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¿Qué valores
deberían guiar los objetivos de un
Relacionista Público? ¿Qué actitudes
adoptar en el trato con los distintos
sectores?.
Humildad no es sinónimo de
desvalorización, leí una vez. Y desde la
frase comencé a pensar en este artículo,
y reconstruir en mi pensamiento el
perfil ideal que creo debería tener un
Relacionista Público. Un planteo que
hago porque la humildad y el sentido a
veces parecen ausentes en el rol que nos
toca compartir.
En el día a día uno ve a todo tipo de
profesionales, se ve a los sinceros y
honestos, a los apasionados y luchadores
y a los que están ahí sin saber muy bien
por que y para que, y desde ese lugar
que quizás ni ellos eligieron se olvidan
de uno de los valores más importantes en
nuestra profesión: la humildad.
Ante tal
circunstancia, quizá el objetivo más
interesante que persigo en este artículo
sea la reivindicación de la sencillez en
las relaciones con los distintos
públicos, la humildad como valor para
llegar a la razón o sentimientos de ese
otro con el que tenemos que lograr una
comunión, si es que así entendemos la
comunicación.
Se sabe
que una palabra dicha con humildad tiene
el significado de mil palabras
agradables, entonces ¿porque fracasaran
algunos programas de relaciones públicas
o de comunicación? Si Oscar Wilde
viviera seguramente respondería “ser
natural es la más difícil de las poses”.
Entiendo
que no hay comunicación posible sin
comprender al otro primero, para ello
antes es preciso descubrir las
necesidades latentes para poder
responder y cooperar desde ese lugar de
conocimiento, desde ese estilo que
predispone a uno a hacer lo que es bueno
aquí y ahora, sin perder de vista el
objetivo final “comprendernos”.
No ponerse en el lugar del otro, ni
reparar en escuchar los reclamos
porque no se considera importante
lo que el otro tiene para decir son las
llamativas similitudes que comparten los
programas de Relaciones Públicas o
Comunicación mal gestionados donde el
eslabón no pudo ser encontrado y la
audiencia tampoco.
En reiteradas ocasiones escucho que los
políticos están alejados del pueblo, que
sus discursos ya no seducen y que sus
acciones carecen de credibilidad. Y si
pienso en las empresas me doy cuenta que
conocer al cliente, descubrir quién es
que esta detrás de la estadística es un
asunto importante pero no urgente, de
modo que lo urgente siempre posterga lo
importante y se pierde entonces el
sentido de esos programas, un sentido
que a veces parece olvidado por la falta
misma del valor que se le atribuye.
La mayoría de
las empresas que nunca desarrollaron un
programa de Relaciones Públicas o
fracasaron en la implementación parecen
haber olvidado el impacto que la
comunicación tiene en sus audiencias y
la necesidad que poseen los individuos
de informarse, entender y comunicarse;
por tanto, no se trata simplemente de
implementar una nueva forma de manejar y
observar la comunicación, sino de
promoveer de manera eficaz las
relaciones, pieza fundamental del
concepto que encierra la palabra
Relaciones Públicas.
Entonces,
comprender la importancia del rol del
Relacionista Público, es entender la
dinámica de las comunicaciones ya que
comunicar significa poner en común a dos
o más personas en cuanto a una misma
situación. Y la reflexión me hace pensar
¿Se podrá entonces poner en común y
estar a la par del otro desde algún
lugar que no sea la humildad?
Encontremos
las alternativas que nos alejen del
desastre, busquemos profesionales
humildes y capaces para implementar los
programas de Comunicación y Relaciones
Públicas. Encontremos el eslabón perdido
y entonces si COMUNIQUEMOS.
*
Natalia
Martini es Licenciada en Relaciones
Públicas e Institucionales y editora del
Portal argentino de Relaciones Públicas
RRPPnet (www.rrppnet.com.ar).
Dirige actualmente
su propia consultora de comunicación
NM Comunicaciones™,
radicada en la Ciudad de Buenos Aires,
donde asesora a numerosas empresas y
ONGs en comunicación institucional.
Para opinar sobre este artículo visitar:
http://nataliamartini.blogspot.com/
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