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¿Carece la Administración Pública Venezolana de imaginación?


Aportes de Castoriadis y Morin para entender el sector público

Por: Soc. Juan Carlos Rosillo Villena

 

“Tenía fama de ser muy puntual. El funcionario más puntual de
toda la burocracia mexicana. Fácil, decían algunos,
no hay competencia. Dificilísimo, decía Ruth la esposa de Félix,
lo fácil es dejarse llevar por la corriente en
un país gobernado por la ley del menor esfuerzo.”
Carlos Fuentes, La cabeza de la hidra.

 

Aclaratoria, a manera de introducción

Nuestro tema de tesis en la maestría es: La comunicación organizacional en situaciones de crisis ¿Qué hacer cuando la crisis es estructural? O los dilemas comunicativos de la Administración Pública venezolana. Decimos esto para aclarar al lector sobre las posibles, y necesarias, coincidencias con otros trabajos presentados en el transcurso de las clases. En cada asignatura hemos intentado engranar el eje conceptual de la misma con relación al tema de tesis. Así, hemos trabajado la racionalidad en el ámbito público, la inoculación comunicativa en el sector público (metáforas comunicativas) y más recientemente los problemas éticos de la Administración Pública. Consideramos importante aprovechar los aportes de las asignaturas para el proyecto final.

Nos interesa el tema por dos razones. La primera es el hecho de trabajar en el sector público y convivir a diario con su dinámica. Como segundo motivo buscamos respuestas a la interrogante sobre las prácticas comunicacionales basadas en las crisis ¿Qué se hace cuando vivimos en eterna crisis? Para ilustrar mejor nuestras motivaciones valga referir un caso recientemente ocurrido en la institución donde laboramos. Amén de las actividades rutinarias del organismo al momento de escribir este trabajo hay una emergencia que consta de tres situaciones: El presupuesto del año entrante; un proyecto de reglamento de ley y la reformulación del documento para solicitar préstamo al Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Las tres situaciones son prioridad y se rotan alternativamente en la dedicación de los equipos de trabajo. Llamadas van y vienen desde la presidencia hacia los cuadros medios. “El documento del BID es para ayer” dicen los gerentes y, en menos de dos horas, cambian la orden “el reglamento de la ley es para la semana pasada”. Apenas se han revisado la mitad de los artículos del reglamento cuando dicen “paren el reglamento, el ministro quiere el presupuesto para pasado mañana”. Tenemos serias sospechas de que en la AP venezolana trabajamos con una concepción muy particular de la crisis.

A pesar de conocer con antelación qué situaciones merecen particular atención casi siempre se espera a última hora para solventarlos lo cual genera un retraso de otras actividades. Quizás sea cierto el chiste de Otrova Gomas según el cual en Venezuela para tapar un hueco abrimos uno más grande. En todo caso, la comunicación en situaciones de crisis es objeto del trabajo de tesis, en el marco de Teorías de la Comunicación II buscaremos en las ideas de Cornelius Castoriadis y Edgar Morin claves para descifrar la situación del sector. Pretendemos pensar la AP desde adentro. Extraer de las tres situaciones de emergencia que debemos atender, quien esto escribe es asistente de una gerente general, elementos para caracterizar el estado del ámbito público. En otras palabras, comenzar un diagnóstico a partir de Morin y Castoriadis.

Precisamente, Morin aporta nociones para justificar la necesidad de ahondar en las concepciones que se tienen en el sector público:

“Nos es absolutamente necesario estar bien informados, pero esto no es en modo alguno suficiente para conocer bien. Lo importante no es sólo la información, es el sistema mental o el sistema ideológico que acoge, reúne, rehúsa, sitúa la información y le proporciona sentido.” (Morin, 1982: 50)

Se trata de contextualizar la información que poseemos. Buscar sentido al sinsentido que tenemos como sector público. Porque en la medida que conozcamos los sistemas mentales o ideológicos de los cuales habla el pensador francés podremos entender los hechos. Sinsentidos conocidos por todos los venezolanos: el sistema de salud, el sistema de identificación, la delincuencia, entre otros.

En la búsqueda del sentido que orienta a la AP hallamos los aportes de Castoriadis para entender la importancia que tiene el concepto:

“Toda sociedad (como todo ser vivo o toda especie viva) instaura, crea su propio mundo en el que evidentemente ella está incluida… En suma, es la institución de la sociedad lo que determina aquello que es “real” y aquello que no lo es, lo que tiene sentido y lo que carece de sentido.” (Castoriadis, 1997: 69)

Se trata de un interesante reto que abordaremos en lo sucesivo. Somos una sociedad con grandes dosis de creatividad e imaginación. Sin embargo ¿Carece nuestra AP de imaginación?

El objeto

¿Cuál es la función de la Administración Pública en Venezuela? ¿Cómo incide su funcionamiento en la situación actual del país? Al respecto, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece en su artículo 141 lo siguiente:

“La Administración Pública está al servicio de los ciudadanos y ciudadanas y se fundamenta en los principios de honestidad, participación, celeridad, eficacia, eficiencia, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad en el ejercicio de la función pública, con sometimiento pleno a la ley y el derecho.”

Uno de los problemas más importantes de la democracia venezolana ha sido la excesiva intromisión de aspectos políticos-partidistas en la dinámica del sector público. Mientras escribimos miles de ciudadanos sufren las penurias del sistema hospitalario o mueren a manos del hampa. El comentario viene al caso pues existe una discusión muy importante en términos del tamaño y competencias del ámbito público. El debate acerca del papel del sector público es muy extenso, algunos consideran que debe limitarse y otros, por el contrario, que debe ser fortalecido. Ahora bien, independientemente del tamaño y funciones del Estado consideramos que se impone la necesidad de que cumpla eficientemente su misión.

La Administración Pública es el organismo o conjunto de entes que un Estado encarga para gestionar y defender los intereses públicos, proteger los derechos y vigilar el interés general de la ciudadanía. Por su parte, Edgar Morin la define como:

“…una forma específica de organización con carácter de servicio público, dedicadas a la gestión y al control de las actividades de una Nación “(Morin, 2004: 1)

Vale la pena preguntarse sobre la pertinencia del concepto de servicio público. Si le preguntásemos a una muestra de venezolanos al respecto qué dirían. Tal discusión existe desde la Grecia antigua. Ya Platón (citado por Cornelius Castoriadis) se preguntaba si el buen camino {odos} es aquel que parte de los principios {ark hai} o aquel que va hacia los principios. (Castoriadis, 1988: 10)

Reflexiona en torno a sí misma la AP en Venezuela, se piensa. Cumple con su rol dentro de la sociedad. A qué se debe la desconfianza que genera el sector en su principal cliente: nosotros, la sociedad. ¿Tiene que ver con la noción de comprensión que plantea Morin?

“El problema de la comprensión se ha vuelto crucial para los humanos. … la incomprensión de sí mismo es una fuente muy importante de la incomprensión de los demás “(Morin, 2000: 99, 103)

Trabajar en una organización pública, salvo contadas excepciones, implica convivir con un personal mal pagado, poco motivado. Acostumbrado a hablar mal de su trabajo y con alta resistencia al cambio. Personas que quieren ser remunerados como jefes sin que eso implique mayor responsabilidad. Por otra parte, los cuadros gerenciales se hacen los sordos ante las necesidades, legítimas o no, del personal. “Radio pasillo” sustituye la comunicación formal. La comunicación organizacional se limita a la redacción de revistas o de estudios para fomentar el clima y la cultura institucional.

Existe poco contacto entre los jefes y su personal. Para los de arriba “el personal es flojo” y para los de abajo “los jefes son déspotas”. La noción de equipo pocas veces se maneja. Cada cual cumple, cuando lo hace, con sus funciones. A pesar de los problemas se cumplen las metas, tarde, a veces mal pero se cumplen. Retomando a Castoriadis y su noción de comprensión ¿nos comprendemos internamente en la AP? Será la incomprensión propia la que genera el mal funcionamiento del sector. En tiempos duros como los actuales consideramos importante asumir el reto de desenredar la madeja pública. Las aventuras autoritarias y los retrocesos de nuestra sociedad pasan, en buena medida, por el desencanto de los ciudadanos en el Estado. Esto supone un caldo de cultivo para el populismo y la visceralidad como instrumento electoral. Se vota por simpatías no por proyectos. La masa maltratada, golpeada por la crisis busca un mesías para alcanzar la felicidad.

El funcionamiento de los hospitales o la educación pasa a segundo plano ante la demagogia. Si ayer Anito convenció a la masa que Sócrates debía beber la cicuta, hoy los políticos reparten dinero a un pueblo a cambio de votos y los convencen de vivir a fuerza de la caridad gubernamental. Un día cae el ídolo de turno y nos refugiamos en otro. Mientras la AP se debilita. Como dice la sabiduría popular: los gobiernos pasan, el hambre queda. Para erradicar el hambre debemos contar con un sector público fuerte y al servicio de la colectividad.

El avance de la burocracia

Es probable que un funcionario público califique de loco a quien le diga que su trabajo carece de imaginación. “Con qué se come eso de la imaginación” respondería el desprevenido funcionario. “Mi trabajo es técnico” es otra posible respuesta o “tengo 10 años haciendo el mismo reporte qué imaginación ni que ocho cuartos” ¿Ese asistente administrativo traspasa el día a día en busca de explicaciones? Generan las disertaciones aumentos en la quincena.

Elevemos la interrogante a otra instancia ¿Se piensa el sector público a sí mismo? Es una organización inteligente, que se adapta a los cambios de la realidad. Al respecto, Fernando Uribarri en el prólogo del libro El avance de la insignificancia sostiene:
“Contra la visión habitual de la imaginación como espejismo, irrealidad o señuelo, Castoriadis ve en ésta la fuente de toda creación; aquello que permite escapar del determinismo y el racionalismo captando lo que en el hombre hay de poiético tanto en el plano individual como en el colectivo” (Castoriadis, 1997: 8,9)

Convivimos con expresiones de desaliento por parte de los funcionarios, constantes quejas y añoranzas de un mejor empleo. Cómo interpretar los comentarios. Limitamos su significado a meras frustraciones o coincidimos con el autor griego:

“La lengua no es-como se afirma estúpidamente-un instrumento de comunicación, ante todo es un instrumento de socialización. En y por medio de la lengua se expresan, se dicen, se realizan, se transfieren las significaciones de la sociedad” (Castoriadis, 1997: 165)

Transferimos las decepciones de un pobre país rico al ámbito público. La autoestima del venezolano se refleja en las oficinas gubernamentales ¿Por qué casi nadie sale bien en la foto del documento de identidad? Será por lo incómodo de su tramitación. Es probable que la misma energía empleada en lamentarnos por todos los males del planeta sirviera para mejorar sólo un poco los quehaceres cotidianos.

Al acercarnos a una oficina pública, a tramitar el pasaporte por ejemplo, muchos nos hemos sentido parte de una película de Tim Burton o como si la mente de Salvador Dalí nos estuviese jugando una broma. Castoriadis nos ayuda a entender por qué nos parece un absurdo la AP:

“Toda sociedad (como todo ser vivo o toda especie viva) instaura, crea su propio mundo en el que evidentemente ella está incluida… En suma, es la institución de la sociedad lo que determina aquello que es “real” y aquello que no lo es, lo que tiene sentido y lo que carece de sentido.” (Castoriadis, 1997: 69)

Sentido es lo que parece faltarle al país y al aparato público. En otras sociedades han creado mundos distintos, han dado sentido a un sector público al servicio de los ciudadanos. Es necesario retomar el planteamiento del autor en cuanto a que la historia es creación. Lamentablemente la sociedad venezolana en tanto creación tiene varios asuntos pendientes.
Somos un país, no Las ruinas circulares de Jorge Luis Borges. En un cuento es válido que otro nos sueñe. En la realidad es urgente crear, escapar de la facilidad del lugar común. Soñarnos a nosotros mismos si es preciso. Somos subdesarrollados por culpa de los españoles o de la maldad de los Estados Unidos. Jamás por nuestros errores o desaciertos. “Cristo viene… al Poliedro” dice una pinta en cualquier pared de Caracas. Añadimos nosotros, interesados en milagros llevar identificación como militantes del partido político en el poder. La corrupción se acaba con un nuevo gobierno. En el fondo legitimamos nuestra mala situación cada elección presidencial.

Como creadores de nuestra sociedad escasea la picardía criolla, nos hemos vuelto repetitivos. Acción Democrática (AD) se alió con los mandos militares del momento para derrocar a Medina Angarita. Los mismos mandos militares tumbaron a Rómulo Gallegos. Los adeístas pasaron a la clandestinidad y junto a los comunistas lucharon contra Pérez Jiménez. Al caer el dictador AD volvió a Miraflores y persiguieron a la izquierda. En 1998 la izquierda de la mano de un militar llegó al poder e hicieron lo imposible por enterrar al partido blanco. El pueblo de Betancourt es idéntico al de Chávez. Por ese motivo hemos dicho y escrito en prensa que no es de extrañar un retorno de los adeístas a la primera magistratura. Más allá de la simplificación anterior nuestra intención es dar una muestra de cuán cíclica ha sido la historia patria.

Otro ejemplo son las famosas reestructuraciones de organismos públicos. Durante una gestión se eliminan dependencias que en el futuro serán retomadas. Se cambian nombres pero se mantienen viejos vicios. Varían las identidades gráficas y se empeoran las prácticas.

El avance de la burocracia supone la falta de imaginación y de motivación transformadora para luchar por un mejor país. Puede parecer ingenuo hablar de ello en una época de grandes desilusiones. No obstante, como plantea Ernesto Sábato en Hombres y engranajes:

“…lo admirable es que el hombre siga luchando a pesar de todo y que, desilusionado o triste, cansado o enfermo, siga trazando caminos, arando la tierra, luchando contra los elementos y hasta creando obras de belleza en un mundo bárbaro y hóstil.” (Sábato, 1951: 120)

Para salir del siglo XIX

A pesar de estar en pleno siglo XXI y disfrutar de muchos avances tecnológicos la situación de la AP parece estar anclada en otro momento histórico. Nos referimos a la mentalidad, a la manera de actuar, para explicarnos mejor sirve la tesis de Graciela Soriano de García-Pelayo:

“Es posible que uno de los mencionados órdenes de la realidad coexistan a su vez, racionalidades propias de diversísimos momentos históricos: la racionalidad golpista decimonónica con las más democrática de nuestros tiempos; la racionalidad económica neoliberal descarnadamente competitiva y la racionalidad cuasi-feudal que aún perdura en algunos hábitos de explotación agrícola; y así sucesivamente.” (Soriano, 1993: 63)

A pesar de los pesares la gerencia pública aprende poco, conoce su especificidad, los avatares propios de la dinámica política y social del país. Sin embargo, es difícil poner en práctica la pregonada proactividad. Bien advierte Morin la necesidad de estar preparados para lo inesperado. A qué se debe la falta de iniciativa. Por qué nos encerramos en parcelas. Nuevamente Morin aporta sus ideas sobre la situación:

“…ya que la burocracia, en el sentido que le damos, es una patología administrativa donde el exceso de centralización le quita cualquier iniciativa a los órganos ejecutores, donde la jerarquía contribuye a la obediencia pasiva y a la ausencia de sentido de responsabilidad de loa que no pueden sino obedecer: donde, en fin, la hipersensibilización encierra a cada agente en su área compartimentada de competencia. “ (Morin, 2004: 1)

Cómo mejorar si muchas veces los gerentes parecen capataces de una hacienda. Si los funcionarios adeptos al gobierno de turno se consideran intocables por su esfuerzo en pro del partido. Quienes adversan al partido son relegados y castigados. Lejos de incluir segregan. Todo lo viejo, lo que huela a la gestión pasada es borrado sin tomar de ello los aprendizajes pertinentes. Por eso Morin insiste en que la democracia requiere conflictos y alimenta la diversidad de intereses e ideas. No se trata de politiquería, de diputados enfrentados delante de las cámaras y que negocian contratos al ritmo de boleros en un lujoso restorán del centro caraqueño.

La historia es creación, dice Castoriadis, creación de formas vitales. No existen predeterminaciones que le generen. Es necesario conocer la historia, entender cómo nos hemos creado. Qué patrones usamos para la confección la identidad societal, o en términos de Castoriadis, de las significaciones imaginarias.

“Pero nuestra ceguera con respecto a nuestro pasado es lo que nos precipita a la ceguera en nuestro futuro. El reconocimiento de la naturaleza una, diversa, pasada y actual del totalitarismo es necesaria para salir del siglo XX. “ (Morin, 1982: 186)

A partir de la cita anterior podemos pensar en la necesidad de superar el caudillismo y el mesianismo, entre otros males políticos, presentes en el país. En el ambiente de 2005 hay una suerte de inercia social, la polarización política de años anteriores desencadenó en muchos venezolanos un retraimiento preocupante, pues, independientemente de las preferencias ideológicas, estamos urgidos de proyectos para debatir, de visiones de país para analizar. No sólo estamos ciegos con respecto al pasado, estamos sordos frente a la problemática presente y mudos de cara al futuro.

El sector público refleja el autismo social de Venezuela. Se debate entre los postulados de servicio público y la lógica partidista clientelar. Casos como el incendio de la torre este de Parque Central ponen en evidencia la desidia gubernamental. Una simple pregunta se hacen los ciudadanos de a pie ¿Era más costoso prevenir que reconstruir la edificación luego del incendio? Los casos de corrupción del Instituto Nacional de Hipódromos o Recadi, más recientemente en el Plan Bolívar 2000 o el Fondo Único Social son otra muestra de la hipocresía política. Pocos se lucran con la pobreza de muchos.

“Desde hace mucho tiempo se habla de <crisis de valores>, esto debe ser así desde hace al menos cincuenta años, a tal punto que se corre el riesgo de recordar la historia de Pedro y el lobo. Se ha hablado tanto de ello, durante tanto tiempo, que cuando esta crisis finalmente está aquí, reaccionamos como si estuviéramos ante una simple broma. “ (Castoriadis, 1997: 157)

El lobo tiene tiempo entre nosotros. Pedro ya no grita. Nos hemos acostumbrado a su presencia y optamos por encomendarnos a Dios para que las consecuencias sean mínimas.

La democracia venezolana está en crisis en tanto concepción reducida a un carácter procedimental abandonando la noción de la democracia como régimen político, lejos de los fines de la institución política y del tipo de ser humano que le corresponde (Castoriadis, 1996: 1)

Si queremos salir del siglo XIX es necesario tomar conciencia de las complejidades y diversidades presentes en nuestra sociedad, ponerlas a trabajar en conjunto. Mirarnos, oírnos y hablarnos con un poco de esperanza y tolerancia.

Conclusiones

1) En Venezuela ¿Debemos re-crear la sociedad en el sentido que otorga Castoriadis al término? Pareciera que el mal funcionamiento del sector público se debe a una suerte de ley histórica según la cual para ser cónsonos con el tercermundismo hay que contar con una AP ineficiente. En la medida que convengamos con el autor sobre el papel de la creación podremos superar visiones fatalistas de la sociedad y, en el mejor de los casos, tomar medidas para revertir la situación.

2) Cuando exigimos el mejoramiento de la AP apuntamos también hacia la redefinición de la democracia como sistema de gobierno. La institución de la democracia, y las significaciones imaginarias que ella expresa dice Castoriadis, debe adaptarse para sobrevivir. Abandonar la concepción que la reduce a simples procedimientos y rescatar su vigencia como régimen político.

3) Suscribimos la idea de Morin en cuanto a la reforma del Estado, la cual implica la desburocratización de su administración. Se trata de abrir la posibilidad para que la iniciativa y libertad de los funcionarios aumenten la capacidad de respuesta y la eficacia del sector.

4) Atrevámonos a navegar el océano de las incertidumbres que supone mejorar el ámbito público venezolano, contamos con certezas suficientes para el viaje. La desidia ayuda poco en la tarea.

5) Entre las sugerencias de Morin acerca de la educación, y que consideramos indispensable para el resto de la vida social, es menester retomar el fomento de la curiosidad como elemento para la transformación.

6) Es preciso estudiar la influencia de la noción de crisis en las prácticas comunicativas de la AP venezolana, parte de sus dilemas y conflictos pasan por la presencia y significación de dicho concepto. Debemos recordar que el lenguaje pone de manifiesto las significaciones de la sociedad que la produce.

7) ¿Importa el tamaño del sector público o su eficiencia? Insistimos en la tesis de que funcione bien y tenga una definida orientación de servicio público. Lo cual pasa por la presión de los ciudadanos. Somos nosotros como clientes quienes tenemos que exigir apego a la norma.

8) Mientras vivamos en el siglo XXI con mentalidad decimonónica estamos destinados al fracaso. Es necesaria la inclusión y respeto por las ideas de los contrarios. Se impone el diálogo como arma y la tolerancia como munición.

9) Vivimos una crisis a escala planetaria. Nuestro país se desangra a causa de los egoísmos. Vamos a sacar al lobo en vez de acostumbrarnos a su presencia. Hay que reencuadrar, como sostiene la programación neurolingüística, el significado de la crisis para los venezolanos.

10) Es perentoria la necesidad de rescatar la imaginación como fuente de creación en nuestro sector público. En la medida que transformemos la apatía en creación estaremos más cerca de cambiar la situación actual ¿Podremos hacerlo? Cuando menos vamos a intentarlo.

Para finalizar, una exhortación para todos quienes habitamos el país. Necesario es actuar y trabajar por el mejoramiento de la situación actual. Debemos pensarnos y, sobre todo, tomar medidas para cambiar. Bien lo dice Castoriadis en las palabras finales de Hecho y por hacer:

“Es cierto -lo vi y lo dije antes que muchos otros- que nada de esto, al parecer, corresponde con las aspiraciones de los hombres contemporáneos. Más aún, los pueblos son cómplices activos de la evolución en curso. ¿Lo serán indefinidamente? ¿Quién podría decirlo? Pero una cosa es cierta: no será corriendo tras ``lo que se ve bien'' o ``lo que se dice'', emasculando lo que pensamos y queremos, como aumentaremos las oportunidades de la libertad. Lo que es no nos necesita, sino lo que podría y debería ser.” (Castoriadis, 1998: 1)

Es un reto soñar en tiempos de virtualidad, donde la línea que separa la realidad de la fantasía casi no se nota. Hagamos nuestra la letra de Silvio Rodríguez en la Canción del elegido: “Lo más terrible se aprende enseguida, lo hermoso nos cuesta la vida”.

Bibliografía

Castoriadis, Cornelius (1988). “Los dominios del hombre: las encrucijadas del laberinto” Gedisa Barcelona, España.

Castoriadis, Cornelius (1996). “La democracia como procedimiento y como régimen” En Iniciativa Socialista Nº 38. En la siguiente dirección electrónica (URL) http://www.inisoc.org/mol.htm

Castoriadis, Cornelius (1997). “El avance de la insignificancia” Eudeba Buenos Aires, Argentina

Castoriadis, Cornelius (1998). “Hoy” En Castoriadis por Conrado Tostado en la Jornada Semanal. En la siguiente dirección electrónica (URL) http://www.jornada.unam.mx/1998/feb98/980222/sem-conrado.html

Morin, Edgar (1982). “Para salir del siglo XX” Editorial Kairós. Barcelona, España.

Morin, Edgar (2000). “Los siete saberes necesarios a la educación del futuro “ Coedición del Cipost, el Iesalc y la Unesco. Caracas, Venezuela.

Morin, Edgar (2004). “¿Podemos reformar la administración pública?” Presentado en el IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública. Madrid, España. En la siguiente dirección electrónica (URL) http://www.clad.org.ve/congreso/morinesp.pdf

Sábato, Ernesto (1951): “Hombres y engranajes”. Emecé Editores. Buenos Aires, Argentina.

Soriano, Graciela (1993): “Aproximación a la racionalidad desde una perspectiva histórica”. En Politeia Nº 16. Caracas, Venezuela.
 

 
 
 

   

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