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Principales definiciones de Comunicación
y nuevas miradas a partir del avance de la tecnología


¿Qué es la Comunicación?

Introducción

Resumen de las Principales Definiciones de Comunicación

Vamos a sumergirnos en el fascinante mundo de la comunicación, un concepto clave para entender cómo interactuamos. ¿qué hace que una definición de comunicación sea "destacada"? Aquí tienes una introducción y cinco definiciones clave, con citas, presentadas de forma clara y con un toque que invite a la reflexión.

1. Aristóteles
Definición: "La comunicación es la búsqueda de todos los medios de persuasión que tenemos a nuestro alcance."

Explicación: Aristóteles fundamenta la comunicación en la Retórica como un saber práctico (phronesis), no como una ciencia exacta. Su conocimiento se construye desde la experiencia del orador, quien observa y sistematiza los métodos para influir. La verdad de la comunicación, para él, no es universal, sino contextual, dependiendo de la relación entre emisor, receptor y situación. La persuasión se valida a través de tres pilares: logos (razón), pathos (emoción) y ethos (credibilidad), que son categorías derivadas de la observación empírica. Este enfoque asume que el conocimiento comunicativo es activo, intencional y orientado al cambio en el receptor. La epistemología aristotélica privilegia la práctica sobre la teoría pura, haciendo de la retórica un arte dinámico. Nos reta a cuestionar: ¿cómo sabemos que un discurso persuade? La respuesta está en el efecto observable, no en una verdad absoluta. Su método es inductivo, basado en la experiencia de lo que funciona. Esto lo hace pragmático, pero limitado por su dependencia del contexto.

2. Claude Shannon y Warren Weaver

Definición: "La comunicación es un proceso que implica seleccionar y transmitir señales en un canal para influir en el comportamiento del receptor."

Explicación: La epistemología de Shannon y Weaver se ancla en el positivismo lógico, buscando un conocimiento objetivo y medible de la comunicación. Su modelo, surgido en 1948, reduce la comunicación a un sistema técnico: emisor, mensaje, canal, receptor y ruido. El conocimiento se genera a través de la observación de señales físicas, cuantificables, como en la ingeniería. La verdad, para ellos, radica en la eficiencia de la transmisión, no en el significado subjetivo del mensaje. Asumen que la comunicación es un proceso lineal, donde el ruido es una variable controlable. Esta perspectiva positivista excluye la interpretación humana, limitando su alcance a lo técnico. Epistemológicamente, su método es deductivo, partiendo de principios matemáticos para explicar fenómenos. Nos desafía a pensar: ¿es la comunicación solo una transferencia de datos? Su enfoque es riguroso, pero ignora la complejidad semántica y cultural. Su validez depende de la precisión técnica, no de la intención humana.

3. Harold Lasswell

Definición: "La comunicación es: ¿Quién dice qué, en qué canal, a quién y con qué efecto?"

Explicación: La epistemología de Lasswell, propuesta en 1948, se basa en un enfoque analítico y funcionalista, propio de las ciencias sociales. Su modelo descompone la comunicación en cinco preguntas para generar conocimiento sobre su estructura y propósito. La verdad se construye al observar cada componente (emisor, mensaje, canal, receptor, efecto) y sus interacciones. Este enfoque asume que la comunicación es un proceso social con un fin: influir en el comportamiento. Epistemológicamente, combina observación empírica con análisis sistemático, buscando patrones universales. La validez de su modelo radica en su capacidad para aplicarse a cualquier acto comunicativo. Nos empuja a preguntarnos: ¿cómo medimos el "efecto" de la comunicación? Su método es inductivo, pero su simplicidad puede pasar por alto matices culturales o psicológicos. Aun así, su enfoque pragmático permite un conocimiento práctico y aplicable. Es un marco que prioriza la función sobre la esencia profunda.

4. Stephen Robbins y Mary Coulter


Definición: "La comunicación es la transferencia y la comprensión de significados."

Explicación: Epistemológicamente, Robbins y Coulter adoptan una postura interpretativa, centrada en el significado compartido como base del conocimiento comunicativo. Su definición, desde la gestión, asume que la comunicación solo es válida si el receptor comprende el mensaje, lo que implica un proceso bidireccional. La verdad no está en el mensaje enviado, sino en la interpretación recibida, lo que introduce una dimensión subjetiva. Su enfoque se basa en la observación de interacciones humanas, especialmente en contextos organizacionales. Epistemológicamente, combinan empirismo (observar resultados) con un toque hermenéutico (interpretar significados). Nos desafían a reflexionar: ¿quién define la "comprensión" correcta? Su método es práctico, pero depende de la subjetividad del receptor, lo que puede generar ambigüedad. La validez de su conocimiento se mide por el éxito de la interacción, no por una verdad absoluta. Es un enfoque que privilegia la experiencia humana sobre la precisión técnica. Nos invita a considerar la comunicación como un acto de co-construcción.

5. Natalia Martini

Definición: “La comunicación es la construcción de sentido entre actores, a través de códigos contextuales y canales que no solo transmiten, sino que también modelan el mensaje. La comunicación funda sentido, organiza la existencia y sostiene el tejido de la conciencia.

(Martini, Natalia. 2025).

La comunicación es un proceso activo de intercambio de mensajes entre un emisor y uno o varios receptores. Cada mensaje se decodifica en función del sistema de signos compartidos (el código) y del entorno en el que ocurre (el contexto), lo que permite la construcción de sentido.

Este intercambio activa mecanismos de retroalimentación, esenciales para ajustar, validar o transformar el mensaje. En este proceso, el canal —tradicionalmente definido como el medio físico o simbólico por el cual se transmite el mensaje— ha evolucionado sustancialmente. Hoy, en entornos mediados por sistemas digitales e inteligencia artificial, el canal no solo transporta: selecciona, jerarquiza y a veces interviene.

Los algoritmos operan como filtros semánticos dentro del canal, condicionando qué mensajes circulan, con qué prioridad, y hacia quiénes. En este nuevo escenario, el canal deja de ser neutro y se convierte en parte del sistema de construcción de sentido.

Comunicar es un proceso simbólico, dinámico y evolutivo; es el arte de habitar el espacio entre lo que somos y lo que compartimos. Lejos de ser una transmisión lineal, comunicar es ese cruce que configura vínculos, estructuras y experiencias compartidas. No se reduce a la mera transmisión de mensajes: es el tejido mismo de la conciencia, el entramado que posibilita generar sentido, a partir del cual las sociedades se organizan y la cultura adquiere forma." (Natalia Martini. 2025)

En su artículo "Nueva Definición de Comunicación", Martini añade un análisis profundo sobre el canal y el ruido.

Del canal neutro al canal condicionante

Una mutación silenciosa en el corazón de la comunicación


Durante siglos, el canal fue considerado un elemento pasivo y neutro: un medio técnico que simplemente transportaba un mensaje desde el emisor hacia el receptor. Ya fuera el aire, la tinta sobre papel, las ondas hertzianas o un cable de cobre, el canal no interfería en el contenido, no opinaba, no decidía.

Con la irrupción de la era digital y, más profundamente, con la incorporación de la inteligencia artificial, esa neutralidad se desmoronó. Hoy, los canales digitales ya no se limitan a transmitir: filtran, organizan, jerarquizan, personalizan y, en algunos casos, crean contenido. Esto ocurre a través de algoritmos, que operan dentro del canal como sistemas de decisión automática. De esta forma, el canal se transforma en un actor activo, que modula el mensaje, condiciona la visibilidad de ciertas informaciones y afecta la retroalimentación. Ya no podemos hablar de un canal meramente técnico: hoy es un espacio de codiseño del sentido. Y con ello, se vuelve parte del entramado semántico.

Esta evolución conceptual permite distinguir dos dimensiones del canal. En un primer nivel, lo concebimos como canal semiótico: un medio que porta signos y construye sentido desde su estructura misma. Sin embargo, en el contexto actual, este canal semiótico asume un nuevo rol: se transforma en canal condicionante. No solo transporta el mensaje, sino que lo jerarquiza, lo filtra y lo direcciona. Es en esa transformación donde el canal deja de ser transparente y se vuelve actor del proceso comunicacional.

El canal ya no es una autopista vacía.

Es una infraestructura inteligente que decide qué autos pueden circular, a qué velocidad y en qué dirección. Esta mutación exige nuevas definiciones. Porque si el canal participa activamente en la producción del sentido, entonces comunicar ya no es solo enviar y recibir: es navegar un entorno intervenido, que también responde, selecciona y prioriza. Hoy el canal ya no es un mero trayecto. Es parte activa del proceso comunicacional.

• Selección Algorítmica: El canal selecciona, prioriza o invisibiliza contenido. Plataformas como redes sociales, motores de búsqueda y asistentes inteligentes actúan como filtros que afectan qué mensajes llegan y cuáles quedan silenciados.

• Reconfiguración del mensaje: El canal puede transformar el contenido durante la transmisión. Un ejemplo: sistemas de compresión, formatos predefinidos, limitaciones de caracteres o traducciones automáticas.

• Emisión activa: Las interfaces de IA no solo retransmiten, sino que generan nuevos mensajes. En este nuevo escenario, el canal puede crear y no solo transportar.

• Modulación del sentido: La forma en que un canal presenta el mensaje (estética, visualidad, velocidad de entrega) influye directamente en la percepción del receptor.

• Canal como agente semiótico: En entornos digitales, los canales ya no son simples soportes técnicos, sino configuraciones culturales con lógica propia. Plataformas como TikTok, Twitter, etc funcionan como lenguajes en sí mismos, al establecer formatos, estilos comunicativos y normas implícitas que modelan lo que se dice y cómo se interpreta.

¿Qué es un canal semiótico?

Es un medio que no solo transmite mensajes, sino que también participa activamente en la interpretación y modulación de signos, contribuyendo a la "fusión semántica" del sentido. Desde la semiótica, el canal semiótico procesa o depende de sistemas de signos (códigos) y contextos para generar significado, más allá de ser un simple conducto físico como ondas o cables. En entornos digitales, los canales como buscadores o redes sociales, usan algoritmos para analizar signos (palabras, imágenes, hashtags) y priorizar contenido, afectando cómo se construye el sentido.

Ejemplos

Buscadores El canal semiótico se manifiesta en cómo el algoritmo procesa los signos de una consulta (por ejemplo, las palabras clave "cambio climático"). Cuando un usuario ingresa esta búsqueda, el algoritmo analiza los signos (términos, sinónimos, contexto lingüístico) y los combina con datos del usuario (ubicación, historial) para seleccionar y ordenar resultados relevantes. Este proceso no es solo técnico: el canal interpreta los signos para decidir qué artículos, imágenes o videos son más pertinentes, modulando el sentido que recibe el usuario. Por ejemplo, si el buscador prioriza un artículo científico sobre un blog sensacionalista, está participando en la "fusión semántica" al moldear qué significados sobre el cambio climático llegan al receptor. Esto hace que el buscador sea un canal semiótico, ya que no solo transporta información, sino que la filtra y organiza según un sistema de signos.

En una red social, el canal semiótico se observa en cómo los algoritmos curan el contenido que aparece en el feed de un usuario. Por ejemplo, si un usuario publica un mensaje con el hashtag #JusticiaSocial, el algoritmo analiza este signo (el hashtag) junto con otros (palabras, emojis, interacciones previas) y decide si amplifica el mensaje, lo muestra a ciertos usuarios o lo relega. Este proceso semiótico implica interpretar el significado del hashtag y el contexto (por ejemplo, tendencias culturales o preferencias del usuario) para determinar la visibilidad del mensaje. Así, la plataforma no solo transmite el post, sino que modula el sentido al priorizar ciertos contenidos, contribuyendo a la "fusión semántica" entre emisor, receptor y canal.

El Ruido

El ruido es cualquier interferencia que distorsiona, bloquea o contamina el mensaje durante su transmisión. En la era de los algoritmos, el ruido no desaparece, sino que se redefine:

• El filtrado algorítmico no siempre es neutro.

• Aparece un nuevo tipo de distorsión: el ruido de perfilado, donde lo que se muestra (y lo que se oculta) depende de interpretaciones probabilísticas sobre el usuario.

• Este filtro puede alterar la percepción del mensaje incluso antes de que llegue al receptor.

Por ejemplo, en una plataforma de comercio electrónico, el ruido de perfilado ocurre cuando el algoritmo, basándose en el historial de búsquedas y compras del usuario, prioriza productos específicos. Si un usuario busca “zapatillas” y previamente ha comprado artículos de bajo costo, el algoritmo puede mostrar principalmente zapatillas económicas, ocultando opciones de mayor calidad o precio, distorsionando así el sentido del mensaje original (la intención del usuario de explorar todas las opciones disponibles).

Otro caso se observa en los motores de búsqueda, cuando un usuario busca “cambio climático”, el algoritmo utiliza datos del usuario (ubicación, búsquedas previas) para personalizar los resultados. Esto puede generar ruido de perfilado si, por ejemplo, un usuario con historial de búsquedas sobre negacionismo climático recibe artículos que refuerzan esa postura en lugar de información científica, alterando el sentido que el emisor original (ej., un científico) pretendía transmitir. Estas distorsiones algorítmicas, propias del ruido de perfilado, afectan la construcción de sentido al condicionar qué mensajes llegan al receptor y cómo se interpretan, evidenciando el rol activo del canal en la fusión semántica.

Ya no hablamos solo de un medio que transmite mensajes, sino de un entorno en transformación permanente, donde tecnología y conciencia colectiva se entrelazan. En este nuevo paisaje, lo que está en juego no es solo el mensaje: es la forma en que lo compartimos, lo fusionamos semióticamente y lo resignificamos. Mi definición plantea la comunicación como "un proceso semiótico, dinámico y evolutivo; el arte de habitar el espacio entre lo que somos y lo que compartimos".

Lejos de ser una transmisión lineal, es "el tejido de la conciencia, el entramado que posibilita generar sentido, a partir del cual las sociedades se organizan y la cultura adquiere forma". Esta propuesta introduce tres innovaciones clave:

1. Intercambio activo y retroalimentación: La comunicación es un proceso bidireccional donde los bucles de retroalimentación ajustan y transforman los mensajes, alineándose con principios cibernéticos.*

2. El canal: Los canales digitales, impulsados por algoritmos, seleccionan, priorizan y reconfiguran contenido. "El canal ya no es una autopista vacía; es una infraestructura inteligente que decide qué circula, a qué velocidad y en qué dirección".

3. Ruido redefinido: El ruido incluye distorsiones algorítmicas, como el "ruido de perfilado", donde los datos del usuario determinan la visibilidad de los mensajes.

Explicación:

Esta definición de Martini se ancla en una perspectiva constructivista, donde el conocimiento comunicativo surge de la interacción dinámica entre emisor, receptor, código y contexto. La verdad no está en el mensaje en sí, sino en el sentido co-construido, validado por la retroalimentación, lo que implica un proceso intersubjetivo. Su enfoque asume que la comunicación es un fenómeno simbólico, no solo técnico, y que el conocimiento sobre ella se deriva de observar cómo los signos y contextos generan significado.

La inclusión de canales digitales y algoritmos como agentes activos introduce una epistemología crítica, que cuestiona la neutralidad de los medios y sugiere que la tecnología moldea la verdad comunicativa. Este planteo combina elementos hermenéuticos (interpretación del sentido) con un análisis estructural de los sistemas digitales. Nos desafía a preguntarnos: ¿quién controla el sentido cuando el canal interviene?

Su validez radica en su capacidad para explicar la comunicación como un proceso evolutivo y relacional. Sin embargo, su amplitud conceptual puede dificultar la medición empírica del "sentido". Nos invita a reflexionar: si la comunicación es el tejido de la conciencia, ¿cómo sabemos cuándo el sentido es auténtico o manipulado?

Novedades de la definición

Martini aporta varias ideas innovadoras que la distinguen de definiciones clásicas (como las de Shannon-Weaver o Lasswell). Vamos a desglosarlas:

El canal como actor activo: Tradicionalmente, el canal (por ejemplo, un teléfono o un medio escrito) se consideraba neutral, un simple conducto para el mensaje. Martini redefine el canal como un componente dinámico que, en entornos digitales, selecciona y prioriza mensajes mediante algoritmos. Por ejemplo, en una red social o una red de IA, los algoritmos deciden qué mensajes llegan primero o a quiénes, afectando la construcción de sentido.

Algoritmos como filtros semánticos: La idea de que los algoritmos actúan como "filtros semánticos" es novedosa. En lugar de solo transmitir datos, los algoritmos interpretan, clasifican y modifican el flujo de información, lo que introduce una capa de complejidad en la comunicación.

Comunicación como tejido de la conciencia: Martini eleva la comunicación a un nivel filosófico, describiéndola como el "entramado" que da forma a la conciencia, la sociedad y la cultura. Esta perspectiva trasciende la visión técnica (por ejemplo, la de Shannon-Weaver) y conecta con teorías sociológicas y antropológicas, como las de Marshall McLuhan, que ven los medios como extensiones de la humanidad.

Énfasis en lo dinámico y evolutivo: Al calificar la comunicación como un proceso "simbólico, dinámico y evolutivo", Martini reconoce su adaptabilidad a nuevos contextos, como los entornos digitales y de IA.

Conclusión

Estas definiciones muestran que la comunicación es un proceso multifacético que combina transmisión, interacción, persuasión y comprensión. Desde la retórica clásica de Aristóteles hasta los modelos modernos de Shannon y Weaver y Natalia Martini, cada autor aporta una perspectiva única.

A lo largo de los siglos, fuimos creando códigos, medios, formas. El papiro, la imprenta, las ondas de radio, las pantallas... Cada etapa tradujo el mundo de una manera nueva. Pero en este presente, ya no hablamos solo entre humanos, sino también con sistemas que aprenden, responden y co-crean.

Y, sin embargo, lo esencial no cambió: seguimos buscando sentido. En cada palabra, en cada imagen, en cada silencio. Porque la verdadera comunicación no está en los medios, sino en el impulso que nos une. Y ese impulso, aún en esta era digital, sigue siendo profundamente humano.

Referencias

1. Aristóteles (2005). Retórica. Madrid: Alianza Editorial.

2. Shannon, C., & Weaver, W. (1949). The Mathematical Theory of Communication. Urbana: University of Illinois Press.

3. Lasswell, H. D. (1948). The Structure and Function of Communication in Society. En L. Bryson (Ed.), The Communication of Ideas. New York: Harper.

4. Robbins, S. P., & Coulter, M. (2018). Management (14th ed.). Boston: Pearson.

5. Martini, Natalia (2025). Definición de Comunicacion. Portal RRPPnet. https://www.rrppnet.com.ar/hiscomunicacion.htm


Por. Pablo Legizamon. Lic. en Cs de la Comunicación.

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