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Por:
Lic. Santiago
Luis Bozzetti
El término estrategia aparece en situaciones donde dos o más actores,
fuerzas o sistemas pugnan por lograr objetivos similares. El General chino
Sun Tsu fue el primero en redactar un tratado sobre estrategia militar con
su famoso libro "El arte de la Guerra", escrito entre los siglos VI y V
antes de Cristo. Con el correr de los años, el pensamiento estratégico
atravesó la frontera militar y se expandió a la Política (Maquiavelo),
Economía (Adam Smith), Juegos (Von Neumann, Huzinga), Management (Peter
Drucker) y Marketing (Ries y Trout).
¿Qué se entiende por estrategia?. Si
bien cada disciplina tiene una definición distinta, en líneas generales se
entiende que estrategia es una forma de coordinar integralmente los recursos
existentes para lograr una posición de ventaja sobre el contrario. Hay dos
rasgos constantes que toda planificación estratégica debe tener en cuenta:
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Anticipación : Se trata de nuestra reacción presente al futuro, en
términos de que nos ocurriría si hiciésemos o no ciertas cosas. El
pensamiento estratégico consta de líneas de acción que prevén futuros
escenarios como consecuencias de nuestras decisiones. Es una cualidad
intrínseca a los seres humanos indispensable para la adaptación y la
supervivencia.
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Decisión : Todo pensamiento estratégico se compone de una sucesión de
decisiones, pero no toda decisión es estratégica. Para que lo sea es
necesario que cuando en el cálculo que el agente hace de su éxito intervenga
la expectativa de al menos otro agente que también actúa con vistas a la
realización de sus propios propósitos.
La comunicación es la interacción
simbólica de al menos dos participantes que comparten un código en común y
responden en función del estímulo del otro. A nivel empresarial e
institucional, las organizaciones se comunican hacia su interior y con su
entorno. La calidad de esa interacción simbólica es un bien intangible que
cada vez más es reconocido por las distintas teorías administrativas. Pero
para dicha calidad sea óptima, la organización no puede darse el lujo de
dejar librado al azar o la espontaneidad los mensajes que envía hacia sus
distintos públicos. Ser espontáneo, irreverente y hasta contradictorio,
puede ser muy bueno para la vida cotidiana de las personas, pero una
organización necesita planificar todas sus acciones comunicativas de modo
que conserven una coherencia simbólica que guíe hacia los objetivos de la
institución.
En ciencias de la comunicación, llamamos comunicación estratégica a
la coordinación de todos los recursos comunicacionales externos e internos
de la empresa (publicidad, marketing, folletería, canales comunicativos,
ambiente laboral, organigrama, distribución espacial, higiene, atención al
cliente, posventa, etc.) para diferenciarnos de la competencia y lograr un
lugar en la mente de los públicos que nos interesa.
Las estrategias de comunicación así descritas
tienen los rasgos de toda que caracterizan a toda estrategia, con la única
acotación de que, en este caso, para el logro de sus metas los jugadores
utilizan el poder de la interacción simbólica en vez de la fuerza o
cualquier otro sistema de interacción física. Entonces, una estrategia de
comunicación cumple al menos tres funciones:
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Obliga a una reflexión y a un análisis periódico sobre la relación de una
organización o de una marca con sus públicos: Básicamente se trata de
establecer si las relaciones de una organización con su entorno son las más
adecuadas, y, en concreto, so el componente simbólico de esa relación es el
que más se adecua para la misión y los fines que dicha organización pretende
alcanzar
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Define una línea directriz de la comunicación: Precisa qué sistemas
conviene utilizar y qué peso relativo ha de tener cada uno en razón de los
objetivos asignados, los público objetivo, las rentabilidades comparadas y
las posibles sinergias
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Da coherencia a la pluralidad de comunicaciones de una organización:
La estrategia de comunicación se convierte así en el marco unitario de
referencia al que se remiten todos los actores de la organización,
encauzando de facto una misma lectura de los problemas y oportunidades;
poniendo en común unos mismo valores y un lenguaje compartido, y, sobre
todo, dando coherencia a la pluralidad de voluntades y a la tremenda
complejidad de las actuaciones que pueden darse en una institución
BIBLIOGRAFÍA:
Rafael Alberto Pérez,
"Estrategias de Comunicación". Editorial Ariel, 2001.
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