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Noticia Ampliada

  • 23/04/2026
  • Los emprendedores sociales y el cambio social a escala

Por Guillermina Lazzaro, Directora Regional, Ashoka Emprendedores Sociales, www.ashoka.org

Los emprendedores sociales no conciben la posibilidad de cambio si no
es a escala. Esto tiene base en su ADN que los impulsa a desarrollar
soluciones innovadoras que puedan atacar los principales problemas
sociales pensando globalmente y comenzando por un accionar local.

Desde Ashoka concebimos que el cambio para que sea escalable debe ser
sistémico. Ese es el ADN del que hablamos cuando definimos a un
emprendedor social, su pensamiento sistémico.

Sólo a partir de visiones interdisciplinarias e intersectoriales
podemos pensar en generar escala a largo plazo. Este enfoque holístico
implica una mayor apertura intentando que las visiones particulares se
enriquezcan a partir de las de otros. Para ello hay que empezar por
revisar aquello que establecemos como arraigado e inamovible. Pensar
sistémicamente implica una mayor apertura teniendo como objetivo el
largo plazo y la sustentabilidad del cambio social que se quiere lograr.

En este cambio sistémico a escala a largo plazo, los emprendedores
sociales tienen que operar sobre distintas dimensiones que conllevan
diferentes desafíos.

Trabajar en terreno e incidir en política pública: la mayoría de las
organizaciones sociales que generan un gran impacto social y persiguen
un cambio a escala advierten que por más que desarrollen excelentes
programas en beneficio de sus comunidades necesitan incluir una
dimensión de incidencia en política pública dentro de sus
organizaciones para lograr la transformación social a escala. En la
medida en que sus servicios impacten más y mejor en más personas y
además generen más conciencia y visibilidad e incidan en decisores
políticos lograrán más impacto.

El combinar trabajo de campo concreto con incidencia en política
pública otorga legitimidad a la organización como un actor relevante y
necesario. El desafío fundamental es cómo transformarse en actores
reconocidos y pasar de ser vistos como simples brazos articuladores de
políticas sociales ya establecidas. El desafío entonces es lograr ser
parte del diseño de la política pública. Aquí se abre otro escenario
que está relacionado con cómo lograr la independencia y distancia
suficiente con el sector público para ser respetado como actor sin
pensar en ser cooptado para acceder a fondos públicos y sin resignar
los objetivos fundamentales por los que se trabajan, sin cambiar las
líneas de acción, generando una relación de confianza e igualdad que
rompa el sistema clientelar.

Trabajar junto con las empresas para dejar la visión filantrópica
tradicional y pasar a pensar conjuntamente en la inversión social de
largo plazo. Para ello es necesario crear relaciones de paridad para
trabajar en conjunto pensando en la generación de mutuo valor.
Entender que dentro del mapa relacional las empresas pueden
involucrarse con las organizaciones sociales de una manera diferente a
la planteada hasta el momento. Pensando en organizaciones sociales
como parte de la cadena de valor de la empresa; como un actor clave
para enriquecer su visión de negocios a partir de incorporar una
visión de sustentabilidad no solo económica sino también ambiental y
social. El desarrollo de mesas intersectoriales en donde el trabajo
con el Estado no sea visto como un impedimento en la inversión por
parte de la empresa sino como una contribución a una construcción
colectiva de largo plazo también es otro de los desafíos pendientes.

Si pensamos en el cambio a escala, es necesario inspirar a otros.
Desde Ashoka trabajamos para generar un ecosistema emprendedor que
involucre a empresas, gobierno, medios de comunicación, universidades,
hombres de negocios, jóvenes y la ciudadanía en general. Trabajar
desde la visión de que cada persona puede ser un efectivo agente de
cambio ayuda a ampliar el mapa relacional para generar escala. Sumar a
nuevos miembros a la causa; trabajar inspirando permanentemente a
voluntarios, miembros de la Comisión Directiva, amigos de la
organización y donantes implica involucrar nuevas personas con la
misión organizacional y aumentar el área de influencia.

Generar redes de organizaciones. Compartir información y tender
puentes de colaboración es otra forma de sumar escalabilidad.
Generalmente se compite por recursos con agendas acotadas que podrían
ser enriquecidas por otros actores para el cambio social. Reconocer
las limitaciones propias y pensar en la sinergia como más que la suma
de las partes hace pensar en el cambio social como una acción
colaborativa dejando de lado el paradigma de la acción individual.

Para lograr este cambio a escala los emprendedores también necesitan
estar atentos a desafíos internos. Uno de ellos es la flexibilidad a
los cambios como forma de responder a una realidad cambiante.
Adaptándose al contexto y pensando en maneras innovadoras de responder
a las problemáticas. La escala también hace imperioso lograr una base
diversificada de recursos bajo el desafío permanente del achicamiento
de las fuentes tradicionales de financiamiento. También es necesaria
la inversión en recursos humanos comprometidos y profesionales con el
inconveniente de que la mayoría de los donantes no quiere invertir en
los costos fijos de las organizaciones sociales.

La comunicación es otro gran desafío. La escala hace necesario el
comenzar a transitar por sistemas más sofisticados de comunicación
para llegar a nuevos públicos. La medición y transmisión del impacto
social generado conlleva la necesidad de comenzar a refinar los
indicadores cuantitativos y cualitativos con los cuales se trabaja.
Todos estos desafíos deben ser encarados manteniendo un bajísimo
porcentaje destinado a la administración siendo conscientes de la
necesidad de que la inversión vaya directamente a provocar el cambio
social por el que las organizaciones trabajan.

Los emprendedores sociales también tienen que asumir desafíos
vinculados con su propia relación al modelo creado. Para ello es
necesario poder tomar distancia de sus modelos, siendo conscientes de
que se encuentran lo suficientemente sólidos como para poder escalar.
En estas instancias el éxito ya no depende sólo del emprendedor social
y su organización, sino que tiene que demostrar una alta capacidad de
trabajo con otros y flexibilizar su modelo, sin por esto resignar la
esencia. En este caso el emprendedor tiene que poder transcenderse
como creador pensando en la necesidad de una construcción colectiva
vinculada a otros actores sociales, políticos y económicos.

La transformación social sólo se logra a escala. La transformación
social requiere entonces visión de largo plazo, abordajes integrales,
agendas multisectoriales e innovación permanente.

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