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Noticia Ampliada

  • 27/04/2026
  • Cómo facilitar el juego en el niño con discapacidad

Por Damián Calvo, presidente de Lekotek y Sergio Fajn, Coordinador General de Programas de Lekotek (www.lekotek.org.ar)

La instancia de juego va más allá de la discapacidad que un niño pueda tener. Los chicos ingresan al juego por las puertas que los adultos les abren, por eso en las familias en las que hay pequeños con capacidades diferentes es preciso trabajar con los papás, los hermanos y las personas significativas del entorno para que el tránsito hacia lo lúdico se de de la manera más positiva. Hay que lograr facilitarle el juego a ese niño.

Claro que primero tendremos que saber a qué tipo de dificultad nos estamos enfrentando. Generalmente, lo primero que aparece es la pregunta que los padres se hacen cuando saben que el niño tiene problemas para desarrolarse: “¿qué hacemos? No estamos preparados”, suelen decir enseguida. Frente a esto, hay que intentar que los adultos y hermanos partan de su capacidad para jugar. Cuando hay juego hay placer, y desde ese lugar positivo se da la construcción del vínculo y de los momentos lúdicos.

Claro está que no es lo mismo cuando un bebé ya nace con una discapacidad o cuando llega al mundo sano y luego adquiere la discapacidad por accidente o enfermedad. En ambos casos será recibido con amor, pero en el último los padres se lo imaginan creciendo saludablemente y, por lo tanto, tiene un desarrollo en un espacio libre de conflicto hasta que aparece la discapacidad. Ahí las experiencias se igualan, pues las familias tendrán que hacer el duelo de eso que imaginaron y no es.

El juego se habilita a partir de otro, es el adulto el que proporciona el ingreso a la experiencia lúdica. Es común que con la presencia de la discapacidad esto esté detenido u obturado. Hay que trabajar allí donde se instaló el no puedo, ahí es necesario insistir con la posibilidad de jugar. El foco hay que trasladarlo a la capacidad que tiene, establecer un vínculo de placer y así lo que no se puede pasa a un segundo plano.

Frente a la discapacidad, que puede ser física o psíquica, se vuelve complicado lograr visualizar qué se puede hacer. A veces parece como si la discapacidad hubiera limitado la posibilidad de los miembros de la familia para dejar que fluya la espontaneidad de la imaginación, para que se de el juego.

También, pensando a la discapacidad como una metáfora, a veces se aloja en una familia como una experiencia que captura la posibilidad creativa, que es el material sustancial para poder jugar. En esos contextos hay que crear las mejores condiciones para que adultos y niños puedan jugar y ver más allá del problema.

Este ver más allá que se plantea tiene que ver con el velar aquello que se imaginó y no es. Si no hay aceptación no es posible hacer un proyecto. Aquello que me ilusionó no está más. Si se acepta a ese niño, eso ya es una matriz porque a partir de ese momento es cuando puedo valorar lo que puedo hacer. Esto es un punto a tener en cuenta tanto para quienes tienen un hijo con discapacidad y también para niños saludables. Hay que encontrar una nueva realidad para vincularse y vincularse con el juego es esencial. El juego nos vincula con las capacidades. Por ejemplo, Einstein nunca perdió la capacidad de jugar, y así pudo meterse en mundo abstractos.

Imaginar es desear. Los padres imaginamos a los niños gateando, hablando. Y quizá eso no sucede o no pasa en el momento esperado. La discapacidad les exige a los adultos ser flexibles, poder rearmarse. Recién ahí podrá imaginar, desear y ver lo posible. Así fluye el vínculo con empatía, lo lúdico se da porque hay algo de lo esencial que se protegió.

Algunos padres no saben qué hacer con sus hijos con discapacidad, incluso pueden tener miedo hasta de agravar una lesión. Por eso hay que vincularse tiernamente, con empatía, esto es la matriz que generará el juego. Si me adapto a lo que el otro me ofrece, ahí hay un encuentro. Los principios del juego no varían, lo que cambia es mi flexibilidad en el rol de adulto. No hay nada construido, está todo por hacer.

Este esfuerzo descripto que tiene que hacer la familia, también lo hace el niño con discapacidad, pues pone una energía extra pues vive esas diferencias, desde la mirada del entorno hasta lo que él percibe de sí mismo. Tendrá que hacer el duelo de esa capacidad de la que no puede hacer uso.

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