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“Tenía fama de ser muy puntual.
El funcionario más puntual de
toda la burocracia mexicana. Fácil,
decían algunos,
no hay competencia. Dificilísimo,
decía Ruth la esposa de Félix,
lo fácil es dejarse llevar por la
corriente en
un país gobernado por la ley del
menor esfuerzo.”
Carlos Fuentes, La cabeza de la
hidra. |
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Aclaratoria, a manera de introducción
Nuestro tema de tesis en la maestría es:
La comunicación organizacional en
situaciones de crisis ¿Qué hacer cuando
la crisis es estructural? O los dilemas
comunicativos de la Administración
Pública venezolana. Decimos esto para
aclarar al lector sobre las posibles, y
necesarias, coincidencias con otros
trabajos presentados en el transcurso de
las clases. En cada asignatura hemos
intentado engranar el eje conceptual de
la misma con relación al tema de tesis.
Así, hemos trabajado la racionalidad en
el ámbito público, la inoculación
comunicativa en el sector público
(metáforas comunicativas) y más
recientemente los problemas éticos de la
Administración Pública. Consideramos
importante aprovechar los aportes de las
asignaturas para el proyecto final.
Nos interesa el tema por dos razones. La
primera es el hecho de trabajar en el
sector público y convivir a diario con
su dinámica. Como segundo motivo
buscamos respuestas a la interrogante
sobre las prácticas comunicacionales
basadas en las crisis ¿Qué se hace
cuando vivimos en eterna crisis? Para
ilustrar mejor nuestras motivaciones
valga referir un caso recientemente
ocurrido en la institución donde
laboramos. Amén de las actividades
rutinarias del organismo al momento de
escribir este trabajo hay una emergencia
que consta de tres situaciones: El
presupuesto del año entrante; un
proyecto de reglamento de ley y la
reformulación del documento para
solicitar préstamo al Banco
Interamericano de Desarrollo (BID).
Las tres situaciones son prioridad y se
rotan alternativamente en la dedicación
de los equipos de trabajo. Llamadas van
y vienen desde la presidencia hacia los
cuadros medios. “El documento del BID es
para ayer” dicen los gerentes y, en
menos de dos horas, cambian la orden “el
reglamento de la ley es para la semana
pasada”. Apenas se han revisado la mitad
de los artículos del reglamento cuando
dicen “paren el reglamento, el ministro
quiere el presupuesto para pasado
mañana”. Tenemos serias sospechas de que
en la AP venezolana trabajamos con una
concepción muy particular de la crisis.
A pesar de conocer con antelación qué
situaciones merecen particular atención
casi siempre se espera a última hora
para solventarlos lo cual genera un
retraso de otras actividades. Quizás sea
cierto el chiste de Otrova Gomas según
el cual en Venezuela para tapar un hueco
abrimos uno más grande. En todo caso, la
comunicación en situaciones de crisis es
objeto del trabajo de tesis, en el marco
de Teorías de la Comunicación II
buscaremos en las ideas de Cornelius
Castoriadis y Edgar Morin claves para
descifrar la situación del sector.
Pretendemos pensar la AP desde adentro.
Extraer de las tres situaciones de
emergencia que debemos atender, quien
esto escribe es asistente de una gerente
general, elementos para caracterizar el
estado del ámbito público. En otras
palabras, comenzar un diagnóstico a
partir de Morin y Castoriadis.
Precisamente, Morin aporta nociones para
justificar la necesidad de ahondar en
las concepciones que se tienen en el
sector público:
“Nos es absolutamente necesario estar
bien informados, pero esto no es en modo
alguno suficiente para conocer bien. Lo
importante no es sólo la información, es
el sistema mental o el sistema
ideológico que acoge, reúne, rehúsa,
sitúa la información y le proporciona
sentido.” (Morin, 1982: 50)
Se trata de contextualizar la
información que poseemos. Buscar sentido
al sinsentido que tenemos como sector
público. Porque en la medida que
conozcamos los sistemas mentales o
ideológicos de los cuales habla el
pensador francés podremos entender los
hechos. Sinsentidos conocidos por todos
los venezolanos: el sistema de salud, el
sistema de identificación, la
delincuencia, entre otros.
En la búsqueda del sentido que orienta a
la AP hallamos los aportes de
Castoriadis para entender la importancia
que tiene el concepto:
“Toda sociedad (como todo ser vivo o
toda especie viva) instaura, crea su
propio mundo en el que evidentemente
ella está incluida… En suma, es la
institución de la sociedad lo que
determina aquello que es “real” y
aquello que no lo es, lo que tiene
sentido y lo que carece de sentido.” (Castoriadis,
1997: 69)
Se trata de un interesante reto que
abordaremos en lo sucesivo. Somos una
sociedad con grandes dosis de
creatividad e imaginación. Sin embargo
¿Carece nuestra AP de imaginación?
El objeto
¿Cuál es la función de la Administración
Pública en Venezuela? ¿Cómo incide su
funcionamiento en la situación actual
del país? Al respecto, la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela
establece en su artículo 141 lo
siguiente:
“La Administración Pública está al
servicio de los ciudadanos y ciudadanas
y se fundamenta en los principios de
honestidad, participación, celeridad,
eficacia, eficiencia, transparencia,
rendición de cuentas y responsabilidad
en el ejercicio de la función pública,
con sometimiento pleno a la ley y el
derecho.”
Uno de los problemas más importantes de
la democracia venezolana ha sido la
excesiva intromisión de aspectos
políticos-partidistas en la dinámica del
sector público. Mientras escribimos
miles de ciudadanos sufren las penurias
del sistema hospitalario o mueren a
manos del hampa. El comentario viene al
caso pues existe una discusión muy
importante en términos del tamaño y
competencias del ámbito público. El
debate acerca del papel del sector
público es muy extenso, algunos
consideran que debe limitarse y otros,
por el contrario, que debe ser
fortalecido. Ahora bien,
independientemente del tamaño y
funciones del Estado consideramos que se
impone la necesidad de que cumpla
eficientemente su misión.
La Administración Pública es el
organismo o conjunto de entes que un
Estado encarga para gestionar y defender
los intereses públicos, proteger los
derechos y vigilar el interés general de
la ciudadanía. Por su parte, Edgar Morin
la define como:
“…una forma específica de organización
con carácter de servicio público,
dedicadas a la gestión y al control de
las actividades de una Nación “(Morin,
2004: 1)
Vale la pena preguntarse sobre la
pertinencia del concepto de servicio
público. Si le preguntásemos a una
muestra de venezolanos al respecto qué
dirían. Tal discusión existe desde la
Grecia antigua. Ya Platón (citado por
Cornelius Castoriadis) se preguntaba si
el buen camino {odos} es aquel que parte
de los principios {ark hai} o aquel que
va hacia los principios. (Castoriadis,
1988: 10)
Reflexiona en torno a sí misma la AP en
Venezuela, se piensa. Cumple con su rol
dentro de la sociedad. A qué se debe la
desconfianza que genera el sector en su
principal cliente: nosotros, la
sociedad. ¿Tiene que ver con la noción
de comprensión que plantea Morin?
“El problema de la comprensión se ha
vuelto crucial para los humanos. … la
incomprensión de sí mismo es una fuente
muy importante de la incomprensión de
los demás “(Morin, 2000: 99, 103)
Trabajar en una organización pública,
salvo contadas excepciones, implica
convivir con un personal mal pagado,
poco motivado. Acostumbrado a hablar mal
de su trabajo y con alta resistencia al
cambio. Personas que quieren ser
remunerados como jefes sin que eso
implique mayor responsabilidad. Por otra
parte, los cuadros gerenciales se hacen
los sordos ante las necesidades,
legítimas o no, del personal. “Radio
pasillo” sustituye la comunicación
formal. La comunicación organizacional
se limita a la redacción de revistas o
de estudios para fomentar el clima y la
cultura institucional.
Existe poco contacto entre los jefes y
su personal. Para los de arriba “el
personal es flojo” y para los de abajo
“los jefes son déspotas”. La noción de
equipo pocas veces se maneja. Cada cual
cumple, cuando lo hace, con sus
funciones. A pesar de los problemas se
cumplen las metas, tarde, a veces mal
pero se cumplen. Retomando a Castoriadis
y su noción de comprensión ¿nos
comprendemos internamente en la AP? Será
la incomprensión propia la que genera el
mal funcionamiento del sector. En
tiempos duros como los actuales
consideramos importante asumir el reto
de desenredar la madeja pública. Las
aventuras autoritarias y los retrocesos
de nuestra sociedad pasan, en buena
medida, por el desencanto de los
ciudadanos en el Estado. Esto supone un
caldo de cultivo para el populismo y la
visceralidad como instrumento electoral.
Se vota por simpatías no por proyectos.
La masa maltratada, golpeada por la
crisis busca un mesías para alcanzar la
felicidad.
El funcionamiento de los hospitales o la
educación pasa a segundo plano ante la
demagogia. Si ayer Anito convenció a la
masa que Sócrates debía beber la cicuta,
hoy los políticos reparten dinero a un
pueblo a cambio de votos y los convencen
de vivir a fuerza de la caridad
gubernamental. Un día cae el ídolo de
turno y nos refugiamos en otro. Mientras
la AP se debilita. Como dice la
sabiduría popular: los gobiernos pasan,
el hambre queda. Para erradicar el
hambre debemos contar con un sector
público fuerte y al servicio de la
colectividad.
El avance de la burocracia
Es probable que un funcionario público
califique de loco a quien le diga que su
trabajo carece de imaginación. “Con qué
se come eso de la imaginación”
respondería el desprevenido funcionario.
“Mi trabajo es técnico” es otra posible
respuesta o “tengo 10 años haciendo el
mismo reporte qué imaginación ni que
ocho cuartos” ¿Ese asistente
administrativo traspasa el día a día en
busca de explicaciones? Generan las
disertaciones aumentos en la quincena.
Elevemos la interrogante a otra
instancia ¿Se piensa el sector público a
sí mismo? Es una organización
inteligente, que se adapta a los cambios
de la realidad. Al respecto, Fernando
Uribarri en el prólogo del libro El
avance de la insignificancia sostiene:
“Contra la visión habitual de la
imaginación como espejismo, irrealidad o
señuelo, Castoriadis ve en ésta la
fuente de toda creación; aquello que
permite escapar del determinismo y el
racionalismo captando lo que en el
hombre hay de poiético tanto en el plano
individual como en el colectivo” (Castoriadis,
1997: 8,9)
Convivimos con expresiones de desaliento
por parte de los funcionarios,
constantes quejas y añoranzas de un
mejor empleo. Cómo interpretar los
comentarios. Limitamos su significado a
meras frustraciones o coincidimos con el
autor griego:
“La lengua no es-como se afirma
estúpidamente-un instrumento de
comunicación, ante todo es un
instrumento de socialización. En y por
medio de la lengua se expresan, se
dicen, se realizan, se transfieren las
significaciones de la sociedad” (Castoriadis,
1997: 165)
Transferimos las decepciones de un pobre
país rico al ámbito público. La
autoestima del venezolano se refleja en
las oficinas gubernamentales ¿Por qué
casi nadie sale bien en la foto del
documento de identidad? Será por lo
incómodo de su tramitación. Es probable
que la misma energía empleada en
lamentarnos por todos los males del
planeta sirviera para mejorar sólo un
poco los quehaceres cotidianos.
Al acercarnos a una oficina pública, a
tramitar el pasaporte por ejemplo,
muchos nos hemos sentido parte de una
película de Tim Burton o como si la
mente de Salvador Dalí nos estuviese
jugando una broma. Castoriadis nos ayuda
a entender por qué nos parece un absurdo
la AP:
“Toda sociedad (como todo ser vivo o
toda especie viva) instaura, crea su
propio mundo en el que evidentemente
ella está incluida… En suma, es la
institución de la sociedad lo que
determina aquello que es “real” y
aquello que no lo es, lo que tiene
sentido y lo que carece de sentido.” (Castoriadis,
1997: 69)
Sentido es lo que parece faltarle al
país y al aparato público. En otras
sociedades han creado mundos distintos,
han dado sentido a un sector público al
servicio de los ciudadanos. Es necesario
retomar el planteamiento del autor en
cuanto a que la historia es creación.
Lamentablemente la sociedad venezolana
en tanto creación tiene varios asuntos
pendientes.
Somos un país, no Las ruinas circulares
de Jorge Luis Borges. En un cuento es
válido que otro nos sueñe. En la
realidad es urgente crear, escapar de la
facilidad del lugar común. Soñarnos a
nosotros mismos si es preciso. Somos
subdesarrollados por culpa de los
españoles o de la maldad de los Estados
Unidos. Jamás por nuestros errores o
desaciertos. “Cristo viene… al Poliedro”
dice una pinta en cualquier pared de
Caracas. Añadimos nosotros, interesados
en milagros llevar identificación como
militantes del partido político en el
poder. La corrupción se acaba con un
nuevo gobierno. En el fondo legitimamos
nuestra mala situación cada elección
presidencial.
Como creadores de nuestra sociedad
escasea la picardía criolla, nos hemos
vuelto repetitivos. Acción Democrática
(AD) se alió con los mandos militares
del momento para derrocar a Medina
Angarita. Los mismos mandos militares
tumbaron a Rómulo Gallegos. Los adeístas
pasaron a la clandestinidad y junto a
los comunistas lucharon contra Pérez
Jiménez. Al caer el dictador AD volvió a
Miraflores y persiguieron a la
izquierda. En 1998 la izquierda de la
mano de un militar llegó al poder e
hicieron lo imposible por enterrar al
partido blanco. El pueblo de Betancourt
es idéntico al de Chávez. Por ese motivo
hemos dicho y escrito en prensa que no
es de extrañar un retorno de los
adeístas a la primera magistratura. Más
allá de la simplificación anterior
nuestra intención es dar una muestra de
cuán cíclica ha sido la historia patria.
Otro ejemplo son las famosas
reestructuraciones de organismos
públicos. Durante una gestión se
eliminan dependencias que en el futuro
serán retomadas. Se cambian nombres pero
se mantienen viejos vicios. Varían las
identidades gráficas y se empeoran las
prácticas.
El avance de la burocracia supone la
falta de imaginación y de motivación
transformadora para luchar por un mejor
país. Puede parecer ingenuo hablar de
ello en una época de grandes
desilusiones. No obstante, como plantea
Ernesto Sábato en Hombres y engranajes:
“…lo admirable es que el hombre siga
luchando a pesar de todo y que,
desilusionado o triste, cansado o
enfermo, siga trazando caminos, arando
la tierra, luchando contra los elementos
y hasta creando obras de belleza en un
mundo bárbaro y hóstil.” (Sábato, 1951:
120)
Para salir del siglo XIX
A pesar de estar en pleno siglo XXI y
disfrutar de muchos avances tecnológicos
la situación de la AP parece estar
anclada en otro momento histórico. Nos
referimos a la mentalidad, a la manera
de actuar, para explicarnos mejor sirve
la tesis de Graciela Soriano de
García-Pelayo:
“Es posible que uno de los mencionados
órdenes de la realidad coexistan a su
vez, racionalidades propias de
diversísimos momentos históricos: la
racionalidad golpista decimonónica con
las más democrática de nuestros tiempos;
la racionalidad económica neoliberal
descarnadamente competitiva y la
racionalidad cuasi-feudal que aún
perdura en algunos hábitos de
explotación agrícola; y así
sucesivamente.” (Soriano, 1993: 63)
A pesar de los pesares la gerencia
pública aprende poco, conoce su
especificidad, los avatares propios de
la dinámica política y social del país.
Sin embargo, es difícil poner en
práctica la pregonada proactividad. Bien
advierte Morin la necesidad de estar
preparados para lo inesperado. A qué se
debe la falta de iniciativa. Por qué nos
encerramos en parcelas. Nuevamente Morin
aporta sus ideas sobre la situación:
“…ya que la burocracia, en el sentido
que le damos, es una patología
administrativa donde el exceso de
centralización le quita cualquier
iniciativa a los órganos ejecutores,
donde la jerarquía contribuye a la
obediencia pasiva y a la ausencia de
sentido de responsabilidad de loa que no
pueden sino obedecer: donde, en fin, la
hipersensibilización encierra a cada
agente en su área compartimentada de
competencia. “ (Morin, 2004: 1)
Cómo mejorar si muchas veces los
gerentes parecen capataces de una
hacienda. Si los funcionarios adeptos al
gobierno de turno se consideran
intocables por su esfuerzo en pro del
partido. Quienes adversan al partido son
relegados y castigados. Lejos de incluir
segregan. Todo lo viejo, lo que huela a
la gestión pasada es borrado sin tomar
de ello los aprendizajes pertinentes.
Por eso Morin insiste en que la
democracia requiere conflictos y
alimenta la diversidad de intereses e
ideas. No se trata de politiquería, de
diputados enfrentados delante de las
cámaras y que negocian contratos al
ritmo de boleros en un lujoso restorán
del centro caraqueño.
La historia es creación, dice
Castoriadis, creación de formas vitales.
No existen predeterminaciones que le
generen. Es necesario conocer la
historia, entender cómo nos hemos
creado. Qué patrones usamos para la
confección la identidad societal, o en
términos de Castoriadis, de las
significaciones imaginarias.
“Pero nuestra ceguera con respecto a
nuestro pasado es lo que nos precipita a
la ceguera en nuestro futuro. El
reconocimiento de la naturaleza una,
diversa, pasada y actual del
totalitarismo es necesaria para salir
del siglo XX. “ (Morin, 1982: 186)
A partir de la cita anterior podemos
pensar en la necesidad de superar el
caudillismo y el mesianismo, entre otros
males políticos, presentes en el país.
En el ambiente de 2005 hay una suerte de
inercia social, la polarización política
de años anteriores desencadenó en muchos
venezolanos un retraimiento preocupante,
pues, independientemente de las
preferencias ideológicas, estamos
urgidos de proyectos para debatir, de
visiones de país para analizar. No sólo
estamos ciegos con respecto al pasado,
estamos sordos frente a la problemática
presente y mudos de cara al futuro.
El sector público refleja el autismo
social de Venezuela. Se debate entre los
postulados de servicio público y la
lógica partidista clientelar. Casos como
el incendio de la torre este de Parque
Central ponen en evidencia la desidia
gubernamental. Una simple pregunta se
hacen los ciudadanos de a pie ¿Era más
costoso prevenir que reconstruir la
edificación luego del incendio? Los
casos de corrupción del Instituto
Nacional de Hipódromos o Recadi, más
recientemente en el Plan Bolívar 2000 o
el Fondo Único Social son otra muestra
de la hipocresía política. Pocos se
lucran con la pobreza de muchos.
“Desde hace mucho tiempo se habla de
<crisis de valores>, esto debe ser así
desde hace al menos cincuenta años, a
tal punto que se corre el riesgo de
recordar la historia de Pedro y el lobo.
Se ha hablado tanto de ello, durante
tanto tiempo, que cuando esta crisis
finalmente está aquí, reaccionamos como
si estuviéramos ante una simple broma. “
(Castoriadis, 1997: 157)
El lobo tiene tiempo entre nosotros.
Pedro ya no grita. Nos hemos
acostumbrado a su presencia y optamos
por encomendarnos a Dios para que las
consecuencias sean mínimas.
La democracia venezolana está en crisis
en tanto concepción reducida a un
carácter procedimental abandonando la
noción de la democracia como régimen
político, lejos de los fines de la
institución política y del tipo de ser
humano que le corresponde (Castoriadis,
1996: 1)
Si queremos salir del siglo XIX es
necesario tomar conciencia de las
complejidades y diversidades presentes
en nuestra sociedad, ponerlas a trabajar
en conjunto. Mirarnos, oírnos y
hablarnos con un poco de esperanza y
tolerancia.
Conclusiones
1) En Venezuela ¿Debemos re-crear la
sociedad en el sentido que otorga
Castoriadis al término? Pareciera que el
mal funcionamiento del sector público se
debe a una suerte de ley histórica según
la cual para ser cónsonos con el
tercermundismo hay que contar con una AP
ineficiente. En la medida que
convengamos con el autor sobre el papel
de la creación podremos superar visiones
fatalistas de la sociedad y, en el mejor
de los casos, tomar medidas para
revertir la situación.
2) Cuando exigimos el mejoramiento de la
AP apuntamos también hacia la
redefinición de la democracia como
sistema de gobierno. La institución de
la democracia, y las significaciones
imaginarias que ella expresa dice
Castoriadis, debe adaptarse para
sobrevivir. Abandonar la concepción que
la reduce a simples procedimientos y
rescatar su vigencia como régimen
político.
3) Suscribimos la idea de Morin en
cuanto a la reforma del Estado, la cual
implica la desburocratización de su
administración. Se trata de abrir la
posibilidad para que la iniciativa y
libertad de los funcionarios aumenten la
capacidad de respuesta y la eficacia del
sector.
4) Atrevámonos a navegar el océano de
las incertidumbres que supone mejorar el
ámbito público venezolano, contamos con
certezas suficientes para el viaje. La
desidia ayuda poco en la tarea.
5) Entre las sugerencias de Morin acerca
de la educación, y que consideramos
indispensable para el resto de la vida
social, es menester retomar el fomento
de la curiosidad como elemento para la
transformación.
6) Es preciso estudiar la influencia de
la noción de crisis en las prácticas
comunicativas de la AP venezolana, parte
de sus dilemas y conflictos pasan por la
presencia y significación de dicho
concepto. Debemos recordar que el
lenguaje pone de manifiesto las
significaciones de la sociedad que la
produce.
7) ¿Importa el tamaño del sector público
o su eficiencia? Insistimos en la tesis
de que funcione bien y tenga una
definida orientación de servicio
público. Lo cual pasa por la presión de
los ciudadanos. Somos nosotros como
clientes quienes tenemos que exigir
apego a la norma.
8) Mientras vivamos en el siglo XXI con
mentalidad decimonónica estamos
destinados al fracaso. Es necesaria la
inclusión y respeto por las ideas de los
contrarios. Se impone el diálogo como
arma y la tolerancia como munición.
9) Vivimos una crisis a escala
planetaria. Nuestro país se desangra a
causa de los egoísmos. Vamos a sacar al
lobo en vez de acostumbrarnos a su
presencia. Hay que reencuadrar, como
sostiene la programación
neurolingüística, el significado de la
crisis para los venezolanos.
10) Es perentoria la necesidad de
rescatar la imaginación como fuente de
creación en nuestro sector público. En
la medida que transformemos la apatía en
creación estaremos más cerca de cambiar
la situación actual ¿Podremos hacerlo?
Cuando menos vamos a intentarlo.
Para finalizar, una exhortación para
todos quienes habitamos el país.
Necesario es actuar y trabajar por el
mejoramiento de la situación actual.
Debemos pensarnos y, sobre todo, tomar
medidas para cambiar. Bien lo dice
Castoriadis en las palabras finales de
Hecho y por hacer:
“Es cierto -lo vi y lo dije antes que
muchos otros- que nada de esto, al
parecer, corresponde con las
aspiraciones de los hombres
contemporáneos. Más aún, los pueblos son
cómplices activos de la evolución en
curso. ¿Lo serán indefinidamente? ¿Quién
podría decirlo? Pero una cosa es cierta:
no será corriendo tras ``lo que se ve
bien'' o ``lo que se dice'', emasculando
lo que pensamos y queremos, como
aumentaremos las oportunidades de la
libertad. Lo que es no nos necesita,
sino lo que podría y debería ser.” (Castoriadis,
1998: 1)
Es un reto soñar en tiempos de
virtualidad, donde la línea que separa
la realidad de la fantasía casi no se
nota. Hagamos nuestra la letra de Silvio
Rodríguez en la Canción del elegido: “Lo
más terrible se aprende enseguida, lo
hermoso nos cuesta la vida”.
Bibliografía
Castoriadis, Cornelius (1988). “Los
dominios del hombre: las encrucijadas
del laberinto” Gedisa Barcelona, España.
Castoriadis, Cornelius (1996). “La
democracia como procedimiento y como
régimen” En Iniciativa Socialista Nº 38.
En la siguiente dirección electrónica (URL)
http://www.inisoc.org/mol.htm
Castoriadis, Cornelius (1997). “El
avance de la insignificancia” Eudeba
Buenos Aires, Argentina
Castoriadis, Cornelius (1998). “Hoy” En
Castoriadis por Conrado Tostado en la
Jornada Semanal. En la siguiente
dirección electrónica (URL) http://www.jornada.unam.mx/1998/feb98/980222/sem-conrado.html
Morin, Edgar (1982). “Para salir del
siglo XX” Editorial Kairós. Barcelona,
España.
Morin, Edgar (2000). “Los siete saberes
necesarios a la educación del futuro “
Coedición del Cipost, el Iesalc y la
Unesco. Caracas, Venezuela.
Morin, Edgar (2004). “¿Podemos reformar
la administración pública?” Presentado
en el IX Congreso Internacional del CLAD
sobre la Reforma del Estado y de la
Administración Pública. Madrid, España.
En la siguiente dirección electrónica (URL)
http://www.clad.org.ve/congreso/morinesp.pdf
Sábato, Ernesto (1951): “Hombres y
engranajes”. Emecé Editores. Buenos
Aires, Argentina.
Soriano, Graciela (1993): “Aproximación
a la racionalidad desde una perspectiva
histórica”. En Politeia Nº 16. Caracas,
Venezuela.
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