical de paradigma? En
primer lugar es preciso destacar que en este nuevo enfoque la
intracomunicación es incumbencia de toda la organización, es decir “todos
somos comunicadores” y la responsabilidad recae sobre cada una de las áreas.
Esta
particularidad exige la conformación de un Comité Estratégico integrado por
los máximos responsables de cada una de las gerencias, encargado de aprobar
el plan general y los específicos, una Comisión Coordinadora conformada por
el responsable de la Comunicación Interna y un representante de cada área,
como nexo entre el programa general de comunicación, las iniciativas y
actividades programadas para cada unidad y el Dpto. de Comunicación Interna,
el cual debe crear las condiciones favorables que faciliten la
implementación de los programas de comunicación en la organización.
Con
el objeto de obtener los resultados esperados se hace necesario analizar
cuatro áreas, que permiten abarcar toda la problemática de la comunicación y
asegurar el control y evaluación final: el área situacional: consiste
en realizar un diagnóstico de la situación real que permita una definición
del problema y los objetivos.
El
área estratégica: se trata de seleccionar e implementar en forma
coordinada aquellas estrategias que posibiliten la consecución de los
objetivos. En definitiva la definición de la estrategia implica prepararse
para el “cómo decirlo” convirtiendo finalmente el concepto en idea. Veamos
algunas:
Actuar
sobre las verdaderas causas de los problemas en materia de comunicación
interna no es una tarea menor, tampoco imposible. Esto es lo que propone la
estrategia del apalancamiento, principal exponente del proceso de
intracomunicación, encaminada a averiguar las causas subyacentes o últimas
que ocasionan un determinado problema o situación que se pretende solucionar
o modificar, y una vez descubiertas, actuar sobre ellas para obtener el
objetivo propuesto. Veamos cada una de ellas:
Franquicia:
consiste en transferir profesionalmente la explotación de la comunicación
interna a una determinada área, verificando el cumplimiento de los objetivos
estipulados. Por ejemplo, la franquicia de la comunicación interna a cada
una de las áreas frente a procesos de reestructuración.
Adelantamiento:
se
trata de preparar los medios, establecer los procedimientos y realizar las
acciones encaminadas a conseguir que la comunicación siempre sea proactiva,
que se genere antes de que los acontecimientos ocurran. Esta puede ser muy
apropiada frente a situaciones adversas, muchas veces por temor a enfrentar
el problema se opta por no comunicar cuando en realidad el receptor va a
recibir el mensaje de otras fuentes, lo que aumenta el nivel de conflicto.
Ejemplo: razones que justifiquen las decisiones de los directivos frente a
política de premios e incentivos o desarrollo de carrera del personal.
Nominación:
disponer lo necesario para conseguir que cualquier acción de comunicación no
sea un frío intercambio de información entre elementos anónimos de la
organización, sino que se produzca en el marco de una relación empática
entre dos o más personas plenamente identificadas y que se conocen
mutuamente. Es decir determinar los mecanismos de acción y retroacción
frente a cada mensaje identificando siempre el emisor y el receptor de la
comunicación.
Acercamiento:
trata
de utilizar la logística de la distribución para garantizar que la
información que se vaya a transmitir llegue a su destino sin distorsiones.
Un ejemplo puede ser tratar de evitar los intermediarios en el proceso y por
lo tanto preferir la comunicación directa y personal, al mismo tiempo sirve
para evaluar el impacto del mensaje recibido.
Acompañamiento:
programa acciones personalizadas en las que un “guía” apoya el tránsito de
una situación a otra; aclara las dudas que surgen y disipa incertidumbres,
es decir acompaña durante todo el proceso. La política de contratar
consultores externos ante procesos de fusión cultural.
Ritualización:
plantea la necesidad de poner en marcha rituales, actos en definitiva, que
sean capaces de visualizar y transmitir la comunicación interna por sí
mismos y que con el tiempo se institucionalicen. Un claro ejemplo puede ser
la imposición de la vestimenta informal los días viernes en muchas empresas.
Facilitación:
averigua qué obstáculos o trabas se interponen en el proceso de comunicación
y una vez identificados, se procede a su eliminación, o al menos a
apartarlos. Por ejemplo la transferencia de ciertos empleados de un sector a
otro.
Diseño:
utiliza las técnicas y métodos del diseño en intracomunicación con el
objetivo de ayudar a captar la atención de los destinatarios de la
información y despertar su interés, de forma que abra la puerta al
conocimiento del mensaje que ser requiere transmitir. Ciertos mensajes en
clave o acertijos para anunciar un programa de premios e incentivos al
personal.
Anclamiento:
consiste en la ordenación metodológica y sistemática de procesos y recursos
encaminados a lograr la consolidación del cambio a través del tiempo con el
objeto de que lleguen a formar parte de la cultura organizativa.
Institucionalizar desayunos de trabajo no como una táctica esporádica sino
como un elemento cultural de la organización.
Una
vez definido el mix-estratégico, se pasa al área operativa, se divide
el plan de comunicación en fases y para cada una de ellas se formulan los
objetivos, estrategias operativas y acciones concretas. Finalmente el
área de auditoria, ya que es necesario evaluar la eficacia en la
distribución e impacto del mensaje.
En
definitiva este enfoque paradigmático visualiza a la intracomunicación como
estrategia y catalizadora de voluntades compartidas, en permanencia y no
frente a situaciones de crisis, prioriza la función consultiva y no la mera
administración de los mensajes, es transversal y se encuentra cerca de la
realidad cotidiana de cada una de las diferentes áreas porque el mensaje
tiene significado para todos.
Si
bien cada vez en mayor proporción las organizaciones están flexibilizando
sus estructuras y cambiando hacia sistemas organizativos más participativos,
hoy el cambio se impone como un imperativo para el éxito de la gestión.
Para
imponer su modelo hace falta un cambio sobre los supuestos que tienen los
directivos acerca del verdadero rol que cumple la comunicación interna, una
dirección comprometida con el nuevo paradigma, elaborar un plan para poder
enfrentar los obstáculos y tener la fiel convicción de que la
intracomunicación es hoy una condición esencial para el óptimo
funcionamiento y desarrollo organizacional.
*
Por: Dra.
Mónica G. Soteras, Lic en Relaciones Públicas.
Periodista. Doctora en Sociología del trabajo. Profesora titular de la
cátedra “PUBLICOS INTERNOS” 2do. Año Lic. de RR.PP. e Institucionales,
Universidad Argentina de la Empresa –UADE.
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(1) Soteras,
Mónica, “Empresa, excelencia para competir”
Premio Academia 1994 "Alfredo Fortabat: La Empresa como Creadora de Valor",
Academia Argentina de Ciencias de la Empresa - UADE-
(2) Bonilla Gutiérrez, Carlos. Relaciones Públicas: factor de competitividad
para empresas e instituciones. Buenos Aires: Macchi, 2002. 166 p.
(3) Villafañe, Justo. La buena reputación. Claves del valor intangible de
las empresas.
Madrid: Ediciones Pirámide, 2004. 194 p.
(4) Wilcox, Dennis L.; Ault, Phillip H.; Agee, Warren K.; Cameron, Glen T.
Relaciones Públicas: estrategias y
tácticas. Ed. Madrid : Addison Wesley, 2001. 618 p.
(5) Elías, Joan; Mascaray, José. Más allá de la comunicación interna. La
intracomunicación. Barcelona: Gestión
2000, 2003. 306 p.
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