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Por: Lic. Natalia Martini
La cultura de los
medios de comunicación hace que la imagen de los candidatos sea uno
de los factores más importantes de la planificación estratégica en
la comunicación política.
A mi modo de ver, es importante la imagen no más que las ideas, con
esto quiero decir que si bien una imagen transmite mucho, el fuerte
de un candidato está en las ideas y las propuestas que sustentan en
gran medida a esa imagen.
Para decidir a quién votar el electorado debe estar informado y
poder entonces reflexionar y elegir un candidato y una propuesta.
Cuando lo mediático debilita el debate sobre ideas y programas y
pone énfasis en otras consideraciones superfluas se pone en jaque la
democracia y la imagen del candidato en el largo plazo.
La exposición de los candidatos en los medios es cada vez mayor y
parece ser que en este torbellino mediático al que estamos expuestos
es fácil que se le asigne a la imagen personal más poder que a la
propuesta.
Todas las personas intencionalmente o no proyectamos una imagen. De
modo que aunque no lo planeemos igual transmitimos algo con nuestra
forma de ser.
La imagen física, lo que hace el candidato, que dice que hace, como
lo dice, que experiencia tiene, sus conocimientos, honradez, grado
de carisma, intelecto, van conformando una percepción y
representación mental que una persona o sociedad tiene de una figura
política.
Las acciones y las omisiones también juegan un papel importante a la
hora de analizar qué elementos construyen la imagen de una persona.
Al desarrollarnos en un medio social siempre seremos percibidos, en
este sentido una buena imagen ayuda a lograr consenso, popularidad y
apoyo social.
En el caso de la comunicación política, muchas veces desde los
programas de comunicación se trata de descubrir que es lo que
transmiten los candidatos con su forma de hablar, de vestirse, de
moverse, su carisma, etc. Se analiza entonces las fortalezas y las
debilidades tratando de potenciar las primeras y mejorar las
segundas.
Ahora, la propuesta política, el análisis de la audiencia respecto a
sus realidades sociales y coyunturales ¿forma parte siempre de la
estrategia de comunicación o hay veces que son inadvertidas por el
brillo fugaz que promete la demagogia?
A mi criterio, propuestas e imagen van juntas en la estrategia de
comunicación política porque a través de las ideas conozco quién es
el candidato más allá de percibir su presencia física o su discurso
político. La percepción llega también a involucrar a la ideología
política y la propuesta ya que sin las mismas todos sabemos que un
candidato no tendría sustento político.
De nada sirve un discurso demagógico que utiliza los deseos,
sentimiento y emociones del electorado como base para construir una
“perorata” cuyos ejes centrales están alejados de las verdaderas
propuestas políticas y de la realidad circundante.
Desde el discurso, eludir problemas que la sociedad manifiesta y
sustituirlos por promesas electoralistas y de carácter simplista y
adulador da lugar a la fragmentación de sentido no solo de la
propuesta detrás del candidato sino de la imagen que el candidato
proyectará en el futuro, y cuando el tiempo haya pasado, cuando se
hayan escapado los argumentos y no se pueda satisfacer la
expectativa del electorado por falta de una programa que los
contemple y los contenga pero sobre todo por el fatal contraste de
la promesa con la realidad ¿qué haremos entonces desde la
comunicación para salvar al candidato?, permítanme
decir..ABSOLUTAMENTE NADA SALVARA LA CAÍDA LIBRE DEL CANDIDATO ANTE
LA MIRADA DE LA OPINIÓN PUBLICA.
Es sencillo, encontrar en las ideas y propuestas del político lo
esencial para proyectar una imagen coherente entre lo que se dice,
lo que se muestra y lo que se hace.
Lo complejo, es fabricar un candidato con ideas ya aceptadas
socialmente y aprobadas por el electorado en campañas del pasado que
poco tienen que ver con la situación actual y con las propuestas del
candidato. Muchas veces las personalidades de la política se
manifiestan ante el pueblo con enormes deseos de "brillar y
resplandecer" en todas sus presentaciones públicas, como si ese
brillo pudiera compensar en la balanza del bien y del mal, el gran
peso que ejercen los errores en la gestión pública. Y allí, justo en
ese lugar donde la apariencia pareciera resolver y cubrir las
falencias y fantasías es que se cometen los errores más importantes
en términos de imagen.
La realidad es dinámica de modo que un político debe de tener
siempre presente el contexto que va cambiando y transformándose
sistemáticamente, el entorno social, político y económico no siempre
es el mismo y es un factor que no puede dejarse de lado para el
ajuste de un programa o de un discurso político que debe responder
siempre a las nuevas realidades que se van sucediendo.
Las distintas sociedades no tienen los mismos parámetros para elegir
candidatos de modo que el electorado evalúa en su elección distintas
variables de acuerdo a su cultura, origen, valores e historia.
Parece elemental el razonamiento pero muchas veces ocurre que se
toman como modelos de campaña, estrategias de comunicación política
que fueron exitosas en otras sociedades y con otros candidatos,
entonces se les quita el polvo, se traducen y se aplican como
vacunas efectivas para la falta de propuestas de los candidatos y
talento comunicativo de los asesores.
Una estrategia de comunicación política tiene como variable
importante el tema de imagen de modo que incluirla es fundamental
pero sin olvidarnos que las propuestas son la base desde donde se
proyecta todo el resto.
En conclusión, la imagen no termina en la apariencia física del
candidato también está relacionada con las ideas y los programas
políticos que se propongan y que son elementos esenciales de la
función pública de modo que planear las estratégica de comunicación
tomándolas en cuenta junto con las demás variables a las que el
ciudadano le asigne valor, nos permitirá tener mejores oportunidades
frente a la mirada subjetiva y singular del electorado que nos
confirmará con su voto si es verdad el famoso dicho: “una
buena imagen vale más que mil palabras”. |
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