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“Marketing de Instituciones Deportivas: de
las Relaciones Públicas a
la Gerencia de la Imagen Corporativa y su
Valoración como Activo
Intangible”
Por: Alfonso Gastañaduy
Benel
agastana@esan.edu.pe
PONENCIA PARA SPORTCONGRESS 2003
ABSTRACT
El concepto tradicional de relaciones
públicas ha sufrido cambios en el tiempo: se
ha integrado o relacionado con el publicity,
con el lobbying y otras formas de
comunicación empresarial. El objetivo
siempre ha sido generar una imagen
favorable para la empresa. De otro lado, el
área comercial de las empresas cada
vez ha ido sofisticando su manejo: su primer
resultado han sido todos los
instrumentos del marketing operativo
(satisfactor, valor, distribución o
ubicación
y promoción); posteriormente se llegó a lo
que se conoce como marketing
estratégico como filosofía empresarial,
consolidando la orientación total de la
empresa al mercado. En el caso de las
empresas deportivas, además, mediante la
aplicación del merchandising, del patrocinio
(“sponsoring”) y/o del mecenazgo
Sin embargo, los especialistas tanto de
relaciones públicas como de marketing, en
general, han descuidado el gran objetivo de
todo negocio: maximizar la
rentabilidad de la inversión. Los avances
más notorios hacia ello son el valor de
marca, el posicionamiento, las patentes,
etc. Pero desde la óptica financiera
siempre se ha trabajado con los conceptos de
“goodwill” , “know how” y otros,
como activos intangibles, que se aprecian
corrientemente en los estados
financieros y que, por ello mismo, tienen un
valor patrimonial.
De otro lado, modernamente se comienza a ver
que las empresas, especialmente
las deportivas, proyectan hacia sus públicos
un complicado conjunto de
comportamientos o acciones comunicacionales,
cuyo resultado ha comenzado a
denominarse imagen de empresa y con la misma
connotación que el concepto de
imagen de marca. Ello ha ido obligando a
formalizar y profesionalizar el manejo
de la imagen de la empresa deportiva, lo que
ya ha hecho corriente el uso del
término gerencia de imagen corporativa y,
con el desarrollo de las ciencias de la
comunicación, la profesión de gerente de
imagen corporativa.
Este trabajo busca precisamente aportar al
desarrollo de una mejor
conceptualización y solidez de la gerencia
de imagen corporativa, aplicada a las
empresas deportivas. Para ello, incorpora
los desarrollos modernos, tanto
cualitativos como cuantitativos, sobre
manejo de imagen; además, incorpora los
avances en la teoría de la reputación y,
obviamente, de los conceptos financieros
de activos intangibles a la valoración de la
imagen de empresa.
ANTECEDENTES: las clásicas relaciones
públicas
En general, tratar acerca de las relaciones
públicas es tratar sobre la forma y no sobre
el
fondo, porque las relaciones públicas
aparecen cuando las empresas sienten la
necesidad
de influir sobre los públicos para lograr
sus objetivos empresariales, en un estadio
más
avanzado de competencia. Antes de ello, en
los inicios del sistema industrial moderno,
cuando las necesidades estaban grandemente
insatisfechas, los consumidores aceptaban
con satisfacción lo que el sistema
productivo les entregaba. No había
exigencias, ni
siquiera la necesidad de usar marcas. Los
productos (bienes o servicios) eran lo que
ahora se conoce como productos genéricos o
indiferenciados. En aquellos tiempos, los
gerentes de empresa tenían una gran
preocupación, básica pero muy realista:
ganar más
por mayores ventas. Más adelante, a mediados
del siglo XX, en plena era de la post
guerra e inicios del gran salto al consumo
masivo en los Estados Unidos de América, los
estudiosos del management comienzan a
estructurar y generalizar todas las
experiencias
que se desarrollan por la ya intensa
competencia empresarial. Se inicia la
publicación
masiva de libros de texto sobre la nueva
ciencia de la empresa. Por ejemplo, Bethel y
otros1 manifiestan que “La gerencia
industrial tiene por delante constantemente
la tarea de
comprender las condiciones y las relaciones
entre los intereses privados y los de la
sociedad. Una
industria privada tiene que ser manejada en
armonía con ambos intereses. La libertad
personal, la
seguridad de los derechos privados de la
propiedad y la libertad de la iniciativa y
de la empresa
individuales, que son premisas esenciales de
un sistema de empresa privado, dependen de
una
comprensión y de una adaptación adecuadas de
los intereses de los individuos y los de la
sociedad...”
Puede observarse en esta afirmación toda una
sustentación del sistema de libre empresa,
pero ya con una preocupación por los
intereses de la sociedad. Y es este aspecto
el que,
a su vez, sirve de punto de apoyo para el
desarrollo de este trabajo: la
responsabilidad
de las gerencias de engranar los intereses
de la empresa con los de la sociedad. A
partir
de este entendimiento es que se va
tecnificando el manejo empresarial en muchos
aspectos y que específicamente da base en
aquellos tiempos, más que a la importancia,
a
la necesidad de “quedar bien” con la
sociedad. He ahí la simiente de las primeras
concepciones de las relaciones públicas.
Luego de varias décadas de andar, y también
con más estructura en sus conceptos y
principios, los investigadores de las
relaciones públicas comienzan a ver más
claro su
panorama. Es el caso de Marston2 quien, para
destacar la variedad de conceptos que
existen sobre el tema, cita un artículo que
apareció en Harper´s Magazine y en el que
Robert Heilbroner se refirió a los
especialistas de relaciones públicas como
“una
hermandad de 100,000 integrantes cuyo lazo
común es que ninguno de ellos estará jamás
de acuerdo
sobre lo que es su profesión”; pero el mismo
Marston, luego de sesudas disquisiciones,
plantea la siguiente definición: “Las
relaciones públicas son la función gerencial
que evalúa las
aptitudes públicas, identifica las políticas
y procedimientos de una organización con el
interés público, y
ejecuta un programa de acción [y
comunicación] para ganar aceptación y
entendimiento públicos.”
Pero la pregunta es ¿para ganar aceptación y
entendimiento públicos solamente? Tanto
Marston como la mayoría de autores coinciden
en que se trata de generar en la sociedad
simpatía y aceptación positiva por lo que
hace la empresa. Prácticamente ninguno
considera que ello al final debe ser un
valor intangible y hasta parte del
patrimonio de la
empresa.
LOS INICIOS: la promoción per se
Paralelamente a estos desarrollos, por otro
lado más funcional de la gestión
empresarial,
el comercial, se suscita una verdadera
avalancha de autores y propuestas sobre lo
que
ahora se conoce como marketing. De sus
antecedentes hay mucho que decir, pero es
importante destacar que uno de los grandes
aportes a esta ya madura disciplina es el de
E. Jerome McCarthy, quien en su famoso libro
Basic Marketing: A Managerial
Approach3, publicado en 1960, hace conocer
su famosa teoría de las 4 P: Product,
Price, Place y Promotion, que se han
difundido en español como Producto, Precio,
Plaza y Promoción. Más de tres décadas
después, McCarthy4 mantiene su planteamiento
inicial cuando afirma lo siguiente: ”Las
cuatro “P” constituyen una mezcla comercial.
Un análisis
de los problemas que enfrentan tanto las
compañías grandes como las pequeñas
demuestra la posibilidad
de reducir el número de variables de la
mezcla comercial a cuatro categorías
básicas: Producto, Precio,
Plaza y Promoción.” Más aún, ya en los
inicios del tercer milenio, y a tono con los
avances
tecnológicos y de la era de la comunicación,
McCarthy5 sigue reafirmando su
indiscutido planteamiento: ”Las necesidades
de los consumidores meta pueden atenderse en
muchas formas. Un producto puede reunir
varias características. Es posible ajustar
los niveles de
servicio al cliente antes y después de la
venta. Pueden cambiarse el empaque, el
nombre de marca y la
garantía. También es posible utilizar
diversos medios publicitarios: periódicos,
revistas, televisión por
cable e internet. Puede usarse la fuerza de
ventas de la compañía u otros especialistas.
El precio está
sujeto a modificaciones, descuentos,
etcétera. Con tantas variables de donde
elegir, ¿hay alguna forma
de ayudar a organizar a todas estas
decisiones y simplificar la selección de la
mezcla de marketing? La
respuesta es afirmativa. Conviene reducir
todas las variables de la mezcla de
marketing a cuatro
fundamentales: Producto, Plaza, Promoción,
Precio. Las cuatro Ps son un medio adecuado
de concebir
las cuatro partes de la mezcla de
marketing.”
Al respecto, y sin perder la perspectiva de
este trabajo, es necesario hacer cuatro
precisiones:
•
Producto y Precio: no hay problema con su
traducción, pues ambos se refieren al
satisfactor y a su valor de transacción.
•
Sin embargo, Plaza no es lo que McCarthy
quiso decir: lugar, ubicación...
distribución; pero no “plaza mayor” o “plaza
de armas” en una población o,
simplemente, el mercado físico de toda
ciudad (“la plaza”).
•
En cuanto a Promoción, siempre en su citado
texto de 2001, McCarthy reafirma su
planteamiento de 1960 diciendo que
”...consiste en comunicar información entre
el vendedor
y el comprador potencial u otros miembros
del canal para que influyan en las actitudes
y en el
comportamiento. El gerente de marketing se
encarga de decir a los clientes que el
producto idóneo
está disponible en la plaza adecuada y al
precio correcto... un ejecutivo de marketing
puede
seleccionar entre varios métodos
promocionales: venta personal, venta masiva
y promoción de
ventas... debido a que cada método tiene sus
virtudes y sus limitaciones... es necesario
que los
administre y coordine como un “todo”
integrado, no como partes separadas e
inconexas.” Ya en
estos tiempos pues, McCarthy habla de
“comunicación integrada de marketing”.
•
La diferencia entre variables controlables y
variables no controlables. El mismo
McCarthy, ya en su citado libro de 1992
reafirma el sustento de su planteamiento,
que muchos han olvidado o no han estudiado:
”la planificación de la estrategia de un
gerente comercial no se realiza en el vacío.
Por el contrario, ese gerente opera con
variables
controlables, encuadradas en un marco que
implica muchas variables incontrolables que
se deben
tener en cuenta, aunque el gerente no pueda
controlarlas.” Las variables controlables
son las
ya mencionadas 4 P; las variables no
controlables son los ambientes siguientes:
Social, Económico, Político, Tecnológico y
Ecológico (SEPTE).
Hechas las precisiones, y luego de una
revisión de la más importante literatura que
sobre marketing se ha publicado en las
últimas décadas y especialmente en los
primeros
años del Tercer Milenio, puede verse que las
4 P de McCarthy mantienen actualísima
vigencia: siempre habrá que vender un
satisfactor, a un precio definido, en un
lugar
determinado y con una debida promoción.
Sobre esta base, en la categoría Promoción,
se observa que el enfoque es netamente
comercial y con eficiencia probada.
Sin embargo, por otro lado ha habido un gran
desarrollo de las ciencias de la
comunicación, que han comenzado a
perfeccionar los primeros alcances de la
categoría
Promoción. Un gran hito, poco conocido, es
la revisión efectuada por Van Waterschoot
& Van den Bulte6, quienes plantean la
siguiente visión mejorada de las 4 P o
Marketing
Mix: Producto, Precio, Distribución y
Comunicación; en la variable Comunicación
hacen el desagregado siguiente: comunicación
masiva, comunicación personal y
publicity. A la venta personal, la denominan
comunicación personal y añaden el
publicity o comunicación no pagada. Plantean
que la clásica categoría Promoción está
contenida en toda la mezcla comercial o
Marketing Mix. Ello, porque la Promoción perse, que con el tiempo fue viéndose y
aplicándose como un instrumento muy
concreto,
Van Waterschoot & Van den Bulte la
incorporan en todas las categorías
componentes
de las 4 P; de ahí que propongan que hay:
mix de promoción de producto, mix de
promoción de precio, mix de promoción de
distribución, mix de promoción de
comunicación masiva, mix de promoción
personal y mix de publicity.
LOS PRIMEROS AVANCES: las decisiones
estratégicas de comunicación
En este ampliar del alcance de la categoría
Promoción, por el desarrollo de las ciencias
de la comunicación y por el del
posicionamiento, gran aporte de Ries & Trout,7
quienes
dicen que ”el posicionamiento comienza con
un producto, que puede ser un artículo, un
servicio, una
compañía, una institución o incluso una
persona... es también lo primero que viene a
la mente cuando se
trata de resolver el problema de cómo lograr
ser escuchado en una sociedad
supercomunicada... En
comunicación, lo menos es más...” Puede
apreciarse, pues, que ya se prueba
científicamente
que la necesidad de información del mercado
o conjunto de consumidores se satisface
con un gran compuesto decisional que se
llama comunicación empresarial y que éste
abarca mucho más allá del mero bien o
servicio comercial.
Es en esta línea que Jean-Jaques Lambin8,
uno de los primeros especialistas del
marketing estratégico llama Comunicación a
esta categoría, cuya finalidad la resume en
dos grandes objetivos por lograr en el
mercado: hacer conocer y hacer valer la
oferta de
la empresa. Define a la comunicación como
“...el conjunto de señales emitidas por la
empresa a
sus diferentes públicos. Es decir, hacia
clientes, distribuidores, proveedores,
accionistas, poderes
públicos y también frente a su propio
personal.” En este sentido, los medios de
comunicación
en marketing son: publicidad, fuerza de
ventas, promoción de ventas y las relaciones
exteriores. En cuanto a las relaciones
exteriores, Lambin afirma que “...tienen por
objetivo
establecer, a través de un esfuerzo
deliberado, planificado y sostenido, un
clima psicológico de
comprensión y de confianza mutua entre una
organización y el público. Se trata pues
menos de vender
que de obtener un apoyo moral que facilite
la continuidad de la actividad.” Se acerca
Lambin al
tema de este trabajo al desarrollar todo lo
que significa el proceso de la comunicación
publicitaria. Señala que los diversos tipos
de comunicación publicitaria son: publicidad
de imagen, publicidad promocional,
publicidad interactiva y publicidad
institucional.
Destaca que los tres primeros tipos de
comunicación publicitaria precedentemente
indicados están referidos al satisfactor que
la empresa ofrece al mercado y que la
publicidad institucional “... tiene por
objetivo crearse o reforzar una actitud
positiva hacia la
empresa, dirigiéndose a sus diferentes
públicos... se trata, pues, también de un
objetivo de creación de
imagen, pero de una imagen de empresa.” A
partir de esta afirmación, Lambin indica que
la
publicidad institucional tiene dos
principales modalidades particulares: el
patrocinio
(operación comercial de mutuo beneficio
entre las partes) y el mecenazgo (donde
prima
el carácter desinteresado y generoso). A
estas alturas las ciencias de la
comunicación se
han incorporado al marketing y lo han
enriquecido, haciendo ver que no sólo debe
comunicarse el satisfactor sino también una
buena imagen de la empresa en su totalidad.
Reafirma lo dicho el siempre renovado Philip
Kotler, cuando en su libro Dirección de
Marketing/Edición del Milenio 9 denomina a
la categoría como Comunicación Integral
de Marketing, cuya definición adopta de la
Asociación Americana de Agencias de
Publicidad: “Un concepto de planificación de
comunicaciones en marketing que reconoce el
valor
añadido de un plan completo que evalúa los
roles estratégicos de una variedad de
disciplinas de
comunicación ... y que combina estas
disciplinas para proporcionar claridad,
consistencia y el máximo
impacto de las comunicaciones a través de la
integración uniforme de mensajes discretos.”
Señala
Kotler que esta categoría cuenta con cinco
herramientas principales: publicidad,
promoción de ventas, relaciones públicas,
venta personal y marketing directo. Si bien
es cierto que habría un aparente retroceso
conceptual en Kotler al reconocer a las
relaciones públicas como herramienta
principal de comunicación integral de
marketing,
no lo es tal por la aclaración que hace:
“Los directores de marketing y los
especialistas en
relaciones públicas no siempre hablan el
mismo lenguaje. Los primeros van más al
grano, mientras que
los segundos contemplan su trabajo como
comunicadores, si bien la situación está
cambiando: en primer
lugar, las empresas están pidiendo más
relaciones públicas en marketing (RPM),
prestando apoyo
directo a la promoción de la empresa o del
producto y a la creación de imagen. Así, las
RPM , lo mismo
que las relaciones públicas en los aspectos
financieros y en otros departamentos,
podrían servir para
lograr objetivos concretos, en este caso el
desarrollo del departamento de marketing...
El nombre
primitivo de las relaciones públicas en
marketing era ´publicidad´, a la que se
contemplaba como la
tarea de conseguir espacio gratuito en la
prensa y en la radio con objeto de
promocionar o dar imagen
de un producto, servicio, idea, lugar,
persona o empresa...” Y reafirma Kotler que
las RPM, entre
otras netamente comerciales, puede
contribuir a tareas como: influenciar a
grupos
objetivo específicos (patrocinios), defender
productos que se han enfrentado a
problemas públicos (intoxicación por Coca
Cola en Bélgica) y crear imagen corporativa
de un modo tal que afecte favorablemente a
sus productos (Iacocca-Chrysler).
Estamos pues, de lleno, en el manejo o
gerencia de la imagen corporativa, de la que
se
comienza a observar un torrente de
publicaciones, la mayoría casi en su
totalidad
orientadas a los aspectos exclusivamente
técnicos (comunicacionales) y con clarísimo
sesgo operativo y no de rentabilidad.
EL DESARROLLO DE LAS CIENCIAS DE LA
COMUNICACIÓN: gerencia de
la imagen corporativa
En el mundo empresarial ya es una práctica
común hablar de Gerencia y Gerente de
Imagen Corporativa, en lugar de “jefe de
relaciones públicas”. Pero también se puede
observar que en la mayoría de los casos se
trata de un simple cambio de nombre; algo
equivalente a ejecutivo de negocios en lugar
de vendedor. Una revisión rápida de los
principales aportes bibliográficos sobre el
tema permite afirmar que se ha avanzado algo
en cuanto a la importancia del manejo de la
imagen de la empresa, pero en sus aspectos
operativos o de procedimientos.
Sin embargo, también se encuentran aportes
empresariales; es decir, en función al
objetivo final del hacer empresa: maximizar
la rentabilidad de la inversión o, lo que es
lo mismo, a incrementar el valor real de sus
acciones comunes. Un ejemplo de ello es lo
que afirma Justo Villafañe10: “... de nada
sirve analizar... la imagen que de una
compañía proyectan los medios de
comunicación –que se corresponderá con su
perfil
mediático exclusivamente– si no se integran
en el mismo modelo de análisis otros
aspectos igualmente importantes para su
imagen, como puede ser su reputación
financiera, el valor de sus marcas, el trato
que sus empleados de contacto dispensan a
sus clientes o la misma cohesión interna de
su plantilla, por citar sólo algunas
variables que influyen en la imagen de una
empresa. Si esto ya se está entendiendo en
las empresas, en buena hora, porque lo
implícito comienza a ser explícito en este
quehacer de manejar la imagen corporativa:
el enfoque empresarial o, específicamente
hablando, el enfoque financiero del
marketing en su variable comunicacional.
Esto
significa que la gerencia de la imagen
corporativa no es sino el incrementar la
reputación empresarial, la misma que se
puede valorizar pues, de hecho, ya es parte
del
patrimonio de la firma.
DE LA IMAGEN CORPORATIVA A LA REPUTACIÓN
EMPRESARIAL: valor
patrimonial de la reputación
Al respecto, Fombrun11 afirma que la
reputación es valiosa porque nos informa
sobre
qué productos comprar, qué compañías
trabajar o en qué acciones invertir. Al
mismo
tiempo –sigue Fombrun–, una reputación es de
considerable valor estratégico porque
llama la atención sobre los rasgos
atractivos de una compañía y amplía las
opciones
disponibles a sus gerentes, por ejemplo, sea
para fijar precios más altos o más bajos a
los productos y servicios o para implementar
programas innovadores.
La buena imagen corporativa significa buena
reputación corporativa. Buena reputación
corporativa significa mayor valor
patrimonial. Y este mayor valor patrimonial
es la
resultante de las interrelaciones entre la
identidad de una empresa y su nombre, imagen
y reputación. A su vez, la imagen
corporativa se manifiesta en varios planos:
imagen en
el cliente, imagen en la comunidad, imagen
en los accionistas, imagen en el personal.
Estos son los razonamientos de Fombrun para
afirmar que la reputación debe
construirse, sostenerse y defenderse; es
decir, debe gerenciarse. Redondea su
razonamiento cuando conceptúa sobre los
activos intangibles (goodwill) los mismos
que, por los principios contables de los
Estados Unidos, no se pueden valorizar como
activos, lo que ha permitido que los
contadores hayan acordado reconocer el
goodwill
sólo cuando la firma es vendida. Ellos miden
el valor de los activos intangibles como el
exceso del precio de compra de la compañía
sobre el valor de mercado de sus activos
tangibles. El goodwill típicamente incorpora
el valor de todos los intangibles,
incluyendo nombres de marca y reputación.
EL CAPITAL INTELECTUAL
Avanzando o profundizando en el concepto, se
llega rápidamente a otro más amplio y
crecientemente más conocido: el capital
intelectual de las empresas. Stewart12 lo
define
de la siguiente manera: El capital
intelectual es material intelectual
–conocimientos,
información, propiedad intelectual,
experiencia– que se puede aprovechar para
crear
riqueza. Es fuerza cerebral colectiva. Es
difícil de identificar y aun más de
distribuir
eficazmente. Pero quien lo encuentra y lo
explota, triunfa. Dice este estudioso que
ello
es fácil de entender por la simple
observación del “contenido intelectual” de
bienes y
servicios cotidianos, ya que en todo hay
contenido intelectual: un envase con
identidad
(marca) no es un simple envase físico, un
viaje en Iberia no es un simple traslado
aéreo
de un lugar a otro en una línea desconocida,
un clásico Barcelona-Real Madrid no es un
simple partido de fútbol más... las
casaquillas del Barça o del Real Madrid no
son
simples prendas de vestir: significan mucho
más, valen mucho más para el público, para los clubes... para la Bolsa.
Pero la conceptualización de Stewart no
puede adoptarse a secas. Ello, porque
Edvinson
y Malone 13 han estudiado el tema y
encontrado las ideas siguientes:
•
Steven M.H. Wallman, presidente de la
Comisión de Valores y Bolsa: El capital
intelectual no solamente incluye el
potencial del cerebro humano sino también
los
nombres de productos y las marcas de fábrica
y hasta gastos registrados en los libros
como históricos, que se han transformado con
el correr del tiempo en algo de más
valor (por ejemplo, un bosque comprado hace
un siglo, que hoy es una valiosísima
propiedad inmobiliaria. Son activos que en
la actualidad están valorados en cero en
el balance general.
•
William Davidow, inversor de capitales para
especulación y comentarista de
negocios (The Virtual Corporation): “Tenemos
necesidad de pasar a un nuevo nivel
contable, en el cual se pueda medir el
impulso de una empresa en términos de
posición de mercado, lealtad de la
clientela, calidad, etc. Por no valorar
estas
perspectivas dinámicas estamos una
valoración tan falsa de una empresa como si
estuviéramos cometiendo errores de suma”.
•
H. Thomas Jonson, profesor de administración
de empresas en la Universidad
de Pórtland (Oregon): “el capital
intelectual se esconde dentro de ese
concepto
contable tradicional y misterioso llamado
goodwill. La diferencia es que
tradionalmente el goodwill recalcaba activos
poco usuales pero reales, tales como
las marcas de fábrica. En comparación, el
capital intelectual busca activos todavía
menos tangibles, tales como la capacidad de
una empresa para aprender y
adaptarse”.
•
La revista Industry Week escribía a
principios de 1996: “Los directivos se
esfuerzan aquí y ahora por adaptarse al
desplazamiento del centro de gravedad
económico , de administrar y medir los
activos materiales y financieros, a cultivar
y
multiplicar el conocimiento como los actos
más significativos de creación de valor.
Y esto se aplica tanto a Microsoft como a
una fábrica de tejidos en los desiertos de
Canadá que teje boinas en una máquina
comprada por el bisabuelo del propietario
en 1919. Pregúntele a un ejecutivo de
cualquier firma qué porcentaje del valor
total
atribuiría a los activos intangibles
–cualquier cosa, desde destrezas
individuales y
conocimientos técnicos, sistemas de
información, diseños y marcas de fábrica,
hasta
relaciones con los proveedores y
concesionarios- y recibirá la misma
respuesta: más
del 80%. Ahora pida que observe la relación
entre el fondo de comercio y los
activos realmente incluidos en el balance
general , y le producirá un ataque
nervioso”.
•
La revista Industry Week también cita a Lars
Kolind, presidente de Oticon
Holding A/S, firma danesa fabricante de
audífonos, que ha crecido en valor de
mercado de 150 millones de coronas en 1991 a
2,400 hoy (1997), y sin embargo
sólo 400 millones de esa suma aparecen en el
balance general. Dice Kolind:
“Toda nuestra contabilidad, todos los
reglamentos del gobierno y de la bolsa de
valores, todos los recursos, todo está
enfocado en el capital social, lo que es
absolutamente absurdo porque los 2,000
millones de coronas danesas de capital
intelectual son cinco veces más”.
Con estas referencias, Edvinson y Malone
afirman que cualquiera que sea la definición
que se adopte, es evidente que el valor del
capital intelectual en los negocios
mundiales
es inmenso. Charles Handy calcula que puede
llegar a tres o cuatro veces el valor de
los activos de una empresa. De acuerdo con
el Indice Mundial Morgan Stanley, el
promedio del valor de las empresas en las
bolsas de valores mundiales es el doble de
su
valor en libros. En Estados Unidos el valor
de mercado de una corporación es
normalmente de dos a nueve veces su valor en
libros.
Cuando citan en su libro la fórmula del
capital intelectual de James Tobin, estos
especialistas coinciden con la referencia
que Fonbrum hace de los contadores en
Estados unidos:
CI = VM - VL
Donde:
CI: capital intelectual.
VM: valor de mercado.
VL: valor en libros.
LOS DESARROLLOS Y RETOS FINANCIEROS: la
valoración del capital
intelectual
De todo lo revisado hasta este punto, puede
concluirse que el primigenio concepto de
goodwill referido a los activos intangibles
obvios, explícitos o reales, ha dado paso al
concepto más amplio de capital intelectual
en las empresas.
Pero ello lleva a plantear que el gran reto
en estos tiempos es cómo valorar dicho
capital. Hay muchas metodologías y
criterios. Pero la pregunta es ¿cuál es el
punto en el
que debe fijarse o entenderse una fórmula o
metodología? Al respecto, ayuda
muchísimo la afirmación de Vega, Bonilla y
Cebrián14: “... existe una tendencia
generalizada a considerar que los
intangibles deben ser calificados como
activos por su
capacidad potencial para generar beneficios
futuros y, por tanto, con proyección
plurianual... Desde un punto de vista
económico e independientemente de que en un
futuro más o menos próximo los intangibles
figuren activados en los estados contables,
su valoración a coste de producción
entrañaría... los problemas siguientes: a)
reconocer el intangible como fuente de la
ventaja competitiva que disfruta su
compañía..., b) identificar los insumos
asociados a los activos intangibles..., c)
¿cuándo
acaba el proceso de acumulación de
costes?..., d) ...habría que identificar el
período
durante el cual la empresa se beneficia del
uso del intangible”.
Estos razonamientos hacen ver que el tema es
cuasi filosófico. Los especialistas se
pondrán de acuerdo en su momento. Para los
fines de este trabajo, al final de cuentas
el
valor se definirá en el momento de
realización de todos los activos de la
empresa
(físicos y capital intelectual): cuando se
venda la empresa, cuando se efectúe una
transacción documentada. En ese momento se
encajará con las Normas Internacionales
de Contabilidad (NIC) o con los Principios
de Contabilidad Generalmente Aceptados PCGA). A propósito, la Unión Europea ha
incorporado recientemente las NIC, pero el
país más poderoso y con filiales en casi
todo el mundo (Estados Unidos), sólo acepta
los
PCGA.
Pero, siempre con la visión de marketing
como filosofía de hacer negocios, es
importante destacar que el valor más
importante y, al final de cuentas el
determinante,
es el valor del mercado, entendido éste como
el valor que los consumidores finales o
usuarios industriales dan a una empresa al
comprar sus productos o servicios: su
imagen, su reputación, sus marcas, sus
sistemas de distribución, su calidad de
servicio,
su solvencia, su cumplimiento, etc.; es
decir, el encanto de los momentos de la
verdad al recibir soluciones o satisfacciones
esperadas o más que eso y que les hace ser
fieles
consumidores en el tiempo. Entonces, mucho
tiene que ver en esto también el concepto
de valor del consumidor en el tiempo, como
generador de ventas o aportes a la
rentabilidad de la empresa y, por ende, a su
mayor valor patrimonial. Nada valdrán los
componentes del capital intelectual si el
consumidor no los valora en el tiempo.
¿Cómo valorar el encanto de una gran empresa
como los juegos olímpicos? ¿Cómo
valorar el encanto de participar en un
campeonato mundial en cualquier disciplina
deportiva? ¿Cómo valorar lo que significa la
camiseta del Barça, del Real Madrid, del
Manchester United, por citar algunos
brillantes ejemplos?
Con esta ponencia se ha tratado de demostrar
que el valor de una institución o certamen
deportivo es más que sus inventarios físicos
o lo que registran sus libros contables.
Desde el punto de vista de la gestión
económica de una institución deportiva, su
valor
estará determinado por los componentes de su
propio capital intelectual: conocimientos,
información, propiedad intelectual,
experiencia. Pero, más propiamente, el valor
de una
institución deportiva estará dado por muchos
otros factores, entre los que se puede
destacar a los siguientes:
•
Su rendimiento o performance en
competiciones y, obviamente su posición
destacada en el tiempo.
•
Su gestión del merchandising, con gerencia
profesional y con una gran enfoque de
marketing estratégico; es decir, en función
al mercado.
•
Su infraestructura, con los modernos
conceptos de estadio-empresa desarrollados
especialmente por poderosas instituciones
deportivas en los Estados Unidos.
•
La calidad y prestigio de su plantel de
jugadores que, con buen manejo de su imagen
profesional y personal, contribuye a valorar
la institución de manera
inconmensurable.
•
Sus patrocinadores que, mientras más
poderosos, potenciaran la imagen corporativa
y, por ende, el valor patrimonial de la
institución deportiva. Ello debido a que un
patrocinador de marca internacional no
invertirá en una institución deportiva que,
a
su vez, también sea poderosa.
•
Su plantel gerencial, pues sin una solvente
y profesional conducción empresarial
ninguno de los aspectos indicados
precedentemente funcionará.
IMPLICANCIAS DE LA VALORACIÓN DE ACTIVOS
INTANGIBLES EN LA
GESTION DE INSTITUCIONES DEPORTIVAS
Todo lo desarrollado en esta ponencia es el
reflejo de realidades empresariales de
mucho éxito en la gestión económica del
deporte. A manera de ejemplo, se pueden
mencionar las experiencias siguientes:
a.
El éxito de la estrategia The Olympic
Partnership, de Joan Antonio Samaranch, ex
presidente del Comité Olímpico Internacional
(COI)
b.
La estrategia norteamericana
estadio-empresa, como foco de desarrollo
comercial
c.
El modelos empresarial de la National
Basketball Association (NBA)
MARKETING PROFESIONAL DE INSTITUCIONES
DEPORTIVAS PARA
MAXIMIZAR SU RENTABILIDAD E INCREMENTAR SU
VALOR: casos
dignos de tomar en cuenta
En el caso concreto de las instituciones o
clubes deportivos, hay también experiencias
de mucho éxito que es necesario estudiar más
a fondo. También a manera de ejemplo,
se pueden mencionar las siguientes:
a.
FC Barcelona: estrategia para incrementar el
valor de su marca Barça:
b.
Los Angeles Lakers: la franquicia más
cotizada de la NBA
c.
Yankees: estrategia para lograr que su marca
sea la de mayor valor en la industria
mundial del deporte.
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