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Por: Lic. Nancy
Ovalle
nancyovalle@yahoo.com.ar
La idea de Modernidad surge al mismo tiempo
que la de Progreso. Ya desde el punto de
vista semántico lo moderno se identifica con
lo nuevo, esto trae como consecuencia un
principio revolucionario de ruptura
(crítica, renovación y cambio) Modernidad,
Crisis y Progreso son los términos que
distinguen a nuestro tiempo. La idea de
Progreso es relativamente reciente y sólo
puede emerger a partir del momento en que
sociedad, cultura e historia logran ser
comprendidos como obra humana y no como un
mero producto fabricado por los dioses. La
unidad de desarrollo social y
tecnológico-económico y la realización
humana fue lo que definió históricamente la
secularización moderna. El orden racional
del progreso, y la síntesis de acumulación
económica y el enriquecimiento cultural (que
se suponía garantizaba) quitó para sí los
valores de una plenitud humana. Sin duda, el
momento clave en la historia de occidente se
produce cuando nace la ciencia moderna. A
partir de allí se recurre al experimento, al
método científico, y por primera vez, se
entiende que el mundo puede ser descifrado.
Cualquier cosa que deba ser dicha debe estar
primero estar comprobada por el método
científico, de lo contrario, sólo será un
mero oscurantismo religioso irracional.
Aparecen personajes como Newton, Galileo,
Descartes; luego hará su aparición en este
escenario una palabra mágica: Progreso. El
progreso fue, de alguna manera, la nueva
religión. Su emblema: la Maquinaria y la
Gran Industria. Su divisa: el Orden
Racional.
La palabra Técnica estuvo hace muy poco
asociada a la noción de Progreso, pero basta
repasar acontecimientos ocurridos en este
siglo (lanzamiento de la bomba atómica, por
ejemplo) para darnos cuenta de que esta
palabra también puede estar asociada al
terror. Hoy la palabra Progreso contiene un
juicio de valor dudoso. Esto no redunda en
bien de las innovaciones tecnológicas; éstas
están asociadas ala palabra “eficacia”.
Cuando uno logra entender esto, es cuando se
descubre que los discursos pronunciados por
los políticos y los economistas redundan en
la banalidad. Antes se valoraba al ser
humano por lo que era, es decir, por sus
cualidades. En cambio, en el caso de la
eficacia, se valoriza de acuerdo a la
administración de un territorio. Las
tecnologías pueden cambiar, pero siguen
teniendo la misma función: controlar a las
personas; como el Panóptico que tan bien
fuera explicado por Michel Foucault en su
momento. Para este autor, lo fundamental es
estudiar esa gran mutación del poder que se
opera en Occidente entre los siglos XVII y
XVIII, ese nivel de transformación de las
tecnologías políticas que es condición de
posibilidad del estudio de la transformación
de las tecnologías industriales y que opera
como un control minucioso sobre el cuerpo,
aumentando la docilidad, el sometimiento, y
por otro lado, aumentando la fuerza del
cuerpo, en términos de utilidad, de
rendimiento y de eficacia. En Vigilar y
Castigar Foucault decía: “La disciplina
aumenta la fuerza en términos económicos de
utilidad y disminuye esa misma fuerza en
términos políticos de obediencia”
Con respecto al concepto de racionalidad, se
verá que en “Ciencia y Técnica como
Ideología” Habermas retoma el concepto
weberiano de la creciente racionalización de
la sociedad moderna.
Habermas dice que en el siglo XX se observan
dos tendencias evolutivas:
1)
El incremento de
la actividad intervencionista del Estado que
tiende a asegurar la estabilidad del
sistema, y que elabora mecanismos de
coerción o de consenso cada vez más
burocráticos que permiten una permanente
estabilización del sistema
2)
Por otro lado,
empieza a darse fundamentalmente a fines del
siglo XIX una creciente interrelación entre
Ciencia y Técnica y ésta última se
transforma en una fundamental fuerza
productiva.
Habermas manifiesta que la Ciencia
Occidental, desde Galileo en adelante
permite un conocimiento del uso técnico en
los avances científicos. Este uso no se da
hasta fines del siglo XIX, ¿por qué no
antes? Porque hasta entonces los procesos de
innovación tecnológicas, que significan una
inversión de Capital y crecimiento de las
fuerzas productivas se da sólo de manera
esporádica, tal como ocurrió con la Primera
Revolución Industrial. Peor a fines, del
siglo XIX, se produce una relación estrecha
entre ciencia y Técnica, en general, avalada
por el Estado y vinculada con el creciente
desarrollo de la tecnología en materia
armamentista. Cada etapa de innovación
técnica desde fines del siglo XIX aparece
como un proceso que trata de evitar las
crisis de acumulación del Capitalismo.
¿Cuáles son las consecuencias derivadas de
la Organización técnica del mundo en el
siglo XX? La tecnología tiene como función
ofrecer confort al hombre, pero ¿realmente
es así? El desarrollo de la técnica y el
crecimiento de las ciudades han alienado al
hombre de la naturaleza, provocando su total
separación de ella. El hombre está encerrado
en un medio urbano esencialmente artificial
se encuentra físicamente alejado de la
tierra y la máquina se interpone en su
relación con el mundo natural. Amén de
desconocer de dónde proviene y cómo se
producen la mayoría de los bienes que
consume, le presentan su alimento de manera
tal que conserva poco o nada de la forma
animal o la planta con que ha sido preparado
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