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Los profesionales de la Comunicación
Empresarial nos encontramos frente al
desafío de dar valor a lo que hacemos, de
hacer ver a directivos y gerentes de
distintas corporaciones lo que no se ve. Nos
hallamos ante el reto de explicar, por qué
es importante planificar la comunicación en
una empresa. Todos sabemos la importancia
que ésta tiene, entendida como flujos de
mensajes para la operatividad de cualquier
organización. Y es justamente sólo y de esa
única manera como la comprenden aquellos
superiores que todavía hoy no han tomado
conciencia de lo esencial que resulta
planificar en esta materia, y aceptar que en
la actualidad la comunicación debe ser vista
como herramienta de gestión empresarial.
La idea de comunicación como un mero
utensilio para lograr la operatividad de la
empresa; es decir, puesta al servicio del
primer fin, que es el de obtener un rédito
económico a partir de la comercialización de
un determinado bien o servicio, es la que
está presente hoy en muchas pequeñas y
medianas empresas, sobre todo en los países
en desarrollo. Es lo que Carlos Fernández
Collado señala como la función de producción
de la comunicación: “La comunicación
organizacional se preocupa por la eficacia,
racionalidad y cuidadosa programación de
actividades de los bienes y servicios; se
orienta hacia la producción” .
No se trata de clasificar todo como un
problema de comunicación. Es decir, es común
caer en ese facilismo y lo es porque la
comunicación es una dimensión insoslayable
del ser humano. La capacidad de codificar
nuestros pensamientos a través del lenguaje
es sin dudas lo que nos constituye como
tales y lo que nos diferencia de otras
especies como los animales. De lo que se
trata más bien, es de poder compendiar áreas
específicas para el trabajo de los
comunicadores dentro de la empresa, dar
contenido a esos espacios con problemáticas
concretas de atender; por ejemplo, una
estrategia de medios, la gestión de imagen
ante los distintos públicos, el sistema de
objetivos, las actividades de extensión, el
desarrollo de la responsabilidad social
empresaria y la motivación del personal
interno, entre otras que seguramente tendrán
que ver también con las especificidades de
cada institución.
Ahora bien, si en una empresa lo que se hace
se vende, y se vende bien, ¿Cuál es la
necesidad de planificar en comunicación?
¿Para qué definir objetivos, misión,
valores, una política de medios, para qué
indagar en las necesidades de mis empleados
si reciben sus salarios en tiempo y forma y
se retiran a horario? Este planteo es
bastante común y la respuesta tiene que ver
con el grado de inserción que cada ejecutivo
quiera dar a su compañía en un contexto de
mercado cada día más competitivo.
Vivimos en la sociedad de la información y
las personas orientan sus acciones, entre
ellas el consumo, a partir de lo que leen,
escuchan, perciben, se dice, más que a
partir de lo que efectivamente ven, tocan y
palpan en forma directa. Si la imagen de una
empresa es la idea que los públicos tienen
de ésta, pues se trata entonces de que este
activo intangible no sea algo arbitrario,
estamos hablando de planificar los actos
comunicativos para forjar una imagen
positiva que ayude al buen posicionamiento
dentro de la comunidad y repercuta
felizmente en el nivel de ventas.
Lo anterior tiene mucho que ver también con
el concepto de estrategia, el cual está muy
en boga. Mucho se habla acerca de pensar y
planificar estratégicamente y echamos luz al
asunto si vamos al diccionario. Una de las
definiciones que la Real Academia Española
le da a la palabra estrategia es la de:
“Arte de dirigir las operaciones militares”.
Definido así, este concepto nos remite a la
noción de batalla, y no hay batalla sin
partes que se enfrenten, vale decir, sin
adversarios. Si nos trasladamos al ámbito de
la empresa, planificar estratégicamente no
es más ni menos que elaborar planes que se
traduzcan en tareas y acciones y que se
adelanten en resultados positivos a nuestro
favor, es anticiparse a una circunstancia,
acumular reservas y fortalezas en un
escenario de pujas continuas por parte de
los empresarios que se proponen aparecer e
instalarse, es pensar y dirigir los actos de
comunicación de acuerdo a ciertos objetivos
propuestos, es, fundamentalmente, no dejar
nada librado al azar. Esa es la razón por la
que cualquier empresa que pretenda ser una
opción en el mercado debe planificar sus
comunicaciones internas y externas.
Volviendo al autor antes citado, se trata de
ocuparse de otras dos funciones de la
comunicación: la de innovación y la de
mantenimiento. La primera “incluye
actividades de comunicación tales como los
sistemas de sugerencias, el trabajo de
investigación y desarrollo, el análisis de
mercados, las sesiones de manifestación de
inquietudes y los comités de desarrollo de
ideas”. La segunda es la que “afecta al
mantenimiento de la autoestima de los
individuos, de las relaciones
interpersonales con otros miembros de la
organización, y el mantenimiento de las
propias funciones de producción e
innovación”. Ejemplo de éstas últimas son
los almuerzos de campo entre empleados,
ligas de fútbol, cenas de fin de año,
reuniones de cumpleaños, donde además pueda
otorgarse recompensas a los empleados por
sus desempeños.
Indudablemente, tener una política de
comunicaciones, es el desafío de cada una de
las instituciones que quieran ganar y
mantener notoriedad. A cada director le cae
la responsabilidad de enfrentar ese desafío,
integrando en esa gestión de comunicaciones
disciplinas aliadas como la publicidad y las
relaciones públicas, y el encuentro con
éstas, exige más que un organigrama de
departamentos aislados, un trabajo
mancomunado y orientado a los objetivos y a
la cultura de la organización.
Lic. Daniela A. Frontera
Comunicación
Social y Empresarial
E -mail:ccontenidos@gmail.com
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