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Noticia Ampliada

  • 28/04/2026
  • Hacia una mejora de la calidad del transporte público

Arq. Jorge Aslan, Estudio Aslan y Ezcurra y asociados, (www.aslanyezcurra.com.ar ).

El sistema de transporte público actual en Argentina constituye uno de
los tantos problemas que debemos de afrontar la mayoría de los
argentinos cuando queremos movilizarnos por las calles y en especial
desplazarnos hacia nuestro trabajo. Constituye uno de los grandes
retos a resolverse, pues es evidente que el sistema de transporte
público vigente no sólo no es económicamente sostenible para el
gobierno a largo plazo; sino que encima de todo no es satisfactorio
para ninguno de los involucrados. Ni siquiera para la población más
pobre del país, que es supuestamente a quien se está apoyando con las
subvenciones de las tarifas.

En las paradas de los colectivos continuamente se escuchan
comentarios de insatisfacción porque el servicio se caracteriza por
ser insuficiente en las horas pico, por recibir malos tratos en
algunas ocasiones, por no gozar del beneficio de pasaje gratuito
cuando se es de la tercera edad, porque las unidades se encuentran en
malas condiciones, por el miedo a ser asaltado por algún delincuente.
En pocas palabras el sistema actual es catalogado por la mayoría de
deficiente en cuanto a los términos de servicio y de seguridad. Sin
olvidarse, de la enorme contaminación que ocasionan algunas unidades
que circulan en mal estado.

Hoy en día quienes utilizan los medios de transporte públicos es
simplemente porque no tienen a su alcance algún otro medio para
desplazarse. Ahora ¿por qué es necesario que un país cuente con un
sistema de transporte público seguro, eficiente y a un precio
razonable? Resulta que el transporte influye de forma significativa en
la economía, la sociedad y el medio ambiente. Además, las tarifas y
subsidios tienen implicaciones económicas y políticas en el desarrollo
nacional. Es evidente que si se desea contar con un buen sistema de
transporte público, las tarifas deberían de readecuarse, pues esta es
la única manera de alentar a la inversión privada en este sector para
aumentar no sólo la calidad, sino también la cantidad de unidades
disponibles. También debería de establecerse un ente regulador que se
tome en serio el tema de la regulación de la calidad del transporte
público. De esta manera, se estaría satisfaciendo las necesidades de
las diferentes partes involucradas.

Esto, sólo se podrá lograr cuando los planes para el transporte
público formen parte de las visiones a largo plazo del gobierno dentro
de un modelo integrado de transporte público sostenible, coherente con
otras políticas y apoyado por todos los ciudadanos; pues viajar con
seguridad y eficiencia es una de las principales preocupaciones de la
población, de todas las edades y clases sociales.

Hablar de un país con un sistema de transporte público de calidad,
será equivalente a contar con un sistema cómodo, accesible y seguro
para toda la población. Por ello, el gobierno no debe de escatimar
recursos en la búsqueda de alternativas que permitan un desarrollo
óptimo del transporte público y que el mismo sea una solución
permanente para que las próximas generaciones no tengan que pasar por
lo mismo que estamos pasando el día de hoy, o una situación aún peor.

La finalidad del transporte público colectivo de pasajeros es
facilitar la movilidad de todos los ciudadanos. El compromiso de las
administraciones en la tutela del transporte es garantizar servicios
adecuados a la demanda, de forma que no exista discriminación en
términos sociales, geográficos ni personales, y con una dotación de
recursos públicos que tienda a estabilizarse a medio plazo, gracias a
un aumento del pasaje que rentabilice el sistema y a un control
cuidadoso de los gastos de operación.

La sociedad se sensibiliza cada vez más respecto al uso racional de
los bienes comunes y a su preservación para las futuras generaciones.
Al mismo tiempo, se muestra cada vez más crítica frente a las
incomodidades que en la generación actual ocasiona el uso
indiscriminado del automóvil: ruido, humos, tiempo perdido en atascos,
siniestralidad, agresividad del medio, etc. Pero también adopta un
conjunto de comportamientos, como pueden ser la residencia en
urbanizaciones apartadas de los núcleos urbanos o el uso del tiempo
libre, que potencian la movilidad en auto privado.

A estos ciudadanos nos se les puede pedir que renuncien al uso del
auto en beneficio del bien común. El objetivo de las administraciones
debería ser conseguir una alternativa real al auto y que, en el
balance de prestaciones de un medio y otro, el usuario se decante
progresivamente, en determinados desplazamientos (generalmente
vinculados a la movilidad obligada), por el uso del transporte
público. Este balance sólo podrá ser favorable al transporte público
si sus servicios lo hacen competitivo frente al automóvil no sólo en
términos de costo económico, sino también de tiempo, comodidad,
seguridad y fiabilidad, en definitiva, de percepción de la calidad de
la oferta del sistema.

La competitividad del transporte público respecto al automóvil se
consigue básicamente mediante un buen diseño de la red de transporte y
de una prestación del servicio plenamente satisfactoria. El diseño de
la red debería garantizar la accesibilidad y la disponibilidad para
los ciudadanos: distancia de casa a la parada o estación, amplitud de
horarios, frecuencia de paso del servicio, comodidad en la obtención
de pasajes, información.

La misión de las autoridades de transporte es planificar los
servicios y asegurar la prestación adecuada por parte de las empresas
operadoras. Para garantizar la calidad de su servicio, estas empresas
requieren una política de calidad, reflejada en un sistema de gestión
centrado en el cumplimiento y revisión de los procedimientos que se
hayan definido sobre la base de la satisfacción de las expectativas de
los clientes, todo ellos mediante el compromiso de todo el personal en
su consecución.

Desde mi punto de vista, la descentralización de las actividades al
ámbito de los barrios o municipios vecinos, de tal manera de poder
realizar el mayor número de acciones ciudadanas como trabajar,
estudiar, comprar, divertirse, gestionar, etc. en esos polos, sería
una de las maneras de contribuir al mejoramiento de la calidad del
transporte público. La zona de Panamericana y General Paz ya se ha
convertido en un polo; Vicente López es otro polo; La Matanza también
lo está siendo.
Por otro lado, es imperioso reducir los conflictos entre modos de
transporte, mediante la eliminación de los pasos a nivel entre la red
ferroviaria y la red vial principal, por sobre elevación o
soterramiento de las vías o de las calles y avenidas.

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