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Por: Vanessa Alejandra
Rivera de la Fuente
Relacionadora Pública
Consultora en Comunicación Institucional y
Desarrollo Local
Email:
counselors@hotmail.com,
rrpp2000@hotmail.com
El mundo de hoy se caracteriza por la
constante presencia de conflictos de diversa
índole: Políticos, étnicos, sociales y
culturales. Por efecto de la “Aldea global”,
conflictos lejanos a nuestro entorno nos
pueden afectar directamente. Este contexto
de crisis, impone un desafío al sistema
institucional y valórico de nuestros países
ya que los conflictos, no sólo alteran el
equilibrio de poder dentro y fuera de las
fronteras sino que además repercuten sobre
nuestra forma de vida. Ejemplo de esto son
las migraciones causadas por guerras o
inestabilidad económica en países del tercer
mundo hacia países más industrializados, lo
que obliga a los gobiernos de ambas naciones
–la de origen y la de destino- a cambiar
sus leyes, y re-ordenar prioridades de sus
agendas.
El tema del medio ambiente y el desarrollo
sostenible no está ajeno a está realidad, y
es un tópico recurrente en la agenda
política, económica y noticiosa ya que los
problemas ambientales, al igual que la
información, tienen un carácter
transfronterizo y aunque ocurran en un lugar
específico afectan nuestra vida y porvenir
en tanto agravan la crisis ya existente y
producen cambios en el orden internacional.
Sobre estas circunstancias, los gobiernos
nacionales y locales tienen que establecer
las bases para el desarrollo sustentable. El
desarrollo sustentable ha sido definido por
la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del
Desarrollo (CNUMAD) como “El desarrollo que
satisface las necesidades del presente sin
comprometer la habilidad de las
generaciones futuras para satisfacer sus
propias necesidades”. La comisión definió el
concepto como un objetivo factible en todo
el mundo, ya fuese a escala local, nacional,
regional o internacional. Esto implica un
equilibrio vital entre los intereses
económicos, sociales y medioambientales a la
hora de satisfacer nuestras necesidades para
preservar la vida en el planeta, y dicho
enfoque integrado se puede alcanzar uniendo
inteligencia y talento.
De acuerdo a CNUMAD, para conseguir este
tipo de integración y equilibrio entre las
dimensiones económica, social y medio
ambiental, se necesitarían nuevas
perspectivas de cómo producimos, cómo
vivimos, como trabajamos, nos relacionamos y
tomamos decisiones. Esto a su vez se logra
con la participación informada y
comprometida de los actores sociales.
Uno de los logros más importantes del CNUMAD
fue el Programa 21, un plan de acciones
minucioso y amplio que exigía nuevas formas
de invertir en nuestro futuro para poder
alcanzar el desarrollo sostenible en el
siglo 21. Este programa le otorga a la
comunicación un papel importante en la
generación de los cambios necesarios para
avanzar hacia el desarrollo sostenible.
La Declaración de Río, dice en el principio
Nº10:“El mejor modo de tratar las
cuestiones ambientales es con la
participación de todos los ciudadanos
interesados, en el nivel que
corresponda…toda persona deberá tener acceso
adecuado a la información sobre el medio
ambiente…”
Por su parte, la mencionada Agenda 21 en el
apartado Nº40 “Información para la Toma de
Decisiones”, señala que para la
adecuada administración del desarrollo
sostenible se requiere información precisa y
reforzar los mecanismos de procesamiento e
intercambio de datos. Este punto cobra
importancia en relación al apartado Nº36 que
recomienda un aumento de la conciencia
ambiental del público en cuanto al medio
ambiente y señala: “ todavía hay muy poca
conciencia de la interrelación existente
entre actividades humanas y el medio
ambiente, debido a la insuficiencia o la
inexactitud de la información..” . De esto
se puede deducir que el rol de la
comunicación, como ciencia, disciplina y
proceso social, es informar adecuadamente,
sensibilizar a la población y promover la
participación de los ciudadanos en la toma
de decisiones sobre su propio destino ante
la crisis ambiental global.
Ahora bien, desde la elaboración del
Programa 21 y la firma de la Declaración de
Río las personas tienen acceso a mucha
información sobre el medioambiente a través
de los medios de comunicación, Internet,
campañas de información municipales, etc., y
cada uno de nosotros tiene una opinión más o
menos clara sobre el tema. Estamos
informados.
Pero, ¿Basta sólo con informar? En mi
opinión no basta. Mucha gente lee todos los
días las noticias sobre contaminación y no
se involucra. Muchos manejan información
sobre daño ecológico pero no saben como
usarla. No hay que confundir comunicación
con información. Admitiendo que la
comunicación implica la entrega de mensajes
que contienen información, lo cierto es que
lo sustancial de los procesos comunicativos,
a diferencia de los informativos, es que la
comunicación implica compartir o
intercambiar significados con una
determinada intención. Estos significados no
sólo están asociados a la información sino
que el proceso es mucho más complejo, ya que
el contenido forma parte de un universo
discursivo que considera las condiciones de
producción, recepción y el contexto de
circulación de los mensajes. Este proceso es
lo que determina la percepción social, por
ejemplo, de un riesgo ambiental.
Obviamente, las noticias sobre la crisis
medioambiental pueden constituir una
importante herramienta en orden a entregar
información de este tipo, pero dado su
carácter masivo, no alcanzan a cubrir el
objetivo de promover la participación y
generar instancias de diálogo para la toma
de decisiones. Le falta un aporte
persuasivo, de acción directa, que ayude a
crear vínculos y los oriente hacia un
consenso en cuanto al desarrollo sostenible.
Este importante aporte, lo entregan las
Relaciones Públicas.
Ante las crisis ambiental global y las
consecuencias que acarrea, las relaciones
públicas tienen un inmenso desafío en orden
a dar una contribución efectiva en el diseño
de estrategias de comunicación que
incorporen la educación, la participación y
el consenso acerca de cómo enfrentar el
deterioro ambiental y sus consecuencias,
sobre todo considerando que la crisis
ambiental es global, pero demanda soluciones
específicas a nivel local.
Toda estrategia es un proceso social. Es
decir, una estrategia es una propuesta de
acción para involucrar a los diferentes
actores de un proceso en la asunción de los
papeles y responsabilidades que corresponden
a cada quien, con tiempos y movimientos
determinados para alcanzar las metas
planteadas. Por lo mismo, una estrategia es
por definición un proceso participativo con
componentes de educación y comunicación.
Ahora bien ¿a qué nivel resulta más eficaz
realizar este trabajo? Como ya dijimos, “a
problemas globales, soluciones locales”, por
lo tanto, es el ámbito comunitario el
espacio propicio para llevar a cabo las
estrategias de comunicación que se requieren
para involucrar a la comunidad en la
definición de las bases del desarrollo
sostenible. Las relaciones públicas marcan
una diferencia complementaria con la
comunicación social masiva, dada su cercanía
y conocimiento específico de los públicos y
la posibilidad de obtener un feedback más
rápido y confiable. La intervención a nivel
local nos da la oportunidad de conocer de
forma más cerca de los distintos grupos que
interactúan y se ven afectados por una
situación dada, lo que permite a su vez una
mejor sincronización de sus intereses.
Relaciones Públicas Comunitarias
Comunidad es un vocablo sociológico con
muchos significados: ha sido equiparado con
sociedad, categorías sociales o bien, en el
sentido de distribución geográfica o étnica.
Según Mac Iver y Page, el término se refiere
a un área de la vida social caracterizada
por un cierto grado de cohesión social. Las
bases de este concepto son la localidad y el
sentimiento de pertenencia. Lo que
caracteriza a una comunidad, según los
autores, es que la vida de una persona puede
ser totalmente vivida dentro de ella. No se
puede vivir enteramente dentro de una
empresa o una iglesia; sí se puede vivir
enteramente en una tribu o en una ciudad. El
criterio básico de comunidad por tanto, está
en que todas las relaciones sociales de
alguien pueden ser encontradas dentro de
ella.
El concepto de relaciones públicas
comunitarias se refiere al trabajo realizado
con la comunidad, dentro de ella y en
función de un consenso que incorpore sus
propios intereses y formas de comunicación.
Su objetivo es que las organizaciones y
personas puedan llegar a actitudes y
opiniones consensuadas, que permitan la
acción conjunta en beneficio de todos.
El Acuerdo de México sostiene que: “el
ejercicio profesional de las relaciones
públicas requiere de una acción planificada
con apoyo sistemático de la investigación en
comunicación y de la participación
programada, para elevar el nivel de
entendimiento, solidaridad y colaboración
entre una entidad pública o privada y los
grupos sociales a ella vinculados, en un
proceso de integración de intereses
legítimos, para promover su desarrollo y el
de la comunidad donde se insertan”.
Es un hecho que, en términos generales, las
relaciones públicas son utilizadas más al
servicio de las empresas en apoyo a
objetivos económicos por razones y
necesidades de supervivencia en el contexto
de un sistema de mercado. Se puede decir
también que toda esa labor en general está
centrada en la preocupación de las empresas
de relacionarse bien con la comunidad pues
con eso mantienen o mejoran su buena imagen
a la par que obtienen mayor lucro y
aceptación de ella.
Hoy, frente a los cambios sociales, las
empresas y organizaciones no buscan sólo una
buena imagen sino que además se están
preocupando de establecer vínculos
permanentes de información y transparencia
con la comunidad. Los tiempos cambiaron y
la comunidad pasó a ser considerada una
fuerza dinámica, constantemente en proceso
de cambio, cada vez más organizada. Las
instituciones saben que esta nueva fuerza,
puede presionar fuertemente, incluso hasta
arruinar sus objetivos, ocasionando
profundas alteraciones sociales y
destruyendo creencias antes tenidas por
inmutables. Un ejemplo de ello son las
organizaciones de consumidores o las
instituciones de origen ciudadano que
monitorean el comportamiento ético de las
empresas o del poder político.
Ante este enfrentamiento de fuerzas, el
relacionador público debe participar como
agente de integración, no sólo como promotor
de la imagen o las buenas intenciones de la
empresa. Debe ser capaz de encarar los
problemas, necesidades y conflictos con
sinceridad, proponiendo soluciones que no
sólo beneficien la reputación de la
organización sino que debe actuar como
facilitador de un diálogo abierto y sin
prejuicios entre la organización y sus
públicos sobre sus objetivos y visiones,
fomentando los acuerdos que permitan el
desarrollo de todos los miembros de la
comunidad.
Las relaciones públicas, en tanto disciplina
de la comunicación puesta al servicio de
intereses comunitarios, no debe ser
concebida como una actividad aislada, sino
como parte de un proceso integral que junto
a otras actividades impulsadas por otros
entes sociales, contribuye al desarrollo
local y al bien común.
Sin embargo, este aporte no será realmente
útil si el Relacionador Público no tiene un
conocimiento cabal de las distintas fuerzas
sociales que interactúan en el entorno y las
particulares visiones que ellas tienen. Sin
el conocimiento de las tendencias básicas,
económicas y sociales de nuestros días, no
podemos analizar, ni mucho menos anticipar,
las implicancias de lo que ocurre a nuestro
alrededor. La búsqueda de soluciones debe
partir por analizar causas posibles para la
situación que vivimos, desde el lugar donde
ésta se sitúa y desde donde puede ser
generado el cambio para lograr sinergia
social.
Los esfuerzos del relacionador público deben
ser dirigidos en el sentido de una
transformación de la óptica de esta
actividad o sea, una tentativa de pensar a
la comunidad organizada como agente de su
propia comunicación, o bien de repensar sus
modos de comunicación. Para ello, debe
valorizar los canales utilizados por estos
grupos en su interlocución con otros grupos
sociales, conocer sus propios códigos y
maneras de comprender y relacionarse con el
entorno, haciendo de su trabajo un puente
hacia la legitimación de sus discursos y
evitando la imposición de argumentos de
alguna de las partes. Así, las relaciones
públicas pueden contribuir a cambiar el
sentido del eje de comunicación y hacer este
proceso más igualitario y participativo.
Esto se trata, más que cualquier otra cosa,
de valorizar a la persona humana, en un
contexto sociocultural en el cual existe una
marcada tendencia a la alienación, tendencia
a la que no escapan las formas masivas de
comunicación como la mediática o la
publicitaria. Se trata de colocar al hombre
como centro de toda actividad social, de
adoptar a la persona humana como criterio
principal de desarrollo y colaborar en la
construcción de una nueva noción de
ciudadanía permitiendo que aquellos que
antes no se expresaban se desarrollen como
actores sociales comunicantes, articulando
para ello las visiones entre el individuo,
sociedad civil, gobierno local y el estado,
a fin de hacerlas compartidas.
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