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Por:
Lic. Prof. Eduardo Luis Haiek.
El
siguiente
trabajo
está
enfocado
en
los
distintos
tipos
de
efectos
que
la
televisión
produce
en
la
sociedad,
según
los
estudios
de
varios
autores
y
está
centrado
finalmente
en
la
perspectiva
de
Gerbner.
Lorenzo
Vilches
habla
de
los
usos
de
la
televisión:
diversión
o
entretenimiento,
utilidad
social
e
información.
Los
medios
en
general
se
usan
con
un
fin
específico,
la
audiencia
selecciona
el
medio
y
los
contenidos
según
sus
necesidades,
hay
quienes
prefieren
informarse
y
otros
ven
series
porque
les
gusta
identificarse
con
la
realidad
en
ellas
representada.
Así,
los
hombres
de
clase
social
alta
suelen
ver
programas
de
actualidad,
informativos,
deportes
y
concursos;
mientras
que
las
mujeres
con
un
nivel
de
educación
bajo,
de
una
clase
social
inferior
y
que
no
trabajan,
ven
más
televisión
que
los
anteriores
y
ven
series,
películas
y
programas
infantiles.
La
tercera
edad
ve
todo
tipo
de
programas,
y
junto
con
las
personas
de
menor
nivel
intelectual,
son
los
que
más
tiempo
ven
la
televisión,
porque
es
su
forma
de
entretenimiento
y es
su
medio
preferido
de
ocio.
Gran
parte
de
los
adultos
utilizan
la
televisión
a
falta
de
compañía
para
no
sentirse
tan
solos.
También
hay
otras
actividades
sociales
para
estos
usos,
como
los
hobbies,
los
amigos,
la
familia,
etc.
Para
Rafael
Roda
Fernández
los
medios
realizan
operaciones
como:
mostrar
las
políticas
de
los
gobiernos,
muestra
las
características
de
las
personas
de
clase
social
o
raza
que
nos
son
distantes
o
ajenos
y
datos
sobre
aspectos
de
la
realidad
a
los
que
no
se
puede
acceder
fácilmente.
Con
esto
se
crea
un
corpus
de
conocimientos
compartidos
por
la
audiencia.
.
La
televisión
tiene
una
serie
de
características
que
la
otorgan
un
alto
grado
de
influencia,
entre
las
que
cabe
reseñar
las
siguientes.
La
televisión
tiene
una
gran
fuerza
expresiva,
porque
se
basa
en
la
imagen
y
esto
es
muy
eficaz
para
interiorizar
los
mensajes
ya
que
se
meten
directamente
en
el
subconsciente.
Son
imágenes
con
color,
música,
presentan
la
realidad
con
movimiento,
“viva”.
En
los
años
setenta
surgió
la
televisión
en
color
y
aumentaron
las
ventas
de
aparatos
televisivos,
y
este
incremento
de
la
demanda
favoreció
la
producción
en
cadena,
acercando
los
aparatos
a
esos
sectores
de
la
sociedad
para
los
que
antes
hubiera
sido
imposible
el
acceso
a
los
mismos.
La
televisión
es
un
gran
espectáculo
que
a su
vez
integra
otros
espectáculos
como
el
teatro,
el
deporte,
la
música,
el
cine...
con
lo
cual
tiende
a
refrenar
la
independencia
de
estos
últimos.
Jesús
González
Requena
explica
que
la
televisión
ocupa
un
lugar
privilegiado
en
la
casa
y
cómo
esto
supone
la
abolición
de
la
intimidad.
La
presencia
de
la
televisión
en
los
lugares
clave
de
la
vivienda
(cuarto
de
estar,
cocina,
dormitorio)
cambia
la
disposición
de
los
muebles
para
adaptarse
a su
presencia.
Esto
también
influye
en
la
forma
de
comunicase
entre
la
familia,
la
comunicación
se
estructura
en
torno
a un
centro
exterior
al
ámbito
familiar
(la
televisión),
con
lo
que
ese
lugar
deja
de
ser
un
espacio
de
intimidad.
La
televisión
se
va
acoplando
a la
vida
familiar,
llegando
a
ser
un
elemento
cotidiano
y
necesario,
y
así
cuando,
por
ejemplo,
en
una
comida
la
televisión
está
estropeada
hay
cierta
incomodidad
entre
los
comensales,
que
no
tienen
más
remedio
que
mirar
al
plato
de
comida
para
evitar
las
miradas
de
los
demás.
Hay
abolición
de
todo
espacio
de
intimidad,
incluso
en
el
dormitorio,
la
pareja
conversa
en
la
cama
mirando
el
televisor,
que
muchas
veces
sigue
encendido
mientras
realizan
el
acto
amoroso.
Paradójicamente,
a la
vez
que
esto
ocurre,
gran
parte
de
los
programas
de
la
televisión
se
dedican
a
representar
relaciones
de
intimidad,
los
programa
se
llenan
de
expresiones
y
personajes
cercanos,
familiares,
como
el
presentador
que
comienza
un
programa
diciendo
“¡Hola
familia!”.
Los
rostros
de
la
televisión
son
un
aliciente,
tienen
toda
nuestra
confianza,
son
como
un
miembro
más
de
la
familia;
necesitamos
verlos
diariamente
para
que
el
día
sea
completo.
La
televisión
es
el
medio
de
comunicación
más
usado
en
España,
aunque
los
demás
siguen
teniendo
su
público.
Donde
está
el
menor
porcentaje
de
gente
que
no
ve
la
televisión
ni
lee
la
prensa
es
en
los
pueblos
de
menos
de
5.000
habitantes,
aunque,
sin
embargo,
si
oyen
la
radio.
La
televisión
es
un
vehículo
de
control.
Es
el
símbolo
de
la
cultura
de
masas,
esta
cultura
se
convierte
en
incultura
cada
vez
mayor
para
aumentar
su
aceptación
entre
el
público,
que
no
tiene
otras
opciones
mejores,
y se
hace
dócil,
deja
de
pensar.
Siguiendo
con
Jesús
González
Requena,
la
televisión
vacía
de
ideología,
la
televisión
y su
público
no
se
caracterizan
por
una
ideología
o
sistema
de
creencias,
sólo
por
posición
escópica
(la
televisión
es
el
objeto
al
que
el
público
atiende).
En
vez
de
apoyar
una
ideología
tiende
a
vaciar
los
sistemas
de
valores,
todo
se
reduce
a
espectáculo.
Entonces,
el
ciudadano
(convertido
en
espectador
que
ve
televisión
y
campañas
electorales
televisadas,
precisamente
dos
formas
de
feed-back
o
retroalimentación
porque
se
compran
bienes
materiales
y se
vota),
ya
no
es
definido
por
una
ética
o
ideología,
sino
económicamente,
en
cuanto
a
consumidor/espectador,
es
decir
por
el
mercado,
por
la
lógica
del
capital.
La
televisión
analizada
en
términos
marxistas,
es
una
mercancía
audiovisual
que
se
rige
por
la
financiación
publicitaria
mediante
el
audímetro,
que
es
el
valor
de
cambio.
Por
ejemplo,
en
los
anuncios,
algunos
valores
axiológicos
son
asociados
con
mercancías:
se
obtiene
X si
compras
(o
votas)
A:
maternidad
----------
una
marca
de
leche
masculinidad
--------
un
automóvil
cultura
----------------
una
enciclopedia
en
fascículos
buena
conciencia
-----
un
cupón
de
la
O.N.C.E.
dignidad
ciudadana
---
un
político
convincente
Robert
W.
Kubey,
profesor
de
universidad
de
Nueva
Jersey,
hizo
un
estudio
entre
espectadores
de
Norteamérica
y
llegó
a la
conclusión
de
que
la
televisión
es
el
recurso
más
cómodo
y
barato
porque
no
presenta
ideas
complejas,
es
como
si
se
diera
el
mensaje
digerido
y lo
que
quiere
el
público
es
ver
cosas
fáciles
de
entender,
como
las
telenovelas.
Las
telenovelas
tienen
una
fuerte
carga
moral,
imponen
valores
de
amor
eterno,
recompensa
de
la
virtud
y
castigo
del
pecado,
son
como
una
guía
para
el
público,
les
dice
lo
que
se
debe
hacer
y lo
que
no y
esto
les
da
seguridad
a la
hora
de
afrontar
los
problemas
porque
tienen
un
modelo
a
seguir.
Así,
la
televisión
en
general
carece
de
documentales
o
programas
culturales
(salvo
La2
o
Canal
Plus).
La
competencia
televisiva
no
se
basa
en
ofrecer
programas
serios
no
hay
preocupación
por
la
calidad
ni
por
el
contenido
de
la
programación.
Volviendo
a
Jesús
González
Requena,
que
afirma
que
lo
importante
en
la
televisión
es
el
esfuerzo
por
ofrecer
un
espectáculo
hueco
para
el
espectador.
Los
programas
televisivos
invitan
al
espectador
a
viajar
por
otros
países,
a
asistir
a
conciertos,
a
ver
diariamente
la
intimidad
de
una
familia,
etc.
El
espectador
sabe
que
no
puede
acceder
a
todo
esto
pero
lo
acepta
porque
lo
importante
es
que
parezca
que
sí.
En
muchos
programas
se
intenta
crear
naturalidad
mediante
la
“falsa
sorpresa”,
el
presentador
finge
que
sucede
algo
imprevisto
en
el
guión
y se
sorprende.
Pero
es
sólo
un
truco,
de
hecho,
el
presentador
no
pretende
que
sea
verosímil,
hay
fingimiento
del
fingimiento
de
la
sorpresa.
El
espectador
lo
sabe,
no
se
pretende
que
lo
crea,
por
eso
lo
importante
es
el
esfuerzo
por
ofrecer
un
mero
espectáculo
al
espectador.
La
televisión
construye
un
mundo
aparentemente
neutro
y
que
supuestamente
representa
al
mundo
real.
La
televisión
da
una
visión
de
la
vida
más
agradable
y
con
menos
problemas
de
los
que
hay
en
la
realidad,
para
conquistarnos.
Al
estar
basada
en
la
imagen,
la
televisión
da
demasiada
importancia
al
físico,
y
las
personas
que
aparecen
en
el
mundo
televisivo
se
ajustan
siempre
al
canon
de
belleza
vigente,
lo
cual
no
ocurre
en
la
realidad
y
esto
crea
inseguridad
en
los
ciudadanos
de a
pie.
Un
buen
ejemplo
de
ello
son
las
series
norteamericanas,
que
más
que
representar
a la
juventud,
la
vulgarizan
y
simplifican,
pero
a
pesar
de
ello
los
jóvenes
necesitan
sentirse
identificados
con
ellas.
La
televisión
hace
que
la
gente
se
cree
falsas
necesidades
y
esto
afecta
a
los
menos
dotados
económicamente,
con
lo
cual
se
frustran,
porque
la
televisión
postula
que
la
felicidad
se
consigue
con
el
éxito,
y el
éxito
significa
bienestar
económico
y
social,
y
los
mayores
deseos
de
las
personas
son
a
cambio
de
dinero
(los
bienes
materiales).
Esto
se
muestra
en
las
series
y
también
en
la
publicidad.
Jesús
González
Requena
nos
habla
de
lo
que
él
llama
“irrealización
del
mundo”.
Cuando
la
información
del
mundo
exterior
llega
a
las
casas
toma
un
carácter
imaginario,
y
esto
es
la
irrealización
de
los
universos
referenciales
de
la
información
televisiva.
Lo
que
pasa
dentro
de
la
casa
donde
el
espectador
ve
las
noticias
para
él
es
más
real
que
lo
que
aparece
en
las
noticias,
aunque
no
duda
de
la
realidad
de
lo
que
se
muestra
en
la
televisión.
Además,
al
mezclarse
las
imágenes
del
mundo
real
con
imágenes
de
mundos
ficticios
(las
películas),
se
desdibujan
las
fronteras
entre
lo
real
y lo
ficticio
y
todo
queda
en
el
imaginario.
Para
Lorenzo
Vilches
la
información
política
manipula
el
comportamiento
cuanto
menos
implicado
se
sienta
el
espectador
y
hace
que
no
se
dé
cuenta
de
ello.
Según
las
investigaciones
de
Mc
Combs
y
Shaw
(1976),
las
personas
más
activas
políticamente
son
las
que
menos
televisión
ven
porque
al
verla
mucho,
esa
actividad
es
sustituida
por
la
televisión.
Los
niños
y la
televisión,
según
las
investigaciones
de
Schramm,
Lyle,
Park
(1960).
Los
efectos
de
la
televisión
en
los
niños
se
empezaron
a
estudiar
cuando
los
hábitos
de
los
niños
cambiaron
con
la
llegada
de
la
televisión.
De
las
conclusiones
que
sacaron
en
su
investigación
se
puede
decir
que
el
niño
es
un
usuario
precoz
y
que
ve
más
horas
de
televisión
conforme
aumenta
su
edad.
El
niño
usa
la
televisión
según
la
edad,
el
sexo
y su
capacidad
intelectual.
Sus
gustos
son:
Según
el
sexo,
los
niños
ven
dibujos
animados,
películas
de
aventuras
y
del
oeste;
y
las
niñas
ven
programas
con
temas
amorosos
y
familiares
y
les
interesan
más
los
problemas
de
los
adultos.
Según
la
clase
social,
los
niños
de
clase
obrera
ven
más
programas
de
entretenimiento
y
relacionados
con
la
fantasía.
Según
el
nivel
intelectual,
los
que
lo
tienen
más
alto
ven
menos
la
televisión
y
son
más
selectivos
que
los
de
nivel
bajo
y
también
usan
otros
medios.
La
familia
es
también
un
factor
determinante
para
la
selección
de
los
gustos
televisivos
infantiles.
Los
niños
encienden
el
televisor
para
divertirse,
la
fantasía
les
produce
placer
porque
se
identifican
con
los
personajes
y
héroes.
Los
fines
didácticos
se
incluyen
en
los
programas
de
diferentes
tipos
y
están
encubiertos
para
evitar
el
rechazo
del
niño.
Para
Schramm
la
televisión
también
tiene
su
lado
positivo,
porque
a
través
de
ella,
los
niños
conocen
personajes
y
acontecimientos
del
mundo
a
los
que
no
tendrían
acceso
de
otro
modo.
La
comprensión
de
los
mensajes
aumenta
con
la
edad,
van
aprendiendo
a
ver
la
televisión
cuanto
más
la
ven.
Los
niños
suelen
realizar
otras
actividades
mientras
ven
la
televisión,
como
comer
o
vestirse
y lo
que
mantiene
su
atención
es
el
uso
de
voces
infantiles,
los
efectos
de
música
y
sonido,
el
cambio
de
narrador
tema
o
escena,
y
los
efectos
especiales.
Los
niños
que
más
aprovechan
los
conocimientos
de
la
televisión
y
los
aplican
a
sus
juegos
y su
vida,
son
los
de
clase
social
baja,
los
que
viven
en
el
campo,
y
las
niñas
más
que
los
niños.
Patricia
Greenfield
no
sólo
analiza
los
efectos
negativos
de
la
televisión
en
los
niños,
también
ve
los
efectos
positivos
que
tiene.
La
televisión
puede
servir
para
el
aprendizaje
y el
desarrollo
del
niño
y a
veces
puede
cumplir
ciertas
funciones
mejor
que
los
textos
escritos.
Hay
que
enseñar
a
los
niños
a
diferenciar
entre
realidad
y
fantasía,
porque
ellos
no
saben,
piensan
que
todo
es
verdad
por
lo
que
les
influye
tanto.
Los
niños
tienen
que
aprender
a
ver
la
televisión
y a
descifrar
los
mensajes
con
el
tiempo
y la
experiencia,
y
esto
supone
un
desafío
mental.
Hay
programas
como
Barrio
Sésamo
que
son
muy
beneficiosos.
Por
una
parte,
atrae
la
atención
porque
hay
muñecos
y
dibujos
animados,
y
por
otra
parte,
utiliza
un
método
que
hace
que
los
niños
aprendan
mucho
mejor,
que
es
relacionar
el
concepto
que
se
quiere
enseñar
con
algo
que
el
niño
ya
conoce.
Por
supuesto,
la
televisión
también
tiene
efectos
nocivos.
Puede
provocar
una
actitud
pasiva,
pues
al
ser
una
actividad
meramente
receptiva
no
supone
ningún
esfuerzo
y
anula
la
iniciativa
del
niño.
La
televisión
presenta
estereotipos
como
los
de
los
diferentes
papeles
sexuales
del
hombre
y la
mujer
porque
limitan
la
percepción
de
la
realidad
y
restringe
los
puntos
de
vista.
La
publicidad
puede
ser
muy
nociva
para
los
niños
porque
les
manipula,
las
imágenes
y la
forma
de
presentar
los
productos
les
hace
desearlos
pero
ellos
no
saben
que
se
losa
están
intentando
vender
y
los
niños
exigen
a
sus
padres
que
se
los
compren.
En el
libro
“La
televisión
y
los
españoles”
de
Francisco
Javier
Rodríguez,
se
señalan
estas
cuestiones.
Muchas
veces
los
padres
usan
la
televisión
como
medio
para
tener
a
los
hijos
entretenidos
y
así
no
ocuparse
de
ellos,
por
lo
que
muchos
niños
ven
la
televisión
solos,
lo
cual
es
perjudicial
ya
que
nadie
les
restringe
la
programación.
Otro
error
que
cometen
los
padres
es
utilizar
la
televisión
como
premio
cuando
el
niño
obedece
y
prohibirle
verla
en
caso
contrario.
Se ha
comprobado
que
la
televisión
es
una
de
las
causas
del
fracaso
escolar
porque
en
lugar
de
estudiar,
ven
la
televisión.
El
lenguaje
utilizado
en
los
programas
infantiles
es
pobre
y
tópico
y no
enriquece
el
vocabulario
del
niño
lo
cual
le
perjudica
enormemente
porque
está
en
una
etapa
importante
de
aprendizaje
del
lenguaje.
Además
el
uso
de
palabras
malsonantes
en
la
televisión
ha
aumentado
considerablemente
en
los
últimos
años.
Hace
unos
años
se
realizó
un
estudio
preguntando
a un
grupo
de
niños
qué
harían
si
se
estropease
su
televisor,
y se
obtuvieron
unos
resultados
bastante
curiosos:
aproximadamente
la
mitad
de
los
niños
encuestados
la
arreglarían,
comprarían
otra,
o
irían
a
verla
al
domicilio
de
un
amigo,
vecino
o
familiar;
y la
otra
mitad
jugaría.
Los
dibujos
animados
son
de
mala
calidad
y
demasiados
y no
contemplan
aspectos
de
la
vida
como
desnudos,
sangre,
ni
crítica
social,
exceptuando
Los
Simpsons,
que
se
emite
dirigida
a
los
adultos.
Los
dibujos
animados
son
muy
rentables
porque
su
audiencia
es
muy
estable
y
tienen
un
factor
comercial
muy
importante
porque
se
crean
productos
relacionados
con
ellos
que
se
comercializan
(llaveros,
muñecos,
camisetas...)
que
dan
amplios
márgenes
de
beneficios.
Lorenzo
Vilches
alude
a
diferentes
estudios
sobre
el
tema,
algunos
de
los
cuales
sacaban
como
conclusión
que
los
niños
son
violentos
porque
imitan
lo
que
ven
en
televisión,
ya
que
se
muestran
constantemente
modelos
de
comportamiento
y
estereotipos
a
seguir.
Así,
los
niños
que
veían
programas
violentos
de
la
televisión
e
iban
a
acostarse
inmediatamente
después
de
verlos,
resolvían
sus
problemas
con
agresividad.
Se
llegaron
a
conclusiones
tales
como
que
el
impacto
de
la
televisión
debe
evaluarse
en
el
contexto
de
otros
medios
y en
el
contexto
de
la
vida
del
niño
tanto
en
su
casa
como
en
el
colegio.
Una
hipótesis
no
muy
apoyada
dice
que
la
violencia
que
se
muestra
no
es
real,
ni
por
la
cantidad
ni
por
el
tipo
de
violencia,
lo
que
explica
el
efecto
catártico
de
la
violencia.
En
estudios
de
los
años
sesenta
y
setenta
se
afirma
que
puede
haber
una
relación
entre
la
violencia
televisiva
y la
violencia
en
la
sociedad
pero
esta
influencia
siempre
depende
de
factores
tan
importantes
como
el
sexo,
la
edad,
el
nivel
económico,
la
agresividad
de
la
persona,
y la
situación
social.
La
publicidad.
La
publicidad
se
analiza
como
necesaria
y
propia
de
una
empresa
para
financiarla,
y
por
tanto
también
de
la
televisión
como
empresa
que
es,
en
el
libro
“La
televisión
y
los
españoles”.
La
publicidad
puede
ser
positiva
cuando
es
de
calidad
y se
realiza
con
rigor.
Según
algunos
experimentos,
la
influencia
de
la
publicidad
es
menor
de
lo
que
se
cree
porque
las
reacciones
de
los
espectadores
cuando
hay
anuncios
son,
en
un
60%
dejar
de
prestar
atención
a la
televisión,
en
un
20%
salir
de
la
sala,
y en
un
10%
hacer
zapping.
Según
una
agencia
francesa,
los
países
donde
hay
más
publicidad
son
Italia
Reino
Unido
y
España.
La
media
de
exposición
diaria
a la
televisión
en
los
países
europeos
es
de 3
horas
y 20
minutos,
lo
que
contrasta
con
la
hora
y 40
minutos
de
televisión
que
ven
los
finlandeses
al
día.
Por
tanto
la
exposición
a la
publicidad
es
proporcional
al
tiempo
dedicado
a
ver
la
televisión.
La
publicidad
hace
que
compremos
bienes
materiales
y
con
eso
creemos
superar
nuestras
frustraciones,
problemas
e
insatisfacciones.
La
publicidad
hace
que
creamos
que
necesitamos
adquirir
algún
objeto
y
que
vamos
a
conseguir
elevar
nuestro
nivel
de
vida
y
ser
más
felices.
La
mujer
se
utiliza
en
la
publicidad
como
objeto
sexual
y es
muy
rentable
para
los
intereses
publicitarios,
degradando
habitualmente
la
imagen
femenina.
La
perspectiva
de
Gerbner.
La
comunicación
de
masas
tiene
una
gran
influencia
porque
tiene
un
carácter
normativo,
crea
un
marco
referencial
común
y la
publicación
es
homogénea
con
lo
que
hay
una
transmisión
de
ideología
al
conjunto
de
la
sociedad
con
las
ventajas
y
peligros
que
ello
implica.
Se
puede
decir
que
la
televisión
sustituye
con
éxito
a la
función
antes
realizada
por
la
religión
en
otros
tiempos,
cumple
la
tarea
de
homogeneización
porque
sus
representaciones
del
mundo
son
fáciles
de
entender
y la
exposición
a
ella
es
ritual,
incluso
mayor
que
en
otros
tiempos
a la
misa.
Las
funciones
de
los
medios
son:
constituir
y
mantener
públicos;
construir
perspectivas
comunes
de
pensamiento
y
acción;
organizar
y
extender
conocimientos
compartidos;
crear
bases
para
la
interacción
entre
grupos
cuyas
acciones
aisladas
y
distintos
intereses
no
sean
disfuncionales
para
mantener
el
statu
quo.
Gerbner
ha
analizado
principalmente
la
violencia
en
la
televisión
y
otros
temas
importantes
como
los
roles
masculino
y
femenino
y
las
minorías,
el
mundo
de
las
ocupaciones,
la
familia,
la
ancianidad
y la
muerte.
En
cuanto
a la
demografía,
la
representación
de
la
sociedad
no
corresponde
con
la
realidad,
está
estereotipada
y
contiene
una
ideología
específica.
La
acción
suele
ser
desempeñada
por
hombres
solteros
blancos
de
clase
media-alta
de
mediana
edad.
En
cuanto
a
las
ocupaciones,
casi
todos
son
profesionales
(médicos,
abogados,
hombres
de
negocios),
o
agentes
de
la
ley.
El
protagonismo
del
hombre,
entonces,
es
tres
veces
mayor
al
de
la
mujer
y el
número
de
jóvenes
y
ancianos
que
aparecen
no
se
corresponde
con
el
número
real.
En
cuanto
a
las
clases
sociales
aparecen
mucho
más
representadas
que
las
bajas
y la
clase
media
está
subrepresentada.
La
mayoría
de
los
personajes
tiene
cargos
profesionales
directivos
o de
alto
estatus.
En
cuanto
los
roles
masculino
y
femenino
la
visión
de
las
características
que
se
les
asocian
es
totalmente
convencional
y
muy
degradante
respecto
a la
mujer.
La
mayoría
de
las
mujeres
aparece
por
un
interés
romántico
o
familiar.
Los
hombres
tienen
papeles
profesionales
y
las
mujeres
son
amas
de
casa
o
tienen
un
papel
subordinado
al
del
hombre,
y
cuando
la
mujer
se
apropia
del
papel
profesional
del
hombre
tiene
problemas
emocionales
o se
deteriora
éticamente.
Un
tercio
de
los
hombres
ha
estado
casado
o va
a
hacerlo,
mientras
que
dos
tercios
de
las
mujeres
está
casada,
a
punto
de
hacerlo
o
involucrada
en
algún
tipo
de
relación
sentimental.
Las
ocupaciones
normales
de
la
mujer
son:
enfermera,
secretaria,
presentadora,
criada
o
modelo,
lo
que
confirma
su
carácter
secundario
de
actividad
en
la
sociedad.
La
personalidad
que
se
le
atribuye
a la
mujer
es
ser
atractiva,
sociable,
tierna
y
pasiva,
mientras
que
el
hombre
está
relacionado
con
el
poder,
el
talento,
la
racionalidad,
y la
estabilidad.
La
violencia:
la
mitad
de
los
protagonistas
se
ven
implicados
en
episodios
de
violencia
y el
10%
en
muertes.
Más
del
90%
de
los
programas
infantiles
incluye
violencia.
Los
representantes
de
la
ley
y el
orden
son
un
20%
en
la
televisión,
mientras
que
en
el
mundo
real
es
un
1%,
y
aparecen
en
los
programas
de
mayor
audiencia.
El
ejercicio
de
la
violencia
no
es
indiscriminado,
y
tanto
los
agresores
como
las
víctimas
responden
a un
estereotipo.
Los
grupos
sobre
los
que
se
cierne
la
violencia
son
las
mujeres,
los
extranjeros
y
personas
de
razas
diferentes
a la
blanca
y
las
personas
de
clase
alta
o
baja,
en
los
extremos
de
la
escala
social.
Todo
esto
constituye
un
subsistema
de
valores
de
la
televisión,
es
una
forma
implícita
de
propaganda
que
nos
influye
sin
que
nos
demos
cuenta.
Gerbner
estudia
el
tema
de
la
victimización
y
analiza
la
influencia
de
las
percepciones
del
público
según
los
hábitos
de
exposición.
Aunque
es
consciente
de
que
la
influencia
puede
variar
dependiendo
de
variables
personales,
sociales
y
culturales,
si
se
controlan
esas
diferencias
el
efecto
de
exposición
a la
televisión
es
el
mismo.
La
tesis
de
Gerbner
es
que
el
resultado
de
la
exposición
a la
violencia
televisiva
es
el
aumento
de
la
impresión
de
que
se
vive
en
un
entorno
social
mezquino
y
peligroso
(y
no
el
aumento
de
las
conductas
agresivas
en
los
individuos).
Las
consecuencias
a la
exposición
a la
violencia
reiterada
son
las
siguientes:
Sensación
exagerada
en
el
individuo
de
peligro
y
vulnerabilidad.
Esto
aumenta
si
se
es
un
consumidor
“duro”
(más
de
cuatro
horas
diarias)
en
comparación
con
el
consumidor
“ligero”
(menos
de
dos
horas
diarias).
Aumento
de
la
demanda
de
protección
colectiva.
Si
la
gente
teme
por
su
seguridad
le
parece
bien
que
se
implanten
medidas
legales
duras
y
que
aumenten
las
atribuciones
de
los
agentes
del
orden
en
su
represión
de
los
delincuentes.
Los
resultados
de
las
encuestas
confirman
estas
suposiciones
ya
que
los
consumidores
“duros”
piensan
que
hay
más
personas
en
el
mundo
real
con
trabajos
relacionados
con
la
justicia;
piensan
que
hay
que
tener
cuidado
con
los
desconocidos;
y se
consideran
víctimas
potenciales
de
los
delitos.
En
otra
encuesta
realizada
a
adolescentes
se
obtuvieron
estos
resultados:
Los
consumidores
“duros”
sobrestiman
el
número
de
personas
implicado
en
episodios
violentos
y el
número
de
delitos
graves
que
se
cometen,
más
que
los
consumidores
“ligeros”.
Los
consumidores
“duros”
piensan
que
es
más
peligroso
salir
de
noche
que
los
“ligeros”,
especialmente
las
mujeres.
Más
consumidores
“duros”
que
“ligeros”
piensan
que
los
agentes
del
orden
usan
habitualmente
la
violencia
en
su
trabajo
Los
consumidores
“duros”
tienden
más
que
los
“ligeros”
a
desconfiar
de
los
demás
y a
pensar
que
la
gente
es
egoísta
por
naturaleza.
En
definitiva,
las
pruebas
empíricas
parecen
demostrar
las
hipótesis
de
Gerbner
y su
grupo.
La
televisión
y
las
actitudes
políticas:
los
valores
que
se
presentan
en
la
televisión
son
claramente
conservadores,
y no
se
representan
todas
las
ideologías
por
igual.
Por
ejemplo,
se
suele
representar
gente
de
clase
media,
con
lo
que
los
espectadores
tienden
a
identificarse
con
lo
que
hacen
y lo
que
piensan,
las
minorías
y
los
marginados
como
las
mujeres,
los
jóvenes,
los
ancianos,
y la
personas
de
otras
razas
apenas
si
están
representados,
a
diferencia
de
los
hombres
de
mediana
edad
con
poder
adquisitivo;
y
tampoco
aparecen
tendencias
de
pensamiento
o
conductas
no
convencionales.
Al
ser
discriminados
por
no
aparecer,
las
minorías
y
marginados,
también
son
discriminados
en
la
conciencia
de
la
gente
en
cuanto
a
sus
derechos.
La
representación
reiterada
de
la
violencia
hace
que
la
gente
desconfíe
del
medio
social
y se
crean
reacciones
de
ansiedad
o
tendencias
represivas.
Gerbner
se
centra
en
tres
cuestiones:
span
style='font-size:12.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt'>La
falsa
conciencia:
la
dominación
de
unas
clases
por
otras
se
ve
facilitada
porque
las
clases
dominadas
interiorizan
las
normas
y
valores
ajenos
a su
vida
real
gracias
a
los
medios,
lo
que
favorece
la
dominación.
La
televisión
facilita
la
expansión
de
las
posiciones
de
clase
media.
La
televisión
no
usa
un
tono
neutro
en
realidad
hay
una
renuncia
a la
utopía
y un
regreso
a
los
valores
retrógrados,
disfrazados
de
realismo.
La
televisión
hace
que
en
la
sociedad
haya
un
proceso
de
reestructuración
de
la
conciencia
de
clase
que
hace
que
se
limen
los
conflictos
entre
grupos
con
intereses
enfrentados.
Las
personas
de
clase
trabajadora,
si
son
consumidores
“duros”,
se
identifican
más
con
la
clase
media.
La
moderación
de
los
mensajes
de
la
televisión
es
engañosa
porque
se
espera
que
la
gente
tenga
posiciones
más
tolerantes
con
esta
supuesta
moderación,
pero
en
realidad
es
todo
lo
contrario.
Gerbner
estudia
el
racismo
en
grupos
de
consumidores
“duros”
y de
consumidores
“ligeros”
según
su
tendencia
política
(liberales,
moderados
y
conservadores).
Llegó
a
comprobar
que
la
alta
exposición
a la
televisión
no
aumenta
la
tolerancia
de
los
conservadores
y sí
aumenta
el
conservadurismo
de
los
liberales.
Analiza
las
actitudes
hacia
la
integración
escolar
de
los
individuos
de
otras
razas
y de
las
residencias
y
matrimonios
mixtos
y
demuestra
que
entre
los
liberales,
los
consumidores
“duros”
son
más
racistas
que
los
“ligeros”;
y
que
todos
los
consumidores
“duros”
se
oponen
a
esta
integración,
mientras
que
los
liberales
llegan
a
igualarse
a
los
conservadores.
Lo
mismo
ocurre
al
estudiar
las
actitudes
hacia
temas
sociales
importantes
como
el
aborto,
la
homosexualidad
y el
uso
de
drogas
blandas.
Ver
mucha
televisión
endurece
las
posiciones
hacia
estos
temas,
en
general
y no
suaviza
las
posturas
de
los
conservadores.
Opinión
personal.
Después
de
leer,
reflexionar
y
elaborar
este
trabajo,
he
llegado
a la
conclusión
de
que
la
televisión,
debido
a su
influencia
y a
su
capacidad
para
llegar
a
todos
los
públicos,
es
un
medio
de
comunicación
cuya
manipulación
entraña
no
pocos
peligros.
En
primer
lugar,
todas
las
ventajas
que
hipotéticamente
se
le
podrían
atribuir
son
claramente
infrautilizadas
en
las
emisiones
reales.
Su
papel
educativo
es
casi
inexistente,
y
los
creativos
lo
confunden
en
demasiadas
ocasiones
con
una
función
moralizante
o
unificadora
(en
el
sentido
de
anular
las
características
individuales
del
pensamiento
de
cada
uno).
Por
otro
lado,
me
niego
a
creer
que
estos
creativos
no
sean
conscientes
de
la
influencia
y la
capacidad
que
tienen
para
crear
o
modificar
la
reacción
de
la
opinión
pública.
Siendo
completamente
conscientes
de
ello,
insisten
en
presentar
parcialmente
la
realidad,
empobreciendo
los
contenidos
y
desinformando,
más
que
informando,
al
no
exponer
los
hechos
o
conceptos
desde
un
prisma
más
amplio
o
unas
referencias
más
completas
e
imparciales.
Sin ir
más
lejos,
con
la
excusa
de
representar
la
realidad,
se
reproducen
estereotipos
en
algunos
casos
sangrantes,
como
es
el
grave
perjuicio
que
se
infiere
a la
imagen
de
la
mujer.
La
fémina
es
constantemente
degradada,
tanto
en
la
publicidad
como
en
las
emisiones
en
que
se
reduce
su
presencia
a
mero
objeto
ornamental,
salvo
honrosas
excepciones.
Dado
el
carácter
visual
del
medio,
parece
que
es
la
belleza
física
el
único
criterio
aplicable
a la
hora
de
representar
mujeres
válidas,
relegando
la
valía
personal
a un
plano
secundario
por
no
decir
irrelevante.
Se
produce
entonces
un
conflicto,
pues
la
excusa
de
representar
la
realidad
sumada
a la
influencia
y a
la
capacidad
moralizante,
es
difícil
discernir
si
esta
degradación
es
origen
del
trato
que
la
mujer
recibe
en
la
televisión
o en
la
vida
real,
pero
en
cualquier
caso,
no
se
puede
negar
que
la
emisión
de
estos
roles
estereotipados
favorece
la
perpetuación
de
los
mismos,
y
que
éstos
se
consideren
como
normales
a
los
ojos
del
espectador
poco
crítico.
Otro
aspecto
preocupante
es
el
mal
uso
del
lenguaje
en
este
controvertido
medio.
Los
errores
habitualmente
cometidos
por
individuos
supuestamente
cualificados,
hace
que
el
espectador
caiga
en
las
hipercorrecciones,
agravándose
el
problema
y
llegando
al
punto
en
que
el
espectador
se
sume
en
la
confusión,
sintiéndose
incapaz
de
discernir
si
un
uso
es
correcto
o
no.
Un
ejemplo
de
ello
sería
el “queísmo”,
originado
al
querer
evitar
a
toda
costa
el “dequeísmo”.
Respecto
al
boom
de
violencia
de
que
estamos
siendo
testigos,
me
resulta
difícil
culpar
a la
omnipresente
televisión
de
forma
exclusiva.
Es
cierto
que
vivimos
en
una
sociedad
violenta,
la
violencia
como
uso
inadecuado
de
la
agresividad
natural
del
ser
humano
se
transmite
de
padres
a
hijos
de
forma
similar
al
lenguaje,
los
hábitos
alimenticios
o de
aseo,
así
como
otros
muchos
recursos
con
que
enfrentarse
a la
vida.
Cuando
se
culpabiliza
ingenuamente
a la
televisión
de
ser
causante
de
la
violencia
infantil,
se
están
subestimando
factores
familiares,
propios
del
individuo
y de
la
comunidad
en
la
que
vive.
Pero
esto
no
me
impide
acusar
a la
televisión
de
utilizar
la
violencia
gratuita
como
forma
de
crear
interés,
dar
acción
a
una
trama
o
proporcionar
lucimiento
a
ciertos
individuos
y a
sus
musculosas
anatomías.
La
violencia,
como
realidad
cierta
y
presente,
debe
ser
representada,
pero
no
gratuitamente
ni
con
las
intenciones
con
que
actualmente
se
hace.
Estas
mismas
pautas
deberían
aplicarse
a
temas
conflictivos
como
las
drogas
o
aparentemente
triviales
como
las
inquietudes
juveniles,
tan
habitualmente
estereotipadas.
BIBLIOGRAFÍA
Vilches,
Lorenzo.
La
televisión.
Los
efectos
del
bien
y
del
mal.
Paidós.
Barcelona,
1993
Roda
Fernández,
R.
Medios
de
comunicación
de
masas.
Su
influencia
en
la
sociedad
y en
la
cultura
contemporánea.
C.I.S.
Madrid,
1989
Rodríguez,
Francisco
Javier.
La
televisión
y
los
españoles.
Paraninfo,
1992
Greenfield,
Patricia.
El
niño
y
los
medios
de
comunicación.
Morata.
Madrid,
1984
González
Requena,
Jesús.
El
discurso
televisivo:
espectáculo
de
la
posmodernidad.
Cátedra.
Madrid,
1988.
|
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