|
Un líder exitoso invertirá e incrementará la cantidad de tiempo dedicada
a los asuntos de la comunicación. Sólo tome un ejemplar de “Fortune”,
por ejemplo, y verá a ejecutivos explicando qué es lo que sus compañías
están haciendo.
Steven J. Harris
Un refrán dice que “detrás de un hombre exitoso, hay una gran mujer”.
Con el pasar del tiempo esta frase ha tenido añadiduras, algunas
cómicas, pero ninguna le quita valor . Hoy en día, en el campo
empresarial, es (y debe ser) impensable que detrás de una gran empresa
con excelente imagen en el mercado, no exista un comunicador social
corporativo o -para simplificar- un comunicador corporativo.
El tema no es nuevo, pero siempre será novedoso en la medida que en todo
el mundo, todos los días, nazcan empresas, pequeñas, grandes, privadas o
públicas. Puede ser que muchas de las que se integran al mercado hayan
desarrollado un minucioso plan de negocios, uno en el que las cifras
cuadran maravillosamente y en el que se prevé alcanzar la rentabilidad
en un horizonte determinado; sin embargo, muy probablemente se toparán
con una pared o con un trampolín que no siempre ha sido cuantificado en
la hoja de Excel: la Comunicación Corporativa (CC).
Así como surgen, otras tantas empresas con años de tradición en el
mercado pueden verse frente a una inentendible situación: el negocio no
marcha bien, sus clientes no las prefieren como antes o sus empleados no
trabajan con el mismo ímpetu que tiempo atrás.
Es precisamente ante este tipo de coyunturas cuando toma importancia –y
hasta se “descubre”- el quehacer del comunicador corporativo como
experto en su área y, sobretodo, como administrador de activos
intangibles de la empresa y hasta como generador de utilidades.
Específicamente, nos referimos a aquellos activos denominados:
identidad, cultura corporativa, reputación e imagen corporativa; los
cuales poseen a su vez una cantidad de “sub cuentas” con un valor
agregado ignorado por la contabilidad tradicional y que se administran a
través de las diferentes herramientas con las que cuenta la CC.
No es el objetivo de este trabajo recopilar definiciones o conceptos que
perfectamente se pueden encontrar en la bibliografía que existe sobre la
CC (para algunos relativamente poca, comparada con otras ciencias
sociales); sin embargo, cuando la comprensión del trabajo lo requiera,
haremos uso de ellos.
Nuestro propósito es transmitir algunas realidades, ciertos
lineamientos, determinadas áreas de acción y hasta algunas pistas por
las cuales este comunicador especializado debe recorrer, ahondar,
perfeccionarse y hasta – ¿porqué no?- investigar.
Punto de partida
Creo en Dios, en la familia y en McDonald’s pero,en la oficina, el orden es a la inversa.
Ray Kroc
De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) ,
periodismo es la “captación y tratamiento, escrito, oral, visual o
gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades”. Y
periodista es la “persona legalmente autorizada para ejercer el
periodismo” o la “persona profesionalmente dedicada en un periódico o en
un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de
creación de opinión”.
Al egresado de la carrera de Comunicación Social, o de Ciencias de la
Comunicación, suele llamársele “periodista”, cuando en realidad no todos
se dedican a las labores que el DRAE tipifica para la definición de este
profesional.
De hecho, si vamos a la definición de comunicador, la Academia dice que
es aquel “que comunica o sirve para comunicar” y “dicho de una persona
con una actividad pública: Que se considera capacitada para sintonizar
fácilmente con las masas”.
El comunicador social es todo eso y mucho más: es un científico social.
Sus campos de acción son tan variados, que las universidades se vieron
obligadas –años atrás- a dividir las carreras en diferentes menciones de
especialización, luego de un período de estudios comunes o básicos.
La opción o rama, a nuestro juicio, con mayor proyección profesional es
la CC; no sólo por los innumerables nichos de trabajo (que son las
empresas en general), sino por las nuevas realidades sociales,
económicas, políticas y culturales, a las que las compañías deben
hacerle frente en el aspecto comunicacional.
En este sentido, entendamos la Comunicación Corporativa como: los
procesos de información y comunicación de las empresas, en diversas
áreas y con objetivos particulares, que son diseñados para transmitir
una imagen estratégica a sus públicos objetivo.
Un profesional multidisciplinario
Muchos intentos de comunicación
son anulados por decir demasiado.
Robert Greenleaf
Ante un mundo volátil y que evoluciona aceleradamente gracias a la
tecnología, no es extraño que el mercado laboral se enfoque más en los
profesionales multidisciplinarios, que en aquellos encasillados en un
área con límites draconianamente establecidos. No hay estudiante
universitario, ni graduado en cualquier carrera, que pueda prescindir
del uso de las computadoras, de Internet, de dispositivos electrónicos
de “x” generación y del apoyo de otras ciencias para desarrollarse en
sus labores diarias y futuras.
Basta imaginarnos los aspectos legales, religiosos y culturales que debe
sopesar un médico al momento de una intervención quirúrgica -por poner
un caso- sin dejar de lado todo el dominio de tecnología y equipos que
debe poseer.
El comunicador corporativo de hoy, si bien su base es la ciencia de la
comunicación, se acerca más al rol de un administrador de empresas. De
hecho, para enfrentar problemas de comunicación externa, debe tener
conocimiento -o por lo menos debe tener nociones no muy básicas- de
cuáles son los principales procesos empresariales en su centro de
trabajo.
Así mismo, para desarrollar un plan de acción enfocado en las
comunicaciones internas, no sólo debe saber de lenguaje, de cómo
expresarse para llegarle a su público, sino tener conocimientos de
aspectos organizacionales, del entorno legal que pudiera involucrar un
conflicto laboral, nociones de psicología y de ética empresarial. Todo
ello sin dejar de lado que es un comunicador pero -al fin y al cabo-
también es un trabajador más en la empresa, así ocupe un cargo ejecutivo
o gerencial.
No obstante, el aspecto multidisciplinario no implica lo contrario; es
decir, no cualquier persona de otra área puede, debe, o tendrá aptitud y
actitud para dedicarse a estas labores. Contribuye a este aspecto -que a
la larga incide negativamente en la empresa- la creencia de que el área
de CC es sinónimo de relaciones públicas, de cabildeo o de periodistas
encargados de elaborar notas de prensa o boletines internos, cuando la
CC es una labor compleja que requiere tanto de la base conceptual como
de la pragmática, comunicacionalmente hablando, pero también del
conocimiento de las buenas y malas prácticas, y de las experiencias
corporativas.
Creador de identidad
Yo vendo entusiasmo.
Silvio Berlusconi
Si la empresa no tiene identidad propia, hay que crearla. Si no existe
una cultura corporativa, es decir, una manera particular de hacer las
cosas, también hay que hacerla. Si no se tiene un comportamiento
corporativo, uno que permita que los procesos fluyan, pues hay que
inventarlo con criterios de comunicador, pero con visión empresarial.
La peor identidad que una empresa pueda tener es aquella que no posee,
pues da pie a los públicos objetivo (internos o externos) para que se la
formen a su libre albedrío o por influencia del último contacto
empresa-cliente. Si éste fue positivo, puede ser que ese público lo
recuerde pero no hay quien asegure que confia en la empresa. Si el
último contacto fue negativo, con seguridad el público se referirá en
forma despectiva a la empresa y no sólo perderá un cliente, sino muchos
potenciales.
La identidad tiene como pilares fundamentales la misión y la visión de
la empresa. Para que estos pilares sean sólidos y soporten el futuro
proceso de CC es deseable que el comunicador corporativo participe en su
formulación. En el mundo empresarial, sobretodo en América Latina,
solemos encontrar extensas “misiones” y “visiones”, recargadas de
palabras, de buenas intenciones, con conceptos que para muchos resultan
esotéricos, pero que no poseen contenido comunicacional alguno.
Las mejores misiones que hemos leído ocupan apenas una línea y a veces
tienen palabras que se cuentan con los dedos de una mano. Cuanto más
claro se diga qué es lo que hace la empresa, cuál es su razón de ser,
más evidente será para todos cómo se debe trabajar para alcanzar las
metas propuestas.
Si existe identidad, la empresa en su conjunto sabrá hacia donde va. Si
se sabe hacia dónde se va, a los públicos se les hará más fácil decidir
si desean acompañar a la empresa hacia ese destino. El comunicador
corporativo tiene que crear la identidad de la empresa no obstante se
diga que existe una; ya que, puede ser cierto, pero no todos la
identifican y la conocen.
Facilitador de la comunicación
Si una organización trabaja eficazmente, la comunicación debe hacerse
a través del canal más efectivo sin importar su organigrama.
Tom Peters
Por naturaleza todo el mundo sabe y puede comunicarse. Esta frase es
quizás una de las más irónicas para un comunicador social pues le lleva
a preguntarse para qué estudió la carrera si esto es así. El detalle
está en que no todo el mundo sabe comunicarse de la manera correcta. En
este sentido, y más aún cuando hablamos de entes tan complejos como lo
son las empresas, el comunicador corporativo actúa como facilitador de
este proceso: saber qué decir, por qué decirlo, cómo, a quiénes y en qué
momento transmitirlo.
Uno de los grandes obstáculos a superar por la CC, a nivel interno, es
el esquema organizacional. Mientras más “cajitas” y niveles tenga el
organigrama, más cuesta arriba se hace la labor comunicacional. Si a
esta característica se le añade el que sea una empresa familiar, o una
empresa en la que el más alto ejecutivo la maneja como “suya”, sin
delegación de responsabilidades, el trabajo es todo un reto a la
imaginación.
En compañías con las características antes descritas, el dueño, el
presidente, el CEO, o como quiera llamársele, es quien decide todo y
como a él le gusta o parece. Puede ser una persona carismática,
aparentemente campechana, que le cae bien a cualquiera, pero no
necesariamente es un buen comunicador. Probablemente sea esta una de las
razones por las que, en estas circunstancias, el cargo de Director de
Comunicaciones (DirCom) sea ocupado por profesionales que poco aportan a
la creación real de activos comunicacionales.
Algunos autores limitan la acción del DirCom a la comunicación externa,
la imagen pública y las relaciones públicas, dejando de lado la
comunicación interna y las relaciones con los trabajadores, lo cual es
completamente errado. Los empleados son también vehículos de
comunicación empresarial con un efecto multiplicador insospechado y
desaprovechado, por lo que deben ser tomados en cuenta al momento de
diseñar el Plan Estratégico de Comunicación e Imagen.
El comunicador corporativo debe ser el gran facilitador de los procesos
de información y de comunicación, tanto externa como interna, y no debe
limitársele su radio de acción. Esta afirmación refuerza el carácter
multidisciplinario que debe tener, para así poder relacionarse
eficientemente con las diversas áreas de la empresa, tanto como
ejecutivo o como un trabajador más, lo cual le permitirá tener una
visión amplia del problema a solucionar.
Diseñador de imagen
Las improvisaciones son mejores cuando se las prepara.
William Shakespeare.
“Una imagen vale más que mil palabras”. Nada más cierto para un
comunicador corporativo, entendiendo como imagen el conjunto de
impresiones, percepciones, ideas, conceptos y experiencias que los
diferentes públicos objetivo se forman de la empresa como resultado del
proceso de información y comunicación.
La imagen se forma a través de la comunicación pero, para comunicar,
tiene que existir una identidad sobre la cual diseñar un plan
estratégico del área. Sólo así es que la CC se convierte en una
herramienta de gestión empresarial. En caso contrario, será un documento
de buenas intenciones, o de acciones aisladas sin fundamento, que
generarán gastos a la empresa cuando en realidad la CC es netamente
inversión.
Todos y cada uno de los miembros de la empresa, incluyendo los cargos
más altos, deben tener clara cuál es la imagen a transmitir por encima
de protagonismos personales o pareceres particulares. La política
comunicacional es eso: una política, es decir, las directrices oficiales
que rigen las actuaciones comunicacionales sobre los asuntos de la
empresa, en todo momento y para todos sus intregrantes.
Una imagen se genera a partir de un gesto, de una actitud, de una
palabra, y hasta de un silencio. La falta de coordinación en el aspecto
comunicacional puede ocasionar que se generen diversas y hasta
antagónicas imágenes, las cuales se derivan en percepciones negativas y
en una reputación corporativa dudosa.
El comunicador corporativo crea, moldea la identidad y facilita las
comunicaciones que la convertirán en una imagen. En este sentido, diseña
la imagen que todos los miembros de la empresa transmitirán –inclusive a
sí mismos- con su comportamiento, su cultura corporativa y con el
sentido de pertenencia que posean.
Comunicaciones con apellido
Corporación: un ingenioso mecanismo
para obtener ganancia individual
sin responsabilidad individual.
Ambrose Bierce
Al inicio de este trabajo mencionamos la existencia de diferentes formas
de comunicación en la empresa. Es preciso señalar que forman parte de la
CC, la Comunicación Organizacional y la Comunicación Institucional, las
cuales se suele creer que son sinónimos.
Se entiende como Organizacional el proceso intercomunicacional que se
realiza en las empresas -es decir, a nivel interno- a través de
distintas formas y niveles, y cuyos contenidos contribuyen al logro de
los objetivos empresariales. No obstante su carácter intercomunicacional,
ello no impide que las informaciones y comunicaciones trasciendan el
ámbito interno empresarial, y –de hecho- participen personas externas a
la empresa , lo cual influye para que se confunda con la CC,
conceptualmente hablando.
Por otro lado, la Institucional es aquel proceso mediante el cual las
empresas informan a sus públicos objetivo (internos o externos) su razón
de ser y el papel que desempeñan en la comunidad y sociedad en general,
con un carácter unidireccional, impersonal y no comercial.
Sobre la base de estas precisiones y del concepto de CC expuesto en el
Punto de Partida, puede entenderse el porqué la Organizacional y la
Institucional forman parte de la Corporativa. Así mismo, es fácil
inferir por qué la publicidad, las relaciones públicas y otras formas de
información y comunicación son otras herramientas utilizadas por la CC
para el cumplimiento de sus objetivos.
Existen muchas otras ramas que el comunicador corporativo no debe pasar
por alto. En este trabajo nos referiremos especialmente a tres de ellas
por la importancia que vienen adquiriendo en la coyuntura
latinoamericana: la Comunicación Financiera, la Comunicación Ambiental y
la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), llamada también
Responsabilidad Social Empresarial.
Los manejos financieros de la empresa no pueden ser ajenos al
profesional que nos ocupa. Por el contrario, en mercados financieros
globalizados, donde la información está al alcance de cualquier persona,
es imprescindible dominar conceptos, términos y procesos
económico-financieros para poder transmitirlos con adecuada precisión y
oportunidad. Mientras más transparente sea la información financiera,
mayores posibilidades de acceso a los mercados de capital tendrán las
empresas. Del mismo modo, mientras más entendible sea la terminología
financiera, mayor cantidad de público se interesará en invertir en
ellas.
Así como los estándares de calidad son cada vez más exigidos en el
entorno empresarial, el tema ambiental se hace recurrente. Las normas
ISO 14000, referidas al ambiente, no deben ser desconocidas por el
comunicador corporativo, tanto para su aplicación interna como externa.
Pese a que dichas normas son de uso voluntario, en los últimos años se
ha ido incrementando el número de empresas que condicionan sus
relaciones con otras según el apego a la regulación en este campo.
Por último, la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) basa su razón de
ser en la transparencia informativa y tiene relación directa con las
otras mencionadas. Los escándalos empresariales internacionales son una
llamada de alerta para que las compañías “sanas” dediquen mayores
esfuerzos a la RSC, entendiéndola como el compromiso de la compañía con
la sociedad en general, más allá de ser una proveedora de productos y
servicios. La RSC implica el diseño de programas en el área social,
educativa y económica, así como la participación de empleados, sus
familias y la comunidad en ellos, y no debe ser vista simplistamente
como donaciones que -en algunos casos- son utilizadas como una forma de
pagar menos impuestos.
Una reflexión final
Hay pocos animales más temibles
que un hombre comunicativo
que no tiene nada que comunicar.
Christian N. Bovée
Quizás la primera gran tarea del comunicador corporativo es hacer
entender a quienes dirigen la empresa la importancia de poseer una
cultura de la comunicación. La CC no es tener una oficina de prensa en
la compañía. Como dijimos al inicio, la labor del comunicador
corporativo es administrar activos intangibles y contribuir a la
generación de utilidades.
No obstante, por ahora, no se puede pretender que matemática, contable y
exactamente se demuestre en qué porcentaje se incrementarán los ingresos
y cuándo se verán realizados . Las labores de comunicación se realizan
siempre en el corto plazo y son constantes, pero sus resultados se
perciben en el largo plazo.
La labor del comunicador corporativo es incomprendida y subvalorada por
quienes no utilizan las comunicaciones como herramienta de gestión, y
por quienes piensan que la empresa “camina sola”. El día que la empresa
“decida” no caminar, y nadie entienda por qué, espere tranquilo… que
tiene trabajo por hacer.
Bibliografía
Antezana Corrieri, Miguel E. Apuntes de Comunicación Corporativa,
notas de clases.
Argenti Paul y Forman Janis. The Power of Corporate Communication,
McGraw-Hill, New York 2001.
Garrido, Francisco Javier. Comunicación Estratégica, Las Claves de la
Comunicación Empresarial en el Siglo XXI. Edit. Gestión 2000, Barcelona
2001.
Sanz de la Tajada, Luis Angel. Integración de la Identidad y la Imagen
de la Empresa, ESIC Editorial, Madrid 1996.
The Big Book of Business Quotations. Ultimate Business Library, New
York 2003.
Villafañe, Justo. La gestión profesional de la imagen corporativa.
Ediciones Pirámide, Madrid 1999.
|
|