Noticia Ampliada
- 23/04/2026
- La función de la escuela en temas de anorexia
Por Dra. Mabel Bello, Presidenta de ALUBA (Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia), www.aluba.org.ar
Todos sabemos que la anorexia nerviosa y la bulimia aparecen en laadolescencia.
Si bien la edad de comienzo ha bajado en los últimos años, el grupo de
riesgo está en la escuela.
Los maestros deben interesarse en esta problemática y colaborar con la
familia en la detección temprana.
El rol del docente es fundamental para formar jóvenes libres de
adicciones y aptos para la vida. Por tal razón es necesario que estén
debidamente informados acerca de estas patologías.
Si logramos que se capaciten, potenciaremos la acción de la familia en
la lucha diaria contra este flagelo.
Es lógico revalorizar entonces el rol del docente en la prevención y
detección temprana.
La alimentación en el recreo
El recreo es la pausa que permite el descanso y la reposición de
energías para continuar la actividad.
Este tiempo de relax es importante y debe ser bien utilizado.
Los alumnos deben ingerir alimentos adecuados que les aseguren un
crecimiento normal y buen rendimiento en las actividades escolares.
Si la conducta en este sentido no es la apropiada, se ha encendido la
primera luz de alerta.
Recordemos que la anorexia nerviosa y la bulimia comienzan con una
dieta.
Las actividades físicas y los deportes
La gimnasia forma parte de una vida sana. Contribuye al desarrollo
armónico de nuestros jóvenes.
Estimular su práctica es saludable, pero prestemos atención.
La hiperactividad es uno de los síntomas de la patología alimentaria.
Cuando el ejercicio se practica con el único fin de bajar de peso, en
forma intensa y compulsiva y en sesiones prolongadas, no es
beneficioso, por el contrario, reactiva la enfermedad.
Cuidemos que la actividad física se realice en su justa medida.
El perfeccionismo
Prestemos atención al alumno ejemplar.
La presentación de sus trabajos, su dedicación al estudio, sus
rutinas, despiertan nuestra admiración. Lo ponemos como ejemplo ante
el resto de la clase, lo consideramos el mejor. Este tipo de
personalidad, donde el perfeccionismo se manifiesta en todo momento,
es característica del anoréxico.
Observemos entonces, ¿se muestra obsesivo con su físico? ¿Se esfuerza
por conseguir el cuerpo perfecto? ¿Cómo es su alimentación y su
actividad física?
Descubramos a tiempo la anorexia nerviosa. A veces está escondida en
la abanderada de la escuela.
Los cambios de carácter
Esta es una señal de alerta que debe ser tenida en cuenta.
La agresividad, la ira, los accesos de llanto, la inestabilidad
emocional y el aislamiento están presentes en la patología alimentaria.
Si advertimos estos cambios, observemos también si existen otros
signos que completen el cuadro de la enfermedad.
Observemos a nuestro alrededor. La enfermedad está en acecho.
El patito feo
La baja autoestima, la falta de confianza en las posibilidades de
éxito, hacen que un adolescente se considere un perdedor.
Esta es una característica que acompaña tanto a la anorexia nerviosa
como a la bulimia.
Prevengamos su aparición. Fomentemos en los alumnos la fe en sí mismos.
Enseñemos a los jóvenes a tener confianza en sus propias fuerzas.
La escala de valores
Nuestra cultura privilegia el poder, el dinero y el culto al cuerpo
sobre otros valores tradicionales que se van perdiendo.
Observemos con atención. ¿Qué persiguen los chicos? ¿Qué los preocupa?
Si nos detenemos a escuchar sus conversaciones, no puede faltar la
dieta mágica o el cómo adelgazar.
Despertemos en ellos otros intereses; provoquemos un cambio, evitemos
la lucha por el físico ideal.
Eduquemos con amor para la vida.
La falta de concentración
Suele ocurrir que un buen alumno baje su rendimiento, no pueda
concentrarse y por momentos parezca ausente.
Seguramente algo le preocupa. Averigüemos qué pasa.
La anorexia nerviosa y la bulimia circunscriben a quienes la padecen,
a un mundo pequeño, donde solo existe el peso, las calorías, la
balanza y la dieta, y donde no hay lugar para proyectos ni para otros
intereses que hagan posible vivir en plenitud.
Rompamos el círculo vicioso en el que transita la enfermedad.
La vergüenza de mostrarse
La distorsión de la imagen corporal que se presenta en la patología
alimentaria hace que quienes la sufren, se vean gordos a pesar de
tener una apariencia normal o bajo peso.
Generalmente, por este motivo, quieren esconder el cuerpo, ocultarse
ante los ojos de los demás. Se esconden debajo de ropa muy holgada, se
niegan a usar traje de baño y evitan toda situación que los obligue a
mostrarse.
Enseñemos a los jóvenes a aceptarse y a quererse a sí mismos.
El uso del baño
Entre las conductas purgativas, el vómito autoprovocado es muy
frecuente.
Se debe poner especial atención para detectar ese hábito; sobre todo,
después de una ingesta que habitualmente se realiza en el recreo.
La vigilia debe extremarse ya que las consecuencias de esta práctica
son graves.
Los vómitos frecuentes pueden producir un descenso del nivel de
potasio en sangre, lo que puede ocasionar un paro cardíaco.
Observemos con atención. Si algo anormal sucede, hablemos con la
familia. Historial de noticias




