Lic. Ana J. Hernández Rodríguez ©
Toda estructura social cuyo
desarrollo está relacionado con
actividades externas crea por sí
misma procesos de comunicación.
Hasta hace algunos decenios esta
relación entre generadores de
actividad social y sus destinatarios
no estaba reglada, se guiaba por el
caso concreto y no obedecía ni a
objetivos, ni a planificación. Las
empresas e instituciones se
planteaban sus actividades en
términos de supervivencia contable y
no incluían en ningún caso acciones
que pudieran generar un desvío
presupuestario. Todo lo relacionado
con la imagen se consideraba
superfluo.
Pero es la competencia industrial,
con el desarrollo posterior a la
Segunda Guerra Mundial, la que
obliga a las distintas producciones
a buscar signos externos de
diferenciación. El auge del diseño
industrial y la derivación hacia la
imagen de marca y la imagen
corporativa son procesos fulminantes
en términos históricos.
Un hecho similar, aunque tardío y
lento, se produce en el mundo de las
instituciones. El advenimiento de
las democracias parlamentarias
pluralistas significa la
diversificación de instituciones
políticas, entidades públicas y
privadas, fundaciones, todo un
universo de nombres, marcas,
símbolos, objetivos…
Es en este ámbito donde la imagen
corporativa refina aún más sus
procedimientos. La influencia de
disciplinas más antiguas como el
protocolo, en el caso de las
instituciones, y su traslación a las
normas de empresa, generan la
necesidad acuciante de desarrollar
departamentos de relaciones
externas, donde no sólo se redacten
comunicados, sino se organicen
actividades externas planificadas;
se evalúen, se modifiquen y se creen
pautas de asesoramiento al equipo
directivo para mejorar la posición
de la marca y la valoración moral de
los clientes reales y potenciales en
ese mercado universal que se
denomina opinión pública.
Con la introducción de la
mercadotecnia, especialmente las
corporaciones perciben que frente a
instituciones y particulares, que no
ofrecían competencia, una
comunicación ordenada a un fin -en
este caso un aumento de
productividad y ventas- a través de
la imagen corporativa y la
publicidad reportaba un beneficio
neto de gran importancia frente a la
inversión realizada.
Muchos estudios y manuales reflejan
este proceso que tiene su origen
lejano en el nacimiento de la
sociedad industrial y que ha sufrido
una considerable aceleración con la
llegada de la era de la tecnología.
Al acumularse experiencia y obtener
triunfos significativos, otros
agentes económicos y, en especial,
algunos agentes sociales concluyen
la necesidad de estudiar y diseñar,
a su vez, planificaciones de su
comunicación, dejando las
estrategias de propaganda y
“pasarse” a métodos más científicos,
apoyados en la teoría del mercado.
En los últimos veinte años, esta
actividad -la comunicación
institucional- ha sido objeto de
muchos estudios y hoy puede decirse
que la aplicación de sus teorías es
necesaria para poder presentarse
ante la opinión pública y para
entender cómo la sociedad actúa
frente a determinados estímulos.
Podemos decir que la actividad de un
departamento de relaciones externas
abarca comienza a convertirse en una
saber interdisciplinar, en el que
tienen cabida desde la mercadotecnia
y las ciencias económicas, hasta la
práctica totalidad de las ciencias
sociales. La imagen corporativa y el
peso de la opinión pública en el
fenómeno de la competencia serán,
tal vez, los grandes sucesos
históricos que definirán en el
futuro qué fue de la sociedad
industrial y tecnológica.
Objetivo general de los planes de
comunicación
Los Planes de Comunicación se
conciben para definir los criterios
básicos de comunicación (interna,
externa y marketing) durante un
periodo largo de tiempo (por
ejemplo, cuatro años) y los
criterios básicos con carácter
anual. Es decir, que por una parte
se fijará el objetivo general de
comunicación y por otro el
correspondiente al año en curso,
como patrón básico de trabajo.
Estos hitos pueden ser fijados de
otra forma, pero si se tiene en
cuenta que la vida de un país
depende de los procesos electorales
y que la vida económica está sujeta
a los años fiscales, parece que una
iniciativa de estudio, articulación
e impulso de la imagen corporativa
de una institución, empresa o
entidad, dependerá de manera
natural de estos parámetros
políticos y económicos.
Desde el punto de vista de la
comunicación externa, en nuestra
área geográfica, las Islas Canarias,
-en un esfuerzo por concretar la
estrategia de partida-, entre los
objetivos generales de comunicación
no debe faltar el incremento del
conocimiento espontáneo de la
población canaria sobre la empresa,
institución o entidad, y su trabajo;
además de la valoración netamente
positiva del mismo, para generar una
imagen corporativa adecuada. A éste
deben añadirse otros más
específicos, como la isla y sus
dificultades; los del sector, como
la obtención del liderazgo en el
ramo, o la comunicación eficaz y
transparente a nivel interno o
externo, -según se trate-, y los
derivados del posicionamiento social
o político del sujeto.
En el aspecto interno, se define
como objetivo general de
comunicación la aplicación de un
sistema profesionalizado de
relaciones desde el departamento de
recursos humanos y bajo las
directrices de un estudio sobre el
personal, que determinará la
redefinición de las relaciones en el
trabajo, la optimización de los
cuadros profesionales y la asunción
de los objetivos generales de la
política de la empresa, entidad o
institución.
Esto no es nada nuevo y puede
estudiarse en multitud de manuales
publicados sobre el particular.
Muchas herramientas se han
planificado en este campo. Desde
seminarios de formación continua
para el personal, periodos de
confraternización, publicaciones
internas, sistemas de auditoría
compartida con los trabajadores,
etc. Cada autor, utilizando su
experiencia, hace hincapié en uno u
otro recurso, pero en honor a la
verdad, casi cualquier herramienta
de estímulo contribuirá a mejorar la
percepción del trabajador y su
productividad. Debe realizarse el
diseño, partiendo siempre de los
datos empíricos sobre el perfil de
los recursos humanos y el de la
propia empresa.
Tampoco hay que olvidar definir
mediante un estudio la planificación
publicitaria sujeta a los criterios
de potenciación de la imagen
corporativa y opciones de mercado.
El problema de las audiencias y su
parcelación, con la aparición de
nuevos canales de comunicación de
masas como las plataformas digitales
de televisión o Internet plantean
dificultades derivadas de la
presunta especialización de las
audiencias. Los estudios de campo y
la elaboración de completas fichas
técnicas de las campañas
publicitarias, con un pretest de su
impacto son imprescindibles si no se
quieren desperdiciar valiosos fondos
de promoción. Un departamento de
relaciones externas debe exigir a
las empresas publicitarias todos los
datos sobre la creatividad y, al
menos, tres opciones diferentes
basadas en los datos obtenidos de la
audiencia y de los pretest de cada
una. Todo este iter publicitario
deberá consignarse en la
correspondiente memoria y evaluarse
para medir la evolución de las
audiencias, la respuesta en términos
de mercado y establecer medidas
correctoras.
Objetivos
detallados
La comunicación institucional,
mediante su planificación, persigue
al menos los siguientes objetivos:
1.-Presentarse ante la opinión
pública.
2.-Obtener un espacio estable y
definido en los canales de
comunicación conforme a un plan
previo.
3.-Contribuir a los objetivos
generales de la institución, entidad
o empresa, y mejorar sus métodos
internos de trabajo, su
productividad y el bienestar de los
implicados.
4.-Como consecuencia de todo lo
anterior, generar una imagen
corporativa determinada, ajustada a
los objetivos, consecuente con su
historia y esperanzadora y positiva
hacia el futuro.
5.-Afrontar situaciones de crisis
conforme a unos protocolos previos y
superarlas con el menor daño
posible, y generando al final del
proceso sensación de confianza.
Cuestión aparte, sujeta a valoración
deontológico, son otros fines que
pueden perseguirse desde las
instituciones, entidades y empresas
en relación con los objetivos poco
claros en ocasiones de algunas
estrategias de marketing político y
con las propuestas de manipulación
de la opinión pública. No nos
extenderemos aquí a esas maneras
abyectas de utilizar las técnicas de
comunicación, bastará con referirnos
a ellas y enunciar así su
existencia.
En líneas generales, una estrategia
de comunicación, que deberá
convertirse en un documento de
trabajo, se apoya en dos líneas de
actuación básicas: un plan de
comunicación externa y otro de
comunicación interna -que
recientemente se ha completado con
las llamadas redes de
intracomunicación, que recurren a
aplicaciones tecnológicas para,
fundamentalmente, realizar el
proceso comunicativo más
rápidamente, reduciendo al máximo la
probabilidad de generar mensajes
contradictorios (ruido
comunicativo). Esto se refiere a los
sistemas de correo electrónico,
video conferencia, ICQ, chats
profesionales, foros, y otros
canales similares que pueden
utilizarse en beneficio del proceso
productivo.
Finalmente, se recurre al marketing
tradicional para -mediante la
publicidad- mejorar al límite
resultados y cubrir aspectos a los
que no se puede llegar con los
sistemas anteriormente descritos.
Otras técnicas de venta más reciente
se revelan especialmente útiles para
obtener fines específicos de
mercado.
Los elementos correctores ante los
fallos de diseño y de adaptación a
las circunstancias cambiantes del
área de juego se introducen mediante
evaluaciones periódicas (estudios),
llamados auditorías de comunicación,
que necesitan ser realizadas por
profesionales independientes
capacitados para ofrecer
instrumentos útiles en la posterior
aplicación de soluciones. Se trata
de la parte más costosa
comparativamente hablando, pero la
que confirma que un plan de
comunicación cubre o no unos
objetivos determinados.
En la actualidad, cualquier entidad,
institución o corporación que no
desarrolle un proceso como el
descrito está condenada a cometer
errores predecibles y por tanto es
vulnerable y, con toda seguridad,
será atacada por los que sí recurren
a ellos. Es más, son ya muchos los
departamentos de comunicación que
contemplan planes de contingencia
para este tipo de ataques de otras
corporaciones o instituciones
rivales.
Según diversos estudios técnicos
sobre relaciones públicas
consultados, como los realizados,
por citar un ejemplo, para el
Consorcio de Hospitales Públicos de
la Generalitat de Cataluña a
mediados de la pasada década, y que
inspira en parte este trabajo dada
su clara estructura de acción, un
plan de comunicación debe contener
los siguientes elementos:
Elementos del plan de comunicación
1.-Fijación del
objetivo general: qué comunicación
queremos para nuestra institución y
qué imagen corporativa esperamos
cuando finalice el período que vamos
a planificar.
2.-Definición de la política general
de comunicación de la institución o
entidad, con un decálogo de
principios y objetivos.
3.-Evaluación de la situación
actual. El punto de partida con
todos los problemas tanto técnicos,
como humanos y de posicionamiento en
el segmento del mercado al que se
pertenece.
4.-Diseño de la arquitectura general
del Plan. Esto se refiere tanto
desde el punto de vista del orden
cronológico como de los pasos hacia
los objetivos.
5.-Identificación de los medios
necesarios para cumplir con lo
anterior.
6.-Elaboración de programas:
definición de objetivos específicos,
elección de estrategias y
descripción de acciones a
desarrollar. Es decir, la estrategia
general se descompone en objetivos
parciales y estos, a su vez, en
otros menores, más modestos y
alcanzables. Es una escalera y hay
que subir los peldaños uno a uno.
7.-Establecer el planning.
8.-Elaborar un protocolo para
situaciones de crisis, preverlas y
establecer quiénes deberán integrar
el grupo que tome las decisiones en
cada caso. También es conveniente
establecer un dispositivo
independiente que controle los daños
durante y después de la crisis.
9.-Establecer los sistemas de
seguimiento y control, con los
correspondientes criterios de
evaluación y parámetros de medida.
Auditorías de comunicación,
estrategias publicitaria, evaluación
de campañas, estudios de presencia y
valoración, entre otros.
La experiencia y el campo concreto
añaden pequeños factores a este
diseño comúnmente aceptado sobre qué
debe contener, siempre, un plan de
comunicación.
1) Fijación del objetivo general
Son los responsables de la empresa o
entidad quienes deben identificar
qué objetivo final se desea
conseguir. La responsabilidad es en
todo caso de ellos, porque son los
que establecen la estrategia general
de la marca o de la institución y
los responsables económicos o
políticos, e incluso judiciales, de
las decisiones que adopten. El de la
comunicación es un sistema de
asesoramiento sobre cómo plasmar
esos objetivos. Intuitivamente
pueden fijarse varios: establecer
una imagen corporativa positiva, dar
a conocer la gestión de una forma
transparente (especialmente
importante)... La priorización de
los objetivos, como de primer o
segundo orden, debe quedar clara
como condición para dar el segundo
paso (la definición de la política
general de comunicación).
2) Definición de la política general
de comunicación
Si los gestores de comunicación
dictan unas reglas de juego que no
son aceptadas por la dirección,
dichas reglas son papel mojado. Esta
es una máxima aceptada por todos.
Pero no es suficiente que los
responsables de la institución
acepten las reglas y dejen que el
Departamento de Comunicación actúe a
su aire; si se rige por otras normas
diferentes y, en algunos casos
contrapuestas, la comunicación
carecerá de credibilidad.
Para que la comunicación cumpla su
función y la planificación pueda ser
ejecutada, es necesario que la
dirección apruebe y asuma una
política de comunicación y se
comprometa a respetarla y
respaldarla. Para ello es
imprescindible obligar a la cúpula
directiva a adoptar y asumir todas y
cada una de las decisiones
integradas en la estrategia de
comunicación. No es una ciencia
exacta y hay reveses, que la los
directivos de la compañía deben
asumir, al igual que un problema
financiero o la caída de la
cotización en bolsa. Después, si es
necesario, se aceptan
responsabilidades profesionales,
pero las decisiones corresponden
siempre al titular de la empresa que
es quien se juega su patrimonio.
En resumen, la estrategia de
comunicación debe ser aceptada y
seguida por los cargos de la empresa
o entidad y el asesoramiento de los
mismos debe tenerla en cuenta, si se
quiere controlar el proceso de
formación de la opinión pública y
alcanzar los objetivos deseados. El
Gabinete de Comunicación plasmará
las directrices políticas y de
gestión y decidirá qué recursos
emplea para ejecutarlas. Esa es su
responsabilidad -gestionar la
comunicación sin interferencias.
3) Evaluación de la situación
La empresa o entidad debe valorar
los problemas heredados y los
planteados con los actuales
dirigentes antes de pasar al
siguiente punto.
- Hay que tener en cuenta que, desde
la óptica de gestión, no suele
existir una planificación de
actuaciones comunicada eficazmente,
que no es lo mismo que realizar
trabajos en la resolución de la
comunicación puntual de asuntos
difíciles o problemáticos y de
crisis. La diferencia radica en
hacer llegar a la opinión pública la
magnitud de los problemas.
- Las instituciones, entidades y
empresas tienen la costumbre de
comunicar actos y hechos puntuales
que buscan efectos puntuales, pero
no suelen mirar más allá, buscando
una planificación de medios técnicos
y humanos.
- Asimismo, son pocos los organismos
que cuentan con un sistema de
resolución de crisis y menos aún de
comunicación de las mismas. Hablamos
de crisis que van desde temporales y
plagas hasta desavenencias internas
o problemas políticos con influencia
en el entorno de la corporación o la
institución.
- Otro factor que brilla por su
ausencia a menudo suele ser un
sistema eficaz de documentación y
archivo de prensa, y de una red de
intracomunicación (más lejos aún
está su planificación y las
aplicaciones tecnológicas). Nos
causa sana envidia la figura, por
ejemplo, del documentalista en los
periódicos de Estados Unidos, que
facilitan enormemente la labor de la
redacción y de la empresa. Se
considera un valor añadido a la
credibilidad. Pero es que en España
y, especialmente en Canarias, no se
da valor al camino histórico de una
noticia, como si la memoria de la
información no fuera relevante y sí
lo es. La experiencia depara a los
responsables de los gabinetes de
comunicación experiencias
desagradables en este asunto.
- Una buena comunicación se basa en
la gestión que haga bueno al gestor
y no tanto en la imagen personal del
líder.
- Deberá buscarse un equilibrio no
exento de esfuerzos presupuestarios.
Téngase en cuenta que no dotar al
Área de Comunicación de los medios
necesarios supone en la práctica un
lastre insuperable para la
consecución de los objetivos que la
empresa, entidad o institución se
marque.
- De cara a la comunicación
externa los problemas de las
empresas, entidades o instituciones
suelen determinarse por varios de
los siguientes aspectos:
1. Falta de liderazgo.
2. Los lobbies externos son los que
determinan el ritmo de los hechos de
comunicación.
3. Filtraciones de información al
exterior.
4. Relaciones difíciles con algunos
medios de comunicación.
5. El deficiente conocimiento
espontáneo de la labor de la
empresa, entidad o institución.
6. Bajo conocimiento cualitativo de
la gestión.
7. Problemas
con la implantación territorial y
con el envío de comunicados y notas
de prensa que no obedecen a
estrategia alguna, sino a labores de
apagar crisis sin criterios
globales, con el riesgo cierto de la
comisión de errores estratégicos.
8. Solapamiento de unos cargos por
otros.
9. La acción lícita o ilícita de
competidores
- En cuanto a
la comunicación interna, debe
establecerse un plan partiendo de
una valoración realizada por
consultores expertos, que determine
las medidas a tomar para que en
razonable plazo de seis meses en una
primera ocasión cambien aspectos
primordiales (en el caso de
problemas) en las relaciones
internas, siempre y cuando no se
ajusten a un modelo predefinido de
recursos humanos. Y es que la
experiencia acumulada en docenas de
grandes empresas y organismos
públicos en España garantizan que un
plan de comunicación interna, o
mejor, un plan global de recursos
humanos mejora la relación del
profesional con su puesto de trabajo
y tiende a la optimización de la
productividad.
Lo aconsejable es realizar un
estudio de comunicación interna
realizado por un gabinete de
marketing y redactar un Plan
Sectorial de Comunicación Interna, a
la vista de los resultados de ese
estudio. Pero como primer paso, se
podría solicitar una evaluación
previa de cada servicio por su
encargado o jefe.
4) Diseño de la arquitectura general
del Plan
Una vez vencidos los obstáculos
organizativos, se trazarán las
líneas maestras que han de guiar el
desarrollo de las fases posteriores;
en él se acotarán las etapas,
estableciendo una primera estimación
de la envergadura del proyecto, al
tiempo que se identifican las
principales dificultades que habrá
que superar, los apoyos que será
necesario recabar y la determinación
del ritmo que haya que imprimir a la
acción. Se trata de un documento
interno del Gabinete, que se crea
pomo un planning paralelo al plan de
comunicación y que distribuye los
esfuerzos sobre los aspectos clave
para llevar la imagen corporativa al
lugar que se desea.
5) Identificación de los medios
necesarios
Con la estructura básica del plan se
identificarán los medios necesarios
para ejecutar las acciones
previstas. Los medios son de dos
tipos:
Humanos.-
En la primera fase se inscriben los
periodistas del gabinete, así como
las personas encargadas de
solucionar los trámites diarios y la
gestión básica.
Técnicos y materiales.-
La segunda fase aborda equipamientos
necesarios como una red informática
que posibilite la autoedición de
textos y publicaciones propias, y un
sistema de documentación, archivo y
selección de prensa. La
intracomunicación es una asignatura
pendiente que requiere no sólo de
tecnología sino también de
formación.
6) Elaboración de programas
La estrategia general de
comunicación debe subdividirse en
tramos cortos y tratarlos como
unidades independientes. Para cada
segmento, se definirá un objetivo
específico, se elegirá una o varias
tácticas a utilizar y, por último,
se decidirá qué acciones concretas
habrá que realizar para alcanzar
dicho objetivo. Todos estos
segmentos integran el Plan de
Comunicación.
La publicidad complementa la
estrategia de comunicación en Imagen
Corporativa. Su necesidad se
determina porque llega allí donde se
forman criterios de opinión pública
distintos a los meramente
informativos. Se recomienda una
mayor toma de conciencia sobre la
necesidad de dedicar recursos
económicos a las líneas de
publicidad en próximos presupuestos.
En todo caso, como se explicó
anteriormente, no debe realizarse
ningún esfuerzo publicitario sin
contar con un estudio de mercado. A
tal efecto se redactará un Plan
Sectorial de Publicidad en los
términos que a continuación se
expresan:
La publicidad aporta elementos de
consumo, determinación moral de las
opciones, defensa de valores
políticos (propaganda), psicológicos
o sociales (identidad en un
territorio), por ejemplo, que son
mejor explicados a través de
recursos de mercadotecnia.
7) Parcelación temporal de las
actuaciones
La operación de colocar la
planificación sobre el calendario
deberá realizarse retroactivamente.
Se empezará por el final. Este
sistema es el mismo que el utilizado
en el cierre de ejercicios contables
o en la edición de publicaciones.
Deberá elaborar un planning básico a
medio plazo y otros de detalle por
períodos más cortos (por ejemplo,
trimestrales). Esta es una teoría
comúnmente aceptada y extraída de la
experiencia de otros trabajos como
el ya citado de la Generalitat
catalana.
8) Indicar pautas de actuación para
posibles situaciones de crisis
La comunicación es una actividad
flexible (de ahí la necesidad de
normativizarla lo más posible), lo
que lleva a prever posibles
situaciones que lleven a introducir
sobre la marcha cambios de detalle o
más sustanciales en la dirección
prevista en el plan. Pese a la
dificultad de prever situaciones de
crisis, es necesario establecer
pautas de actuación para imprevistos
o aquellos casos críticos con más
posibilidades de presentarse. Es
necesario un esfuerzo por
identificar las situaciones de
emergencias (labor del asesor) y,
una vez identificadas, diseñar las
pautas de actuación en comunicación
para el caso de que se presenten
tales situaciones (labor del
Gabinete de Comunicación).
9) Establecer los sistemas de
seguimiento y control
Se recomienda la realización de
auditorías periódicas de
comunicación. Su necesidad se
demuestra por la ausencia de datos
sobre la percepción que se tiene del
trabajo de la entidad en la opinión
pública y de la valoración y grado
de conocimiento de sus responsables.
Parámetros de auditoría:
1.-
Cumplimiento de objetivos.
2.-
Grado de conocimiento personal.
3.-
Valoración de la institución.
4.-
Valoración del gestor o gestores.
5.-
Grado de satisfacción de los
participantes en el proceso de
comunicación (comunicación interna).
6.-
Batería de soluciones posibles a
cada problema.
CONSIDERACIONES FINALES
Como ideas básicas sobre metodología
de comunicación, debe concluirse que
hay que facilitar el control sobre
el Gabinete de Comunicación,
diferenciando claramente las tareas
propias de él, del asesoramiento o
el apoyo al titular de la
institución; dotarlo de medios y
personal necesarios y posibilitar el
diseño y puesta en marcha de una
estrategia, garantizando su
cumplimiento para que ésta sea
eficaz. Puesto en marcha el plan de
comunicación sirva el siguiente
esquema tomado de otros trabajos
sobre comunicación interna para
esbozar los objetivos en los
primeros meses de su puesta en
marcha.
Primera fase:
a)
Diseño de estrategias de
comunicación.
b)
Someter a la consideración de la
empresa, entidad o institución
proyectos de comunicación.
c)
Involucrar a personas clave de la
empresa, entidad o institución.
d)
Diseñar, planificar, programar y
organizar acciones de comunicación.
e)
Ejecutar los planes.
f)
Impulsar y dinamizar la política de
comunicación.
g)
Controlar las actividades
realizadas.
Segunda fase:
a)
Detectar tendencias sobre la
evolución de la comunicación.
b)
Formar a los integrantes de la
empresa, entidad o institución en
temas de comunicación.
c)
Asesorar sobre el diseño de planes
de comunicación y organización de
acciones.
d)
Proporcionar metodología y
herramientas para el desarrollo de
acciones de comunicación.
e)
Dar apoyo logístico a los
departamentos.
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FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO DE
LATINA EN BIBLIOGRAFÍAS:
Nombre de la autora, 2002; título
del texto, en Revista Latina de
Comunicación Social, número 48, de
marzo de 2002, La Laguna (Tenerife),
en la siguiente dirección telemática
(URL):
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2002/latina48marzo/4812ajhernandez.htm |